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Un infierno de cocaína, ambición, amor y muerte, gestó también al psicoanálisis

Herr Professor Dr. Sigmund Freud, padecía de tantos vicios y virtudes como la generalidad de los mortales. Como muy pocos, -algún Aristóteles, Sócrates, Einstein, Dalí, Chaplin, Picasso, Lacan y alguno más, portó un genio que asociado a su valentía para descifrar los mensajes de su inconsciente, le permitió descubrir el psicoanálisis y cercar a su propia neurosis. Descubrimiento que ligamos habitualmente, a cuando su paciente histérica le dijo: déjeme hablar. Freud calló, y se “redujo” a descifrar su relato.
Esto es cierto, pero insuficiente. Hay que agregar al haber de dicho momento fundacional, la atmósfera de la Viena de fines del siglo XIX y comienzos del XX, alimentada por las luces afiebradas y productivas de la Cultura Occidental de entonces. Recorrían sus calles y bares Nietzsche, Lou Andre Salomé, Rilke, Mahler, Freud, Breuer, Víctor Adler, Lenin y Trotsky exiliados, y muchos otros. Contradictoriamente con esa atmósfera, a Freud se le “burocratizaba” su matrimonio según los hábitos “victorianos”. Se había casado con una mujer de la que había estado enamorado intensamente. De ella ya no esperaba mucho más que la seguridad doméstica y una hija que no deseaba. No deseo que estuvo entre una de las razones que llevaría a dicha hija a transformarse en su analizada. Y por reacción y como pago de deuda (claro que del padre, aunque ella no lo supiera) en su última discípula distinguida. Distinción que pagó, apoyándose en algunos elementos ectópicos y menores de la teorización de su padre. Lo hizo de tal modo, que a la vez que los desplegaba hasta escribir uno de los mejores libros sobre ellos, El yo y sus mecanismos de defensa[1], generó uno de los insumos básicos para subordinar el primer gran descubrimiento del Psicoanálisis, el Inconsciente, a la vieja noción filosófica, gramatical y psicológica de “yo”. Contribuyó así a una de las peores desviaciones de la práctica clínica que su padre había inventado.
Desde tiempos previos a esos dilemas y aconteceres en la vida de Freud[2] éste consumió cocaína. No se sabe a ciencia cierta hasta cuando lo hizo. Como preparado industrial extraído de las hojas de coca no llevaba mucho tiempo en el mercado y era poco lo que se conocía sobre sus efectos farmacológicos y tóxicos. Freud le relató en sus cartas a Marta Bernays (la que devendría su esposa de toda la vida), los efectos estimulantes que le producía. Tanto para la relación con ella como para trabajar y escribir. Lo entusiasmó el descubrimiento de dicho fármaco. Hombre no sólo de pensamiento, también de acción, se lanzó a buscarle efectos médicos benéficos. Intentó curar con él a su amigo Fleischl, de su adicción a la morfina. La idea era sencilla, suplantar un fármaco que estimulaba la abulia y el dormir, por otro que inducía taquipsiquia. Tiempo más tarde, en la década del 60 del siglo XX, la psiquiatría patrocinaría y algunos psiquiatras aún lo hacen, la utilización del Disulfiram con el fin de promover fuertísimas reacciones de tipo alérgico al alcohol. Reacciones que imposibilitan así, el consumo del tóxico mencionado a los alcoholistas crónicos. El efecto que suelen lograr es el desplazamiento de la adicción a alguna otra droga, muchas veces con peores efectos para la persona. En el momento de escribir estas notas recuerdo un brillante folklorista al que le combatieron su alcoholismo de esa manera. Efectivamente se le volvió imposible tomar alcohol. Entonces, desplazó su adicción a los barbitúricos hasta que una sobredosis lo mató. Lo mismo ocurrió con Fleischl que desplazó su antigua adicción a la morfina hacia la cocaína, conocida por boca de Freud. Fleischl murió adicto a esta última. El Inconsciente de Freud cargó con esa muerte llevándola como acusaciones de su Superyo durante largo tiempo, como lo testimonió el sueño de “La inyección de Irma”. Pero no es difícil que ese trágico incidente haya sido otra de las razones que empujó a Freud a insistir en el tratamiento por la palabra, descreyendo de los pocos fármacos que asomaban entonces: té de Tilo, Hidrato de Cloral, Láudano de Sydenhain. Pero no terminó ahí su historia con la cocaína. En ella depositó también expectativas para acceder al dinero y la fama. Investigó febrilmente sus propiedades anestésicas y estuvo cercano a presentarlo para tales fines en las cirugías de ojos. Pero como diría Fito Páez, “el amor es más fuerte” y ante una oportunidad para ir a visitar a su amada Marta, postergó el final de la investigación. Cuando volvió de la lejana visita, el Dr. Koeller se le había adelantado haciéndose dueño no sólo de la fama, sino también de los jugosos dividendos por los derechos de propiedad industrial. Es algo que don Sigmund no olvidaría y recriminaría a su amada, hasta epistolarmente.
Finalmente, con respecto a aquel pasado, evidentemente Freud, que fue consumidor y en algunos períodos probablemente fuerte de cocaína, no quedó adicto y pudo desprenderse de la misma. Su llegada, lúcido y ágil mentalmente a la edad avanzada en que murió, es prueba suficiente.
Pero hoy, más de cien años después de aquel febril, agraciado y desgraciado itinerario del maestro vienés con la cocaína, ¿qué podemos decir de la misma y de alguna otra conjetura que dicho recorrido nos inspire?.
Lo primero que salta a la vista es que las corporaciones que manipulan el mercado norteamericano, el mayor tanto de tránsito como de consumo de la misma, a través de los políticos que defienden sus intereses, la demonizan y hasta impulsan guerras como la de Colombia o matanzas como las de campesinos en Bolivia. Supuestamente con el fin de impedir su consumo a “jóvenes perdidos”. Pero es sabido que sus mayores consumidores por capacidad adquisitiva, por aceleración de ritmo de vida y por “vicio” nada más, son sus propios directivos, ejecutivos y empleados. Demonizarla la pone de moda. Fue la gran enseñanza que dejó la “ley seca” en las primeras décadas del siglo XX en Estados Unidos. En aquel entonces, la sangre asolaba también las calles de Chicago y de las principales ciudades norteamericanas. La legalización del alcohol no aumentó la cantidad de alcoholistas en dicho país, simplemente hizo que las mafias cambiaran de ramo. La sola prohibición de un narcótico, lo único que logra es estimular su consumo y hacer de la represión del mismo, un gran negocio de los que la producen y la distribuyen y de los que organizan su represión.
Es interesante también, observar como prende más el consumo de ciertos tóxicos que de otros, según el imaginario de época. La marea anticonsumista, ecologista y hippie de los años sesenta, asentada en fantasías y sueños paradisíacos y humanistas, propulsaba el consumo de alucinógenos: marihuana, lisérgico, hongos. La marea de yuppies y demás subproductos de las bolsas de valores y de la hipomanía corporativo financiera, necesita sentirse “dura” y le mete a la “merca”. Los delincuentes de suburbio y la banditas de barrios pobres, “curten” los mismos semblantes y en consecuencia la misma porquería, claro que mucho más barata y en consecuencia degradada con mezclas diversas. Los 60/70 del siglo XX promovían ilusiones. Los comienzos del XXI, promueven a ritmo maníaco: agresividades, rivalidades y afanes de dominio. Advenidos los fracasos: depresiones, histerias y anomias anarquizantes. ¡Finales del menemismo dixit!. No porque sí, el DSM IV rebautizó a la psicosis maníaco depresiva con un nombre más elegante y acorde a la época: “bipolaridad”. Antes comunismo/capitalismo, ahora “joven” Norteamérica con sus virreyes ingleses en Europa vs. “vieja” Europa. Siempre tiene que haber un “otro” siniestro, aunque momentáneamente sea revestido con las caras de fundamentalistas musulmanes de mirada fiera, homicidas/suicidas cargados de bombas, o de cubanos de verba y barba inflamada, o norcoreanos atómicamente amenazantes. Los tóxicos inductores de ensueños y alucinaciones ya no son funcionales. Sí lo son: la Cocaína, las anfetaminas, el Éxtasis y otras varias, que estimulan a gastar energías locamente hasta que el agotamiento voltee al cuerpo. ¡Gocen: ejecutivos, gerentes, directores, presidentes! Que el Dios oscuro del gran capital se alimenta con fruición de vuestras carnes excitadas. ¡Vayan preparando a sus hijos en los tours por las megadiscos, para que a golpe de agua mineral y de Éxtasis adquieran la creencia que el cuerpo no se gasta y que la muerte sólo le ocurre a los pobres y a los que tienen la desgracia de ser capturados por algún “secuestro express” o asalto fallido.
Pero... el alerta ante los fármacos ¿es lo único que podemos aprender de la experiencia de este siglo que pasó y de los albores del que se inicia?
¿La idea de Freud de ofrecerle Cocaína a su amigo Fleischl para tratar de apartarlo de la morfina era absolutamente tonta?. Hay varios países en los cuales el estado provee gratuitamente de drogas sustitutas a adictos a otras más agresivas, para facilitarles ir desprendiéndose de ellas. A veces incluso, aminorando las dosis de las que consumen, para sortear el síndrome de abstinencia en los tratamientos de desintoxicación. Claro que nada de esto resulta sustentable (palabra de moda en la dirigencia política internacional) si tratamientos por la palabra no acompañan el emprendimiento. Y cuando digo tratamientos por la palabra no me refiero sólo al psicoanálisis. Desde los grupos de Narcóticos anónimos, tratamientos de familia y/o de pareja, pasando por hospitales de día y sus diferentes dispositivos hasta el psicoanálisis, son muchas las rutas que se pueden recorrer sin contradicciones. Claro que es necesario observar a todas ellas y muchas veces supervisarlas, desde el psicoanálisis. Lo mismo debe hacerse también, con los tratamientos psicofarmacológicos de diferente orden.
Las últimas investigaciones de algunos neurocientíficos[3] generan mejores condiciones de posibilidad para efectivizar uno de los primeros sueños[4] del Dr. Freud en los tiempos que consumía cocaína. Soñó con encontrar en las neuronas del sistema nervioso central, las localizaciones de los efectos de lo percibido y su transformación en recuerdos que sólo podían recordarse en circunstancias muy particulares (levantada la represión). O no ser recordado nunca, pero no por eso no producir consecuencias. Lo percibido como presencia y lo percibido como ausencia. O sea lo que genera diferencias de tensión que se vehiculizan a través de las pulsiones que pueden ser satisfechas transitoriamente. Y que toman la forma de deseos inconscientes imposibles de satisfacer, pero realizables parcialmente en los fantasmas que los sostienen. Escenas soñadas en ese sueño, fueron “hechas realidad” más de cincuenta años después. Otras lo están siendo en esta última década. Lo que se está encontrando es cómo y dónde, se asientan los efectos del significante (en el sentido psicoanalítico) y de lo simbólico en general en el ser parlante. Estos descubrimientos abren nuevas rutas para la colaboración entre psicoanálisis, neurobiología y genética, para llevar adelante nuevas investigaciones que pueden producir cambios fundamentales en el tratamiento de las psicosis, aportándole mucha mayor eficacia. Podrían tornarse ubicables y abordables con otras técnicas y ya no sólo por la palabra, residencias emisoras de alucinaciones en las neuronas.
La vida nos enseña nuevamente, que el infierno puede alumbrar ángeles. Para lo cual hace falta el coraje de uno de sus principales habitantes, Herr Professor: Sigmund Freud



[1] Me refiero al clásico libro de Ana Freud
[2] Reconocidos en la mejores biografías de Freud vg. la de Emilio Rodrigué y en el análisis del sueño de “La inyección de Irma”
[3] Ver mis artículos en http://www.psyche-navegante.com/ Nº 57 ¿Por qué siempre hay lugar para el postre? o en Página 12 (jueves 25 de setiembre del 2003) Acerca de un lugar para el postre
[4] Sueño que se llamó: Proyecto de psicología para neurólogos.

Terrorismo

El terrorismo desnudo y su otro, también al desnudo
Un fantasma recorre el mundo: el del terrorismo[1]. A veces más que un fantasma es la acumulación de miles de muertos en un sólo golpe. El Acontecimiento paradigmático fue la destrucción de las dos torres del World Trade Center el 11 de septiembre del 2001, con la pérdida de más de 3.000 vidas humanas. Sirvió de velo a los miles de muertos que cayeron bajo el poder de las bombas de la “coalición” principalmente anglo norteamericana, invadiendo a un país pobre como Afganistán. Pobre y bajo el poder hasta ese momento, de ejércitos privados en guerra entre sí, que se disputaban el monopolio y la exportación de amapolas, tan bella flor... transformadas en drogas diversas. Guerra que no ha cesado, aunque las corporaciones que tienen el poder sobre los medios masivos de comunicación nos informen sobre ella a cuentagotas, y particularmente cuando algún marine es el muerto... y así sigue el planeta. No es este el lugar, ni el mío el oficio, para enumerar la innumerable cadena de actos terroristas llevados a cabo por los estados más poderosos del occidente claramente capitalista y por las sectas más sanguinarias de un fundamentalismo religioso (islámico) y no por eso menos capitalistas. Es sabido el poder económico de la familia Bin Laden y de muchos sultanes que más o menos encubiertamente los alimentan. Debido a este cuadro de situación, me parece oportuno recurrir al Diccionario de la Real Academia Española que sobre la palabra terrorismo dice: 1. m. Dominación por el terror. 2. Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror.
La etimología[2] proviene de tierra, Aterrar: 1220/50 primero tuvo la acepción de derribar, luego abatir consternar, y sólo desde 1570 ‘aterrorizar’ por influjo tardío de terror; aterrado. Conterráneo 1490, o coterráneo. Desterrar 1220-50; destierro, 1495. Enterrar 1220/50; enterrador 1495; entierro, 1605 (antes enterramiento, 1220-50); desenterrar, 1495. Soterrar, 1220-50. Subterráneo. Aterrizar, del fr. aterrir íd. (conjugado aterrissons, aterrissait, etc.); aterrizaje.
Deriv. Terrado. 2 mitad S. XIII. Terraguero. Terral. Terrazgo, S XIII. Terrazo h. 1260; terrazuela, 1335. Terrear. Terregoso, 1495. Terreno 1220-50, lat. Terrenus ‘terenal’; terrenal, h. 1250. Térreo, tom. Del lat. Terrus. Terrero, 1124. terretre, h. 1440, lat. Terrestris, íd. Territorio, 1220-50, lat. Territorium íd.; territorial. Terrón, 1335; desterronar. Terroso. Terruño, 1495. Terraza, 1611.
En verdad su esencia provenía de una práctica que aún no ha cesado en muchos lugares del mundo, enterrar vivos. El sello del poderoso terrorismo de estado argentino del 76 al 83 fue, en vez de enterrar vivos, lanzar vivos desde aviones al mar.

La dominación por el terror es básicamente perversión
La base del terrorismo está en la perversión básica de la humanidad: el masoquismo[3]. El masoquista, busca hacerse objeto del deseo del otro a través de ofertarse masoquísticamente a que se haga con él, lo que el otro quiera. Desde esa posición dirige la escena. Es por eso que Lacan la plantea como la perversión fundamental. Con respecto a dicha perversión propiamente dicha, puede resultar muy ilustrativo ver en la vieja película de Buñuel “Belle de jour” el fragmento del especialista de señoras en el burdel. En las neurosis, las parejas inconscientemente suelen intercambiar las posiciones del sádico y del masoquista. Es en las melancolías, fuera de las perversiones propiamente dichas, donde mejor se advierte como se ejerce como posición dominadora: el masoquismo. Sobre las melancolías Freud planteó: –la sombra del objeto perdido cayó sobre el yo. José Grandinetti agregó en 1990[4]: –la sombra del yo cayó sobre el sujeto-. Articulo ambos planteos, ya que observo que: - la sombra del objeto cayó sobre el yo y éste sobre el sujeto, deteniendo su deslizar debajo de los “cadenudos”[5]. Esa fijación del yo sobre el sujeto, hace que el melancólico tenga tanta dificultad para aceptar haber perdido lo ya perdido. Y agreguemos paradojalmente, y que nunca tuvo. Lo que si no afloja, lo fija narcisística y mortíferamente al tiempo de la pérdida y al deseo de lo no recibido del objeto perdido, mientras supuestamente estaba. El resultado es una posición masoquista, que lo acerca a dicha perversión. De todo esto deriva la viscosidad de la libido del melancólico y su retracción narcisista al propio cuerpo, a monofantasías y actos auto y hetero agresivos. A mí, es la entidad con la que me resulta más difícil trabajar. Trato con ellos de facilitarles advertir esa impotencia para dar por perdido lo perdido y que además, como dije antes, nunca lograron pero sí fantasearon poder llegar a tener. De lograrlo se abriría el espacio a un desplazamiento hacia otro objeto (entendido como posibilidad de poder).También trato de colaborar con ellos para ayudarlos a sustraerse de la posición de hacer de la parte, todo. Posición que los deja capturados en una lógica binaria que se transparenta en la alternación de las fases y/o en la fijación a una de ellas. Religarse, cumple muchas veces con esa función (iglesias, partidos, sindicatos, movimientos de adictos –alcohol, drogas, comida, juego, etc.) Pero al re-anudar sólo con imaginario no los retira de la lógica binaria típica de los movimientos de masa, de las “corporaciones artificiales de masa” y los mantiene en la esperanza de de hacer posible lo imposible. Distinto es cuando es en función de una producción propia. Sin embargo, les resulta muy difícil asirse a ellas, rápidamente tienden a desilusionarse de ellas como de los que fueron objetos importantes de su mito individual. Paradoja freudiana “Por un lado tiene que haber existido una enérgica fijación al objeto erótico; y por otro, en contradicción con la misma, una escasa energía de resistencia de la investidura de objeto”[6]. Temen recibir de sus propias producciones las mismas traiciones que los marcaron en la infancia. Son la exasperación del fantasma neurótico más habitual por forclusión de lo imposible: ligarse a alguien parecido a quien les falló, para hacerlo cumplir, lo que por supuesto no van a lograr y si lo logran, se desprenden de él para reiniciar la serie de repeticiones. El goce está instalado en buscar hacerse objeto del deseo del otro = al goce del masoquista, de ahí su vecindad. Para la interfase, tanto Freud como Melanie Klein hablaron de triunfo maníaco sobre el objeto. A mí me parece más bien, sobrecarga del yo por desesperación y retracción de la libido al “si mismo” por, durante esos episodios, pérdida radical de la esperanza en los otros y forclusión de lo imposible y de la impotencia.
Prototipos: un tipo materno independientemente de las etnias: La vulgarmente descripta como “la idishe mame” –suele ser una variante melancólica o melancoloide- La melancolía tiene una frontera en común con la perversión masoquística . El masoquista dirige el juego y coloca al sádico a su servicio. Es uno de los resultados de las melancolías. Los ideales míticos de los humanos son masoquistas: Jesucristo, El Pueblo Judío (El elegido), los islámicos fundamentalistas y sus mártires, el Che Guevara, Julius Fucick entre los comunistas, Pisar carbones encendidos entre los africanos, la abstinencia y culto del ascetismo. El Pueblo judío queda fundado a partir de su éxodo de Egipto y el rechazo de su filiación faraónica.
Toma diversas formas: Para ello opera lo simbólico, que da razones de su posición, aparentemente sádica y realmente masoquista.
Posición de Bush, Saddam y sus pueblos, son ejemplos gráficos y actuales.
1. De los que se resisten a ser dominados = dominar al dominador. Irakíes (Sunitas, Chiitas y Kurdos = Afganos)
2. De los que dominan. Mantener dominio sobre los dominados. Coalición anglo norteamericana y sus laderos
3. La búsqueda de dominar o darse a ser dominados es una constante en los humanos.
4. Exigida, porque no hay lazo social que funcione, sino es en referencia a un agente. Por eso mismo agencia dentro de los límites que la estructura del lazo social le condiciona. La ilusión del gran perverso es no aceptar límites. Entonces encuentra su muerte o la del otro. De ahí que los pequeños perversos dispongan ellos mismos los límites“El médico de señoras” en Bel de jour. Es la ilusión en la que caen. Los neuróticos, a regañadientes, los reconocemos.
5. Diferencias actuales, pero no sin historia: “Los hombres bombas”, por el amor de Alá. El cielo en pedazos: Las torres gemelas. Los subtes del infierno (Tokio gas Sarín, Londres) Las vías de la muerte: Atocha: Madrid. Los niños para la muerte: Beslan. El teatro de la muerte: Moscú – Putín (como si supiera español)
6. Historia: Los cristianos a los leones. Los disidentes científicos o de elección sexual y las histéricas y/o psicóticas a la hoguera en la inquisición. Los Kamikazes al servicio del Dios vivo que luego se rindió ignominiosamente ante las bombas atómicas, dando lugar a que centenares de oficiales imperiales en posición de loto se suicidaran ante el Palacio que habitaba Hiroito, luego protegido como sirviente Eisenhoiwer y sus muchachos.
7. La base: LA TIERRA: enterrados –vivos o muertos- desterrados. Y hasta expresión grosera para aludir a las violaciones, otra forma de terror y de quebrar etinias.
8. En el fondo del terror: desarraigar al otro, fuente de psicosis, de enajenación del Otro.
[1] A diferencia de 1850 cuando según Carlos Marx en su Manifiesto Comunista “Un fantasma recorría el mundo, el del comunismo”
[2] Diccionario etimológico de Corominas
[3] Lacan: Seminario de la Angustia
[4] Artículo en Psyche
[5] Cadenas de nudos borromeos anudados entre sí, mostrando los efectos real, imaginario y simbólico de la emisión significante.
[6] Duelo y Melancolía

Nosotros pasamos, no el tiempo

Las “sesiones breves”, se “naturalizaron” entre algunos psicoanalistas de origen lacaniano. Toman como referencia particularmente a Miller (Jacques Alain), a algunos de sus seguidores y de periféricos como Gerard Pommier. Se apoyan también en lo que varios pacientes de Lacan hicieron saber sobre el manejo del tiempo de las sesiones en sus últimos diez años de práctica. Lacan no publicó, que yo sepa, ningún escrito en defensa de estandardizar la brevedad de las sesiones.
Voy a imaginar un sueño repetitivo de Lacan. Volvía y volvía en el transcurso de su análisis con Löwenstein. Soñaba lo siguiente: “Estaba cómodamente reclinado en el diván y sorpresivamente el analista le interrumpía la sesión. El durmiente se despertaba angustiado, con la sensación de haber sido echado. Despierto, le venía el recuerdo de que ese día se había aburrido durante toda la sesión y había creído percibir un sentimiento parecido en su analista. Otras veces, por el contrario, le advenía el recuerdo que algo dicho a los pocos minutos de iniciada la misma había aparecido como una revelación tan impactante, que el resto del tiempo había sido, como si no hubiese existido. Cada vez que le contaba una de estas pesadillas a Löwenstein, éste le interpretaba la resistencia, o la rivalidad y el odio contra él. Dichas interpretaciones no le hacían mella y los sueños de angustia volvían y volvían. Mientras, Lacan afilaba sus lecturas de Freud, se encontraba con Las relaciones elementales de parentesco, de Levi Strauss, con Hegel y sus planteos sobre el deseo humano. Le costaba entender algo que había entrevisto, que manejar las sesiones según reloj no respondía a ninguna lógica que no fuera imaginaria. Un día concluyó: Ya que el inconsciente es atemporal y el ciframiento de sus formaciones es por aprês coup, las sesiones hay que manejarlas por una lógica que esté estrechamente ligada a estos descubrimientos freudianos. Experimentó con sus pacientes de más confianza y con los que estaba más seguro que disponían de una estructura R.S.I., capaz de soportar el experimento. El trabajo se tornó mucho más eficaz. Como contrapartida, sus colegas de la IPA lo estigmatizaban. No se horrorizó, peleó. A veces bien, a veces mal, pero no cedió. Los que si cedieron, fueron esos sueños repetitivos que Löwenstein no le había sabido interpretar”. “Si no e vero, e ben trovato”, ¿verdad?.
En los albores de su enseñanza publicó: “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma”. Desde entonces, insistió en que la certidumbre de interpretación, de desciframiento del Inconsciente, surge en tres tiempos que se producen en la relación entre analista y analizante: el instante de ver, el tiempo de comprender y el momento de concluir. Y prefirió ser expulsado de la Asociación Psicoanalítica Internacional, antes que dejar de observar y hacer operar el tiempo desde esa lógica. La experiencia transcurrida luego de ese artículo inicial, permite situar dicha lógica en relación a los tres registros en que se articula la experiencia humana: Imaginario, Simbólico, Real.
Dichos tiempos reformulan, precisándolas y dándoles posibilidad de ser utilizadas como herramientas, dos observaciones de Freud. La de la atemporalidad del Inconsciente, y la de la producción de sentido de sus formaciones por retrosignificación. La primera advirtió la substracción del Inconsciente del tiempo cronológico. La segunda, afincó dicha producción en dependencia del lenguaje y la lengua. Fue él quien advirtió que para que se produzca significación, hacen falta al menos dos escenas significantes, de las cuales la segunda va a significar a la primera. Y también que dicho significante es emitido desde quien queda constituido como Otro. Recuerde el lector, las dos escenas descriptas por Freud en el “Proyecto de Psicología para neurólogos” como necesarias para la constitución del síntoma.
El gran acierto de Lacan consistió en captar, después de apreciar el valor del aporte de Levi Strauss y de Charles S. Peirce a la lógica simbólica, la relación estrecha que había entre las teorías de Freud sobre las representaciones, la producción de sueños, síntomas y actos fallidos, con las elaboraciones de Saussure sobre: signo, significante, significado, significación. Su esquema de los tres tiempos para la lógica del acto, no hace más que atenerse, con el trasfondo de Strauss y Peirce, a esas elaboraciones conceptuales de Freud y de Saussure. De ahí su obstinación en defender su modo de manejar el tiempo de las sesiones. Se le transformó y con razón, en una cuestión de principios para el ejercicio de su práctica. Una interrupción de sesión en el momento acertado, produce la escansión, el corte necesario, la puntuación adecuada, para que ocurra la retrosignificación precisa de la enunciación emergida. Ese momento, a partir de una certidumbre anticipada, no puede renunciar a la función de la prisa. Dicho en criollo, “si por mucho madrugar no amanece más temprano” también es cierto “que buey lerdo bebe agua turbia”. Es importante no confundir esta función de la prisa, con estar apresurado. Esto le ocurre a los analistas breves. El tipo de intervención del analista, preconizada por Lacan, deja sin lugar a la producción de enunciados que velen, oscurezcan, lo que aquella enunciación metaforizó del sujeto del Inconsciente: su deseo. Corta el goce del significante (del hablar por pura satisfacción narcisista). Fenoménicamente, el resultado es advertible por el cambio de posición de dicho sujeto entre el comienzo de la sesión, copado por enunciados que distorsionan y velan sus deseos, y ese preciso instante en que la metáfora atraviesa la barrera resistencial indicando el momento de concluir. La interrupción, a través de la pérdida de la comprensión que aparentemente le daban los enunciados “armaditos”, lo lleva a volver a buscar una comprensión que se le escapa.
A partir de “esa base más estrecha, pero más segura[i]”, Lacan inicia un recorrido. En él, irá desbrozando las consecuencias de que la experiencia humana se vaya dimensionando entre los tres registros, sobre la base de la primacía del significante. Real, Simbólico e Imaginario son consecuencia de que “un significante es lo que representa un sujeto para otro significante”. Esta definición de significante a la que Lacan arriba avanzada su enseñanza (1964), diferencia al significante como concepto psicoanalítico, de las definiciones lingüísticas, dándole función precisa en su relación con el Inconsciente. Se diferencia así a la “lingüistería”[ii] de la lingüística, sin que eso signifique diferencias de valoración, sino de demarcación de territorios de saber. El cuarto nudo discernido sobre los finales de su investigación, no dejará de responder a la matriz significante lingüesteril.
El camino que venía recorriendo Lacan a partir de su discriminación de los tres registros en 1953, toma ese año 64 un derrotero fundamental a partir de que precisa -en lo que se ausenta sin necesariamente haber estado presente- la definición del objeto “a” como causa del deseo, y del “a” causando la división del sujeto por la castración (insuficiencia) del significante para recubrir lo real. Ese derrotero le permite discriminar, particularmente en “Encore” –1972- otra función del mismo, la de objeto de goce en lo que se presenta encarnado en el cuerpo y/o en los significantes. Tenemos entonces al “a” funcionando atrapado entre los tres registros: en lo imaginario - recubierto de vestiduras que encubren lo radical de su falta-, en lo real -siendo esa falta misma y en lo simbólico- tomando la función paradojal de representar valores imposibles de mensurar y desde los que, fallidamente, se intenta significar a lo real.
Llegado a ese punto, el manejo del tiempo en las sesiones deja de ser exclusivamente herramienta de puntuación y pasa también a formar parte de estrategias y tácticas para construir la apariencia adecuada del analista (“semblant”), para que resulte causante y soporte, del deseo de analizarse. También, en las circunstancias convenientes, obstáculo al goce del significante cuando éste se transforma en valla para el deseo de analizar. Definamos al deseo de analizar, no simplemente como el de ir a llevar quejas al analista o el de recibir pacientes en consulta. Sino como el más duro para el sujeto, ir a encontrarse con su ser real, con el deseo desconocido, con lo que los ideales fracasan en velar, con lo que genera la angustia. Para el psicoanalista ya no se trata sólo de saber puntuar, sino también manejar la presencia del analista como tal o como substracción, ausencia y por lógica, la resistencia más difícil, la de lo real soportada en lo no simbólico del Ello. Lo que se hace a través de silencios, de la duración de las sesiones, de la frecuencia y la regularidad o irregularidad de estas, como vestiduras de ese objeto que se escurre en presencia. Se puede preguntar ¿si lo real es incognoscible, cómo el analista puede apercibirse de su presencia?. Es incognoscible pero presenta indicios para abordarlo. Detectarlos, formará parte de la habilidad del analista para pasar al acto imprescindible, para facilitar que lo real vaya presentando elementos y formas escriturables. Poco de esto pueden hacer los analistas estandardizados, sigan “patterns” I.P.A (50’) o de analistas breves (10’).
Por otro lado los estándares dejan de lado una cuestión inalienable planteada por todos los grandes maestros del psicoanálisis. Cada paciente y cada sesión deben ser tomados según la singularidad con que se presentan. Lo mismo es aplicable al analista. En cada sesión y con cada paciente atravesará circunstancias particulares. Lo que surgirá entre ambos, y como cada uno se articule a eso que surja, dependerá de cómo estén situados en su articulación borromeica.
Toda esta riqueza, es la que se pierden los estándares, décimo o quincuagésimo minutados y es la que le hacen perder a sus: excesivamente pacientes.
Los breves, generan la ilusión de que hay analistas que atienden 10’ y cobran mucho menos que los que se rigen por la lógica de la estructura. O sea: la lógica que rige el tiempo del sujeto en cuestión, en cada única e irrepetible sesión, condicionando los límites horarios de la misma a ese seguimiento. Sin embargo cuando se llega al balance final, si se suma lo que pagaron los seis pacientes que atendieron en una hora los décimo minutados, cobraron mucho más que los que se responsabilizan en seguir la lógica inconsciente del analizante. A la vez, aquellos pacientes pagan mucho más, porque quedan tan marginados de su inconsciente, como lo estaban cuando eligieron al analista breve. Por eso mismo también, muchos analistas producidos por la brevedad, no pueden hacer otra cosa que “surfear” escasamente el Inconsciente de sus pacientes.
La de las sesiones breves es una tendencia que se ha identificado a los nuevos ideales de esta cultura: hacerle creer al cliente (al yo) que se hace lo que él quiere, para extraerle más plus de goce, plusvalía. Tal vez el lector esté pensando –“se equivocó Rodríguez, la plusvalía se le extrae al trabajador, no al cliente”. Lo que ocurre es que el capitalismo actual hace trabajar también al cliente. Es éste, o sea ustedes lectores, el peón que recorre las góndolas de los supermercados con los carritos, o que pierde horas trabajando para que las telefónicas o las tarjetas de créditos corrijan el ¿error? de factura, o haciendo cola y operando ante los cajeros automáticos para retirar dinero de los bancos, etc.... “Pero Rodríguez... igual se equivoca, ya Lacan nos decía que el análisis es el único lugar en el que paga el que trabaja”. Sí, pero era una referencia al analizante trabajando para sí, para reconocer la existencia y las producciones de su Inconsciente. En los análisis el analista también trabaja y sino, estafa a sus analizantes. En la tendencia que nos ocupa, como en el caso de los supermercados, el cliente trabaja para el patrón que le vende.
La identificación de algunos psicoanalistas al “todo por dos pesos”, los conduce a una degradación equivalente a la de la cultura “merchandising”.
Sergio Rodríguez 27 de agosto del 2004

[i] Ver Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis: Jacques Lacan
[ii] Así definió al territorio que demarca la relación la lengua con el Inconsciente, conduciendo a un corte epistemológico con la lingüística.

Actualización del Malestar en la Cultura

En dos textos fundamentales para analizar las dificultades que sufre el género humano, -“El malestar en la Cultura” y “Psicología de las masas y análisis del yo”-, Freud plantea dos paradojas que los seres parlantes deberíamos cuidar que no nos saquen del purgatorio para llevarnos al infierno. Ellas son: 1) que para vivir en sociedad se torna imprescindible reprimir deseos y rechazar o al menos limitar goces antisociales. Consiguientemente inhibir, o en el mejor de los casos sublimar, las pulsiones que los alimentan 2) que no hay institución artificial de masas que no se estructure por identificación a sus liderazgos e ideales. Los que pasan a funcionar como inductores de identificaciones entre los individuos de esa masa organizada. Masas no organizadas artificialmente, resultan sólo de situaciones de caos y estampidas extra-institucionales[1]. Utilicé ex profeso la palabra individuos, pues es observable que la organización de los seres parlantes a través de identificaciones, se soporta en una ficción que reniega la división de los sujetos. División inherente a la tensión entre el significante que representa a cada uno y el que desde otro lugar le da significación, así como entre su ser objeto de deseo y goce y su contingencia de ser sujeto, pero como puro efecto localizable sólo puntual y temporalmente después que lo fue. Razones por las que Freud no se ilusionó con el comunismo que creyó que subvirtiendo las relaciones de mando y la estructura económico social de la sociedad se iba a arribar a una sociedad de “productores libres”.
Un equívoco sostenido durante por lo menos un año, por Jorge Gestoso y Patricia Janiot, co-conductores en esa época del noticioso televisivo de CNN, calificaba de "catástrofes humanitarias" a genocidios ocurridos en algunas de las últimas guerras de los Balcanes y en lugares de África como Ruanda Burundi. Dichos equívocos trasmitieron anhelos pre conscientes y deseos inconscientes del liderazgo fundamentalista neoliberal y de las grandes corporaciones financieras y “golondrinas” a las que sirven[2]. Algo parecido ocurrió con el título del libro de Francis Fukuyama: El fin de la historia. Para el mundo que imaginan sus “futurólogos”, sobran 4.000 millones de personas. El capitalismo puede transformarse en el sepulturero de la historia de la especie humana, si su forma actual hegemonizada por grandes corporaciones financieras y capitales “golondrinas”, sigue comandando la “aldea global”.
La Argentina, medio oriente, el noroeste de América del Sur, son algunos ejemplos de vanguardia funeraria. Esto resulta efecto de que al entrelazarse los cambios cualitativos en informática, electrónica y telecomunicaciones con la imposición del discurso del capitalista,
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en báscula con la del universitario
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particularmente el de Harvard, se están rechazando represiones de deseos e inhibiciones de pulsiones predominantemente oral canibalísticas y anal sádicas, hasta un punto en que una catástrofe puede hacer desaparecer a una gran parte de la humanidad. Lo que traería resultados "humanitarios" para los que queden vivos y se aprovechen del desastre, según creen estúpidamente, las lumbreras del llamado “pensamiento único”[3].
Momentáneamente devinimos uno de los eslabones más débiles de la cadena de países que habitan la aldea global. Los llamados mercados (grandes bancos y fondos de inversión) huyen a la vez que presionan. Los gobiernos buscaron la obtención de créditos nuevos sin cuidarnos de las tasas a que nos fueron prestados. Ampliaron así la deuda hasta llevarnos a la imposibilidad de pagarla. Estos fueron los resultados de la entrada salvaje del discurso capitalista matematizado por Lacan en 1972 y citado por primera vez en la Argentina y tal vez en el mundo por Psyche Nº 22 de julio de 1988. Discurso que desliga a los amos de la relación directa con sus trabajadores. Ya estuvo el "Tequila", la crisis asiática, el "Vodka", el "Caipiriña", “nuestro” default. Hay serie. No son simples contingencias, "crisis cíclicas del capitalismo". Son como las erupciones volcánicas o los cambios climáticos del "efecto invernadero", remezones de una Civilización que ha encontrado su límite. Él radica en la estructura misma de la aldea global. Un síntoma, renovado tras el atentado genocida en Atocha (España): la perplejidad abarca a todos.
Hay dos fenómenos que arribaron para instalarse después de culminar en la década de 1990. Uno, consiste en el salto cualitativo que tras un proceso previo de acumulación se produjo en el campo científico con sus consecuencias tecnológicas. Salto que ha tomado progresión geométrica. Paralelamente culminó una tendencia según la cual el dinero, que en su surgimiento facilitó el comercio y atenuó los niveles de agresividad que el trueque conllevaba, se ha consolidado como "el significante que mata todas las significaciones"[4]. Consolidación favorecida por las desregulaciones que debilitaron los estados y sus posibilidades de control. La evidencian presiones descaradas de EE.UU y el FMI para que se deroguen leyes que le ponen tope a la delincuencia financiera y la subversión económica. Éstas, aprovechan la posibilidad de girar grandes capitales en tiempo real, por vía informática.
También pesaron en este contexto las posibilidades de acelerar el transporte de mercancías por vía marítima y aeronáutica, al facilitar la transferencia de industrias y empresas enteras de un país a otro. Lo que está ya afectando a la propia Norteamérica. La tradicional Levy’s inventora del jean[5], levantó sus fábricas fundadas en 1870 y las trasladó a países con mano de obra más barata dejando a 7.000 trabajadores en la calle. En estas novedades está la esencia de la globalización bajo dominio del capitalismo salvaje, marginado de la Cultura. El problema no reside en la ciencia, la tecnología ni la globalización, sino en el modo de apropiación y piloteo de las mismas.
Estas novedades prestan los instrumentos que facilitan, desligan a las corporaciones capitalistas de cualquier sujeción a los Estados Naciones y sus Fuerzas Armadas. Un click de computadora bancaria y/o fondo de inversión transfiere los capitales y resulta mucho más eficaz que cualquier unidad militar. Lo ocurrido con el dinero es lo más peligroso. Tomó decisivamente el centro de la escena matando toda significación, destruyendo cualquier imaginario que no lo tenga por eje. Naciones, oficios, solidaridades de cualquier tipo, límites morales, pasan al desván de las antigüedades. Se acentúa la ilusión de que el dinero tiene función productora.
El fetichismo de la mercancía elucidado por Carlos Marx, consiste en que la mercadería a través de su valor de uso, encubre su único valor, la fuerza humana de trabajo. Pero sus ideales igualitarios lo llevaron: 1) A desestimar la función imprescindible de los agentes en cualquier discurso que vincule socialmente para producir mercancías. 2) Que éstos en función amo reconocen como causa última "sólo la lucha a muerte por puro prestigio"[6]. 3) A subestimar la adhesividad a su goce “de seguridad” de los esclavos[7], 4) A sobre-estimar la capacidad de altruismo y solidaridad de las masas. La inexistencia en esa época del psicoanálisis, contribuyó a dichos errores. Éste a través de conceptualizar lo devenido de su práctica, pudo discernir los condicionantes simbólicos, imaginarios y reales de la "naturaleza" humana y sus consecuencias. El pasaje por los siglos XIX y XX dejó pruebas suficientes de que sin agente no hay discurso, vínculo social y producción. Y que la producción de mercancías exige, "para que las cosas funcionen", que en el lugar del agente se halle alguno de los significantes amo.
El ser social (su posición de goce) condiciona las modalidades de subjetivación. La mayoría de los que se hacen cargo de la función agente, desean cobrar lo que suponen que vale su riesgo y su intervención, imposibles de mensurar. Como consecuencia de esta imposibilidad de mensura, riesgo e intervención se tornan no evaluables.
El amo antiguo conocía personalmente a sus esclavos, casi convivía con ellos. Como lo representa Lacan con la falta de flecha horizontal superior en el discurso del capitalismo, la tecnología fracturó ese vínculo, facilitando la abolición de los sentimientos.
Las experiencias de estos siglos, dieron pruebas también, de que las masas prefieren la tranquilidad a la subversión; el sentirse "amparadas" en algún amo que las explote, que jugarse la vida por la libertad. Cuando minorías fuertes se jugaron (en las Revoluciones Francesa, Americana, Rusa, China, Vietnamita, Cubana) resultó qué, pasado el furor de los primeros tiempos, las mismas masas que los acompañaron volvieran a acomodarse bajo nuevos amos.
Sobre este telón de fondo los cambios tecnológicos han generado para los amos, la posibilidad de utilizar mano y cerebro de obra en mínimas y concentradas cantidades. Lo que les favorece condiciones, para rebajar los salarios y expulsar de la producción a quienes “sobren” o se resistan.
La resistencia de los trabajadores encontraba un sentido cuando existía un imaginario revolucionario y/o reformista que le daba perspectiva. Podían resistir, sin apostar todo al resultado inmediato. Una conquista parcial justificaba su rumbo no sólo por las migajas que arrimaba, sino por consolidar la organización de resistencia con aquellas perspectivas. El dinero y la fijación del trabajador a su goce, pudrió las prometedoras organizaciones gremiales del siglo XIX y buena parte del XX. Lo que dejó a la gente sin compañeros en los que confiar y a los cuales confiar el lugar agente. Se deterioraron los vínculos de solidaridad[8]. Sumémosle que la desocupación ha transformado al cuidado del puesto de trabajo casi en "el bien supremo". De ahí que las resistencias más decididas provengan de los desocupados organizados como "piqueteros". Lo que más conspira contra el discurso capitalista está en su propia lógica interna. Pues ocurre que funciona para una sociedad de clientes y de deudores, o sea de gente que compre sus productos y saque créditos para eso. Pero la drástica reducción de mano y seso de obra llevada adelante por las grandes corporaciones aprovechando las condiciones del "progreso" tecnológico, "contagia" necesariamente a todas las empresas. La que no "copia", queda fuera de competencia. Se genera así un abaratamiento inaudito de costos y mejores precios para estimular el consumo. Pero también se reduce la existencia de clientes y deudores, por desocupación y/o depreciación de los salarios. El mismo destino sufre el pago de impuestos de parte del "pobrerío"[9]. Además, los grandes evaden sin vergüenza. Hace unos 10 años los futurólogos "Golden boys" de Miami, encontraron solución de la paradoja: construir un planeta para 1500 millones de clientes. Pero los otros 4000 millones se empeñan en no morirse y por el contrario son los que sostienen la tasa de nacimientos. En los países "su-mergentes" los amos respondieron, con refuerzo de las policías, proliferación de countries, y barrios cerrados. Mientras que en los países "emergidos" lo hacen restringiendo las inmigraciones. Excepto para la mano de obra dispuesta a hacer lo que sus nacionales no, desde limpiar letrinas hasta formar parte de sus ejércitos. Éste es el sustento lógico de que las guerras y los incidentes interétnicos y/o raciales tomen dimensiones cada vez mayores.
Siniestramente la autofagia, goce heterofágico sin límite simbólico, se está transformando en la actividad principal de lo oral canibalístico de esta Cultura. Después de devorar a los objetos externos, mastica sus propios bordes completando su circuito.

[1] También las hay institucionales.
[2] Llamo así a ese nuevo tipo de gran capital migrante que aprovechando el debilitamiento de la función reguladora de los Estados y las facilidades de comunicaciones e informática, invierte y retira inversiones rápidamente y con el único objetivo de que suba el precio de sus acciones en las bolsas de valores en que cotizan.
[3] También es bueno advertir que fuertes capitalistas como George Soros, Hill Gates en EE.UU. y varios otros en Europa han advertido el peligro. Así lo enunció en un artículo interesante George Soros en un artículo publicado en el diario mejicano La Jornada, en el año 2002. En él reivindica la regulación estatal para defender a la especie de la estructural amoralidad de los mercados.
[4] Lacan: Seminario de la carta robada.
[5] Suplemento económico de Clarín del domingo 28 de abril del 2002.
[6] Según lo advirtió Federico Hegel.
[7] Lo que advirtieron aquellos observadores que cómo Diógenes de Laercio o Jacques Lacan, soportaron no hacerse ilusiones falsas.
[8] Palabra que "se las trae" según hemos analizado en un artículo inédito: Solidaridad -hija inhibida de la deuda recíproca-. Por ahora digamos sólo, que etimológicamente proviene de la palabra sueldo que designaba a la moneda con la que se pagaba a los llamados por eso: soldados.
[9] Término acuñado por don Atahualpa Yupanqui.

La nueva guerra y la función del psicoanalista en la extensión

Excepto minorías muy minoritarias, la gente está aterrada. Una guerra de imprevisibles consecuencias parece a punto de desatarse. Muy poco sería lo que puede hacerse para detenerla. No obstante, los que no están paralizados por el terror o ganados por el imaginario guerrero, intentan parar la matanza.

Psicoanálisis en extensión
Es responsabilidad de los psicoanalistas intervenir con su palabra. Ésta, para ser consecuente con la posición desde la cual enunciamos, no debe guiarse por pre-juicios, saberes previos, ni pasiones. Debe ser efecto de leer en el discurso del Otro, aquellas enunciaciones que por equívocas, permiten acceder al contexto inconsciente que las causa. Podremos escribir así el discurso inconsciente que enuncia deseos y goces que llevan a la contienda. Luego, cada quien, sabrá qué hacer con eso. Para el método, sabemos, que enunciados y enunciaciones se soportan no sólo en palabras sino también en acciones. La articulación entre ellas, dice mucho más que el palabrerío solo.
Son demasiados los enigmas que esta situación da a interpretar. En este artículo trataré de trabajar solamente sobre lo que observo en el terreno de las causas.
Para eso es importante leer el contexto en que se produjo la situación actual. Como sabemos desde Lacan apoyado en Freud, el contexto metonímico da lugar a la circulación del deseo como inconsciente, y como indestructible. Dicho contexto causa modalidades de goce de los sujetos, que sustituyen con síntomas a esos deseos no reconocidos.
Contexto de posibilidad y goces predominantes
De un lado, previo al atentado contra las torres se había impuesto, casi sin lugar a discusión, el modo de producción capitalista como la forma de lazo social de este momento de la Cultura. Esto ocurrió a la par de que en el terreno científico y tecnológico se producía un salto geométrico que por ahora no encuentra límites, y que facilita condiciones de posibilidad para la globalización del modo de producción hegemónico, y para una progresión ilimitada de expulsión de fuerza humana de trabajo. Esto no ocurre por el desarrollo científico y tecnológico en sí, sino por el predominio de la lógica de "optimización de beneficios" propios de este modo de producción, acentuada por el dominio del fundamentalismo neo liberal. Dicha lógica tiene al "cliente" como su pivote principal. Destinatario de las ventas, también es utilizado como fuerza de trabajo "invisible" a la que se le sustrae plusvalía. El cliente trabaja de peón para los supermercados, de cajero en los "cajeros automáticos de los bancos", de mozo en los restaurantes "free", etc. La obsesión de las grandes corporaciones por mejorar diseños y "packaging" y rebajar lo más posible los precios apuntan a ganar más clientes, o sea gente que desarrolle la doble función de compradores y personal temporario no pago. Para rebajar los precios, apoyados en las nuevas condiciones tecnológicas, amplían sin límite visible la desocupación. Destruyen así, parte de su "mercado" de clientes. A las corporaciones dominantes eso les importaba poco. Lo resolvían trasladando sus capitales a "nuevos mercados". Pero por primera vez en muchas décadas el "modelo" estaba entrando en recesión globalmente: EEUU, Japón y la Comunidad Económica Europea. Además tenían a punto de hundirse a eslabones claves de los países "emergentes", como la Argentina. Claves porque su "falta" (default) podía arrastrar a eslabones como Brasil, lo que sería de consecuencias imprevisibles. La situación había sobredimensionado dos fenómenos anímicos. La depresión reactiva de grandes masas a la marginación a la que habían sido expulsadas, y el odio anómico, anárquico de sectores minoritarios pero con peso, expresado entre otras expresiones en el crecimiento cuantitativo de la delincuencia urbana y en la multiplicación de la agresividad de la misma, manifestada en su marginación de los códigos de la delincuencia tradicional. Favorece este cuadro, la multiplicación del tráfico de drogas apoyados por corporaciones de capitales tan voluminosos, como el City Bank y países como Afganistán.
Otro elemento importante, es el sostenimiento del conflicto árabe israelí, que le sirve a las grandes corporaciones petroleras como seguro de cuña y división de los países en que tienen sus mayores intereses. ¿El precio? Atizar entre sus víctimas, el odio contra Estado Unidos.
Del otro lado: El fundamentalismo dentro de los Talibanes. La misma geografía que los torna inexpugnables, ha facilitado su encierro en creencias fácilmente aprovechadas por la gran corporación económica Bin Laden. Algunas cifras aparecidas en los diarios le calculan un capital invertido en petróleo, construcciones y finanzas de 5.000 millones de u$s. Dichos fundamentalistas tienen la certeza de que Alá es el único dios, y que la misión de ellos es imponérselo al resto de los humanos. No temen a la muerte pues la misma los llena de honor y los deposita en el reino de su dios. Pero como puntualizó en una reunión Rodolfo Satke[1], interpretando la pasión Talibán por cubrirlas totalmente, privarlas de todo derecho y extirparles ritualmente el clítoris, el órgano de goce más sensible que tienen, se puede pensar que se aterrorizan ante el deseo y el goce de las mujeres. Marginalmente, algo de eso entrevió Freud en "Signorelli".
Si para el discurso capitalista[2] la castración imaginaria pasa por la pérdida de ganancias y por la muerte, para ese discurso de amo antiguo religioso, parece pasar por el goce de las mujeres. En dicho discurso, éstas pasan a ocupar el lugar de "a", pero como des(h)echo. Producto del saber religioso de los amos de esa forma del Islam.
Caído el Golem, viva Dios, pero ¿cual?
En el contexto descrito, el colapso de las torres probablemente tuvo, para sus autores materiales e intelectuales, el sentido de destruir el fetiche de un falso dios. Para el gobierno norteamericano apareció como la actitud sacrílega de un grupo de bárbaros que no respetan los valores occidentales concentrados en esas torres: dominación, dinero, protección de los intereses del ciudadano norteamericano hasta fuera de sus fronteras. Como lo dijo el "posmo" tío Tom -Colin Powell- el derecho a hacer negocios con todo y en todo el mundo.
Hemos vuelto al Olimpo y dos dioses se enfrentan. El presidente Bush llama a una cruzada contra los herederos del mal[3], y por una justicia infinita[4]. El infinito, en su recorrido, lleva siempre al lugar de partida. En este caso la injusticia. La masa desconcertada, asustada, le ruega a Bush saber qué hacer. Esto es consecuencia de que la mayoría de los dirigentes republicanos y demócratas, por creencia o conveniencia, quisieran suponérselo. El 95% de los norteamericanos se identifica al "boss".
Los Ulema, se niegan a expulsar al enriquecido terrorista de su país y avisan que si territorios islámicos son atacados quedan obligados a la Jihad (Guerra Santa) Su masa ululante les supone saber La Verdad y se identifica a ellos hasta morir.
Más de 900 años después se reinician las cruzadas y la Jihad. La primera, no para rescatar el santo sepulcro, sino para vengar que hayan hecho de los símbolos del poder del dios dolar un sepulcro. La segunda, para imponer en el mundo el temor al deseo y el goce femenino. Claro que sin por eso descuidar la multiplicación de capital, que según demuestra la familia Bin Laden se puede obtener si se derrota al Satán occidental.
Siglo XXI, Cambalache
Las ilusiones de la modernidad "ilustrada", sobre las que ironizaba uno de nuestros poetas mayores -Enrique Santos Discépolo-, se han venido abajo junto con la torres gemelas. Del derrumbe emergieron dos gemelos en lucha a muerte: los fundamentalistas del capitalismo neoliberal y los fundamentalistas del Islam. Con lo que estoy diciendo que ni todos los capitalistas, ni todos los musulmanes quieren embarcarse en la orgía de sangre que los dioses particulares de ambos fundamentalismos anuncian. Parafraseando al tango de don Enrique, se repite otra vez que en la vidriera de ese cambalache se ve a la Biblia y el Corán junto al "escalafón". Cada contendiente batalla por demostrar que su dios la "tiene más larga y mea más lejos". Lamentablemente en la orina hay bombas atómicas, ántrax reforzados[5], desfoliantes químicos y toda la parafernalia a la que contribuyeron los científicos que se prestaron para ello, tanto en EE.UU, como en la ex URSS.
El ser parlante funciona tensado por tres registros de su experiencia: el imaginario que le da consistencia dentro del lazo social, con su aderezo de rigidez; lo simbólico que causado por su falla tienta nuevas combinatorias, resultando inconsistente, y a veces creativo para agujerear lo real que acosa al sujeto, cuando fallan los otros para operar eficazmente sobre dicha experiencia.
A nivel político mundial, estamos atravesando un momento de predominio de lo imaginario. Quienes no quedamos tomados por ese predominio, no tenemos otro recurso que exigir lo máximo posible a lo simbólico para que abra vías distintas que las de la confrontación desangrante.
Sergio Rodríguez 23-IX-2001




[1] Psicoanalista del Club de Analistas Círculo Freudiano y editor de www.psyche-navegante.com.ar
[2] Quinto discurso matematizado por Lacan en 1972: $/S1....S2/a
[3] Clarín 21-IX-2001
[4] Todos los diarios 19-IX-2001
[5] Pocos días antes de estos hechos los diarios publicaron que los científicos de las fuerzas armadas norteamericanas habían perfeccionado un bacilo de ántrax mucho más resistente para ser usado en la guerra bacteriológica

La autofagia del discurso capitalista

En dos textos fundamentales para analizar las dificultades que sufre el género humano, -“El malestar en la Cultura” y “Psicología de las masas y análisis del yo”-, Freud plantea dos paradojas que deberíamos cuidar para que no nos saquen del purgatorio para llevarnos al infierno.
Ellas son:
1) que para vivir en sociedad se torna imprescindible reprimir deseos y rechazar o al menos limitar, goces antisociales. Consiguientemente inhibir, o en el mejor de los casos sublimar, las pulsiones que los alimentan.
2) que no hay organización artificial de masas que no se estructure por identificación a sus liderazgos e ideales. Los que pasan a funcionar como inductores de identificaciones entre los individuos de esa masa organizada. Masas no organizadas artificialmente, resultan sólo de situaciones de caos y estampidas transitorias.
Utilicé ex profeso la palabra individuos, pues es observable que la organización de los seres parlantes a través de identificaciones, se soporta en una ficción que reniega la división de los sujetos. División inherente a la tensión entre el significante que representa a cada uno y el que desde otro lugar le da significación, así como entre su ser objeto de deseo y goce y su contingencia de ser sujeto como efecto localizable sólo después que lo fue, puntual e instantáneo. Razones por las que Freud no se ilusionó con el comunismo, que creyó que subvirtiendo las relaciones de mando y la estructura económico social de la sociedad se iba a arribar a una de “productores libres”.
Un equívoco sostenido por lo menos durante un año, por Jorge Gestoso y Patricia Janiot, co-conductores en esa época del noticioso televisivo de CNN, calificaba de "catástrofes humanitarias" a genocidios ocurridos en algunas de las últimas guerras de los Balcanes y en lugares de África como Ruanda Burundi. Dichos equívocos trasmitieron anhelos pre conscientes y deseos inconscientes del liderazgo fundamentalista neoliberal y de las grandes corporaciones financieras y “golondrinas” a las que sirven[1]. Algo parecido ocurrió con el título del libro de Francis Fukuyama, El fin de la historia. Para el mundo que imaginan sus “futurólogos”, sobran 4.000 millones de personas. El capitalismo puede transformarse en el sepulturero de la historia de la humana, si su forma actual hegemonizada por grandes corporaciones financieras y de capitales “golondrinas”, sigue comandando la “aldea global”.
La Argentina, medio oriente, el noroeste de América del Sur, son algunos ejemplos de vanguardia funeraria. Esto resulta efecto de que al entrelazarse los cambios cualitativos en informática, electrónica y telecomunicaciones con la imposición del discurso del capitalista,
$ S2
S1 a
en báscula con la del universitario
S2 a
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particularmente el de Harvard, se está rechazando represiones de deseos e inhibiciones de pulsiones predominantemente oral canibalísticas y anal sádicas, hasta un punto en que una catástrofe puede hacer desaparecer a una gran parte de la especie. Lo que traería resultados "humanitarios" para los que queden vivos y se aprovechen del desastre, según creen estúpidamente las lumbreras del llamado “pensamiento único”[2].
Momentáneamente devenimos uno de los eslabones más débiles de la cadena de países de la aldea global. Los llamados mercados (grandes bancos y fondos de inversión) huyen a la vez que presionan. Los gobiernos buscaron la obtención de créditos nuevos sin cuidarnos de las tasas a que nos fueron prestados. Ampliaron así la deuda hasta llevarnos a la imposibilidad de pagarla. Estos fueron los resultados de la entrada salvaje del discurso capitalista matematizado por Lacan en 1972 y citado por primera vez en la Argentina y tal vez en el mundo por Psyche Nº 22 de julio de 1988. Discurso que desliga a los amos de la relación directa con sus trabajadores. El "Tequila", la crisis asiática, el "Vodka", el "Caipiriña", “nuestro”default indican una serie. No son simples contingencias, "crisis cíclicas del capitalismo". Son los cambios climáticos del "efecto invernadero", remezones de una Civilización que ha encontrado su límite. Él radica en la estructura misma de la aldea global. Un síntoma: la perplejidad, abarca a todos. Reforzado tras el atentado genocida en Atocha (España)
Hay dos fenómenos que arribaron para instalarse después de culminar en la década de 1990. Uno, consiste en el salto cualitativo que tras un proceso previo de acumulación se produjo en el campo científico con sus consecuencias tecnológicas. Salto que ha tomado progresión geométrica. Paralelamente culminó una tendencia según la cual el dinero, que en su surgimiento facilitó el comercio y atenuó los niveles de agresividad que el trueque conllevaba, se ha consolidado como "el significante que mata todas las significaciones"[3]. Consolidación favorecida por las desregulaciones que debilitaron los estados y sus posibilidades de control. La evidencian presiones descaradas de EE.UU y el FMI para que se deroguen leyes que le ponen tope a la delincuencia financiera y la subversión económica que aprovechan la posibilidad de girar grandes capitales en tiempo real, por vía informática.
También pesaron en este contexto las posibilidades de acelerar el transporte de mercancías por vía marítima y aeronáutica, al facilitar la transferencia de industrias y empresas enteras de un país a otro. Lo que está ya afectando a la propia Norteamérica. La tradicional Levy’s inventora del jean[4], levantó sus fábricas fundadas en 1870 y las trasladó a países con mano de obra más barata dejando a 7.000 norteamericanos en la calle. En estas novedades está la esencia de la globalización bajo dominio del capitalismo salvaje que se margina de la Cultura. El problema no reside en la ciencia, la tecnología ni la globalización, sino en el modo de apropiación y piloteo de las mismas.
Estas novedades prestan los instrumentos que facilitan desligar a las corporaciones capitalistas de cualquier sujeción a los estados naciones y sus fuerzas armadas. Un click de computadora bancaria y/o fondo de inversión transfieren capitales y resulta mucho más eficaz que cualquier unidad militar. Lo ocurrido con el dinero es lo más peligroso. Tomó decisivamente el centro de la escena matando toda significación, destruyendo cualquier imaginario que no lo tenga por eje. Naciones, oficios, solidaridades de cualquier tipo, límites morales, pasan al desván de las antigüedades. Se acentúa la ilusión de que el dinero tiene función productora.
El fetichismo de la mercancía elucidado por Carlos Marx, consiste en que la misma a través de su valor de uso, encubre su único valor, la fuerza humana de trabajo. Pero sus ideales igualitarios lo llevaron:
1) A desestimar la función imprescindible de los agentes en cualquier discurso que vincule socialmente para producir mercancías.
2) A desestimar que éstos en función amo, reconocen como causa última sólo "la lucha a muerte por puro prestigio"[5].
3) A subestimar la adhesividad de los esclavos, a su goce “de seguridad”[6].
4) A sobre-estimar la capacidad de altruismo y solidaridad de las masas.
La inexistencia del psicoanálisis en esa época, contribuyó a dichos errores. Éste, a través de conceptualizar lo devenido de su práctica, pudo discernir los condicionantes simbólicos, imaginarios y reales de la "naturaleza" humana y sus consecuencias. El pasaje por los siglos XIX y XX dejó pruebas suficientes de que sin agente no hay discurso, vínculo social ni producción. Y que la producción de mercancías exige, "para que las cosas funcionen", que en el lugar del agente se halle alguna forma de significante amo.
El ser social (su posición de goce) condiciona las modalidades de subjetivación. La mayoría de los que se hacen cargo de la función agente, desean cobrar lo que suponen que vale su riesgo y su intervención. Éstos son imposibles de mensurar. Como consecuencia de esta imposibilidad de mensura, no son evaluables riesgo e intervención.
El amo antiguo trataba personalmente a sus esclavos, casi convivía con ellos. Como lo representa Lacan con la falta de flecha horizontal superior en el discurso del capitalismo, la tecnología fracturó ese vínculo, facilitando la abolición de los sentimientos.
Las experiencias de estos siglos dieron pruebas también, de que las masas prefieren la tranquilidad a la subversión. Sentirse "amparadas" en algún amo que las explote, que jugarse la vida por su libertad. Cuando minorías fuertes se jugaron ( en las revoluciones francesa, americana, rusa, china, vietnamita, cubana) resultó que, pasado el furor de los primeros tiempos, las mismas masas que los acompañaron volvieron a acomodarse bajo nuevos amos.
Sobre este telón de fondo los cambios tecnológicos han generado para los amos, la posibilidad de utilizar mano y cerebro de obra en mínimas y concentradas cantidades. Lo que les favorece condiciones, para rebajar los salarios y expulsar de la producción a quienes “sobren” o se resistan.
La resistencia de los trabajadores encontraba un sentido cuando existía un imaginario revolucionario y/o reformista que le daba perspectiva. Podían resistir, sin apostar todo al resultado inmediato. Una conquista parcial justificaba su rumbo no sólo por las migajas que arrimaba, sino por consolidar la organización de resistencia con aquellas perspectivas. El dinero y la fijación del trabajador a su goce, pudrieron las prometedoras organizaciones gremiales del siglo XIX y parte del XX. Lo que dejó a la gente sin compañeros en los que confiar y a los cuales confiar el lugar agente. Se deterioraron los vínculos de solidaridad[7]. Sumémosle que la desocupación ha transformado al cuidado del puesto de trabajo casi en "el bien supremo". De ahí que las resistencias más decididas provengan de desocupados organizados como "piqueteros". Lo que más conspira contra el discurso capitalista está en su propia lógica interna. Pues ocurre que funciona para una sociedad de clientes y de deudores, o sea de gente que compre sus productos y saque créditos para eso. Pero la drástica reducción de mano y seso de obra llevada adelante por las grandes corporaciones aprovechando las condiciones del "progreso" tecnológico, "contagia" necesariamente a todas las empresas. La que no "copia", queda fuera de competencia. Se genera así un abaratamiento inaudito de costos y mejores precios para estimular el consumo. Pero también se reduce la existencia de clientes y deudores, por desempleo y/o depreciación de los salarios. El mismo destino sufre el pago de impuestos de parte del "pobrerío"[8]. Además, los grandes evaden sin vergüenza.
Hace unos 10 años los futurólogos "Golden boys" de Miami[9], encontraron solución de la paradoja: Construir un planeta para 1500 millones de clientes. Pero los otros 4000 millones se empeñan en no morirse y por el contrario son los que amplían la tasa de nacimientos. En los países "su-mergentes" los amos respondieron con refuerzo de las policías, proliferación de countries, y barrios cerrados. Mientras que en los países "emergidos" lo hacen restringiendo inmigraciones. Excepto para la mano de obra dispuesta a hacer lo que sus nacionales no, desde limpiar letrinas hasta formar parte de sus ejércitos. Éste es el sustento lógico de que las guerras y los incidentes interétnicos y/o raciales tomen dimensiones cada vez mayores.
Siniestramente la autofagia, goce canibalístico sin límite simbólico, se está transformando en la actividad principal de lo dominante en esta Cultura. Después de devorar a los objetos externos, mastica sus propios bordes completando su circuito.

[1] Llamo así a ese nuevo tipo de gran capital migrante que aprovechando el debilitamiento de la función reguladora de los estados y las facilidades de comunicaciones e informática, invierte y retira inversiones rápidamente y con el único objetivo de que suba el precio de sus acciones en las bolsas de valores en que cotizan.
[2] También es bueno advertir que fuertes capitalistas como George Soros, Bill Gates en EE.UU. y varios otros en Europa han advertido el peligro. Así lo enunció en George Soros en un artículo publicado en el diario mejicano La Jornada en el año 2002. En él reivindica la regulación estatal para defender a la especie de la estructural amoralidad de los mercados.
[3] Lacan: Seminario de la carta robada
[4] Suplemento económico de Clarín del domingo 28 de abril del 2002.
[5] Según lo advirtió Federico Hegel
[6] Lo que advirtieron aquellos observadores que cómo Diógenes de Laercio o Jacques Lacan, soportaron no hacerse ilusiones falsas.
[7] Palabra que "se las trae" según hemos analizado en un artículo inédito: Solidaridad -hija inhibida de la deuda recíproca-. Por ahora digamos sólo, que etimológicamente proviene de la palabra sueldo que designaba a la moneda con la que se pagaba a los llamados por eso: soldados.
[8] Término acuñado por don Atahualpa Yupanqui
[9] Grupo de jóvenes “genios” subvencionados “generosamente” por “foundations” para planear el futuro del planeta

¿Género sin sexo?

Alejandro del Carril Sergio Rodríguez
aledelcarril@fullzero.com.ar srodrg@fibertel.com.ar

Sobre los cambios que se han dado a lo largo del último siglo en las relaciones entre los seres hablantes en materia sexual y amorosa, y su retroalimentación con lo ocurrido en los planos sociales, laborales y económicos entre otros, se ha hablado mucho y se lo seguirá haciendo. Se intenta dar cuenta de la relación compleja, espasmódicamente fallida, que hace millones de años soporta la existencia de la especie, sus goces, sus deseos y su reproducción. Es un enigma imposible de develar, tan imposible como pretender que dicha relación no nos muerda los talones.
El análisis de algunas ideas sostenidas por representantes de los estudios de género, tal vez nos sirvan para tratar de ubicar algunas razones de aquellas prácticas sexuales y sociales, en qué han cambiado y qué es lo que, a pesar de las apariencias, sigue funcionando de igual forma.
1-“Asistimos a un nuevo tipo de consulta, donde mujeres jóvenes, atractivas, educadas y exitosas, recuerdan de pronto que el tiempo pasa y... ¡han olvidado casarse! Esta postergación del propósito de constituir una pareja estable y de tener hijos revela hasta qué punto el vínculo amoroso, pese a los reclamos manifiestos, ocupa un espacio psíquico secundario en el sistema de ideales propuestos para el yo de las nuevas mujeres. Vemos, entonces, una modalidad de malestar cultural propia de la modernidad tardía. Hoy en día, los jóvenes educados e insertos en el mercado laboral coinciden, en términos generales, en considerar que su construcción como sujetos socialmente autónomos es una prioridad con respecto al establecimiento de relaciones amorosas. En el caso de los varones, esta tendencia no hace sino continuar con un criterio que ya estaba en vigencia a comienzos del siglo XX. Un hombre debía formarse e insertarse en el mundo social y productivo, antes de decidir que estaba en condiciones de casarse y de tener descendencia. Lo novedoso es que hoy muchas mujeres elaboran, de modo implícito, un proyecto de vida semejante. La construcción de una subjetividad compleja, apta para competir en el sofisticado mercado de las empresas transnacionales, lleva tiempo y esfuerzo.”
Éste primer párrafo marca una línea de pensamiento y, a nuestro modo de ver, los límites del aparato conceptual en que se apoyan. Deja de lado la lógica del goce sexuado y sus derivados articulados al deseo inconciente, para reducir los fenómenos a una dinámica yoica. Nótese que en todo el párrafo, no se hace referencia en ningún momento al sexo ni al erotismo. Sí a distintos valores (atracción, educación, éxito, relaciones amorosas). Lo que sólo da cuenta de cierto cambio a nivel de los ideales burgueses: las relaciones amorosas parecen venir en baja respecto de las relaciones laborales. El ideal de autonomía aparece encubriendo la dependencia a la organización laboral. Dependencia que como se señala el hombre debía lograr, ya en el siglo XX, para transformarse en un buen partido, es decir, convertirse en el objeto idealizado por la cultura para poder así seducir a una mujer. Esta dinámica más compleja es la que se le escapa a muchos estudios de género y/o feministas, cuando idealizando a los hombres, los creen autónomos. Lo que tal vez sea novedoso, es la construcción de cierta subjetividad femenina por identificación con el hombre idealizado.
2-“Durante la modernidad, mientras que el trabajo fue el gran asunto de los varones, el amor era preocupación central de las subjetividades femeninas. Esta actitud no resulta sorprendente, ya que la ubicación social de las mujeres dependía por partes iguales de su nacimiento y de la alianza conyugal que lograran concertar. El camino de los logros personales estaba cerrado, y conquistar a un varón exitoso hacía de ellas “la esposa del doctor, del ingeniero o del empresario”, una forma de compartir el estatus alcanzado por el marido, cuya carrera sostenían con convicción, ya que formaba parte de una sociedad conyugal indisoluble.”
La idealización del amor femenino pareciera velarles la función del goce de sentirse representando al falo por el atajo de compartir blasones (ser la esposa de...). El amor, sin relación al sexo, se reduce a su dimensión narcisista. La dependencia económica de la esposa suele ser directamente proporcional a la dependencia que genera en el marido su ingreso al mercado de la explotación interhumana. El amor situado solamente así, resultaría efecto del sacrificio realizado por aquel que se ofrece como objeto de intercambio por fuera del matrimonio a dicha explotación, lo que incluiría por lo tanto, una buena dosis de sadismo femenino. Históricamente el hombre ha estado más capacitado para trabajar gracias a su mayor fortaleza muscular. El desarrollo tecnológico ha reemplazado la primacía de la fortaleza muscular por la eficiencia intelectual, facilitando el ingreso de las mujeres al mismo. Esta posibilidad de desarrollar mayor cantidad de relaciones por fuera del ámbito familiar, seguramente les ha facilitado a muchas mujeres el no tener que sentirse obligadas a mostrarse “vocacionalmente amorosas” ni a tener que volcar la agresión sobre sí mismas, ubicándose sacrificialmente en una posición victimizada que al costo de un gran sufrimiento le rinda algunos beneficios secundarios.
3- “Cuanto mayores sean los logros personales en la educación y el trabajo, más caro se vende el sujeto en el mercado matrimonial. Esta tendencia se observa sobre todo entre algunos jóvenes varones exitosos, que requieren un proceso terapéutico que los ayude a superar, ya no, como antes, la represión del deseo sexual, sino la desestimación del afecto.”
Sin tomar en cuenta el indicio de la alta tasa de utilización de Viagra por dichos jóvenes, vuelven a desvalorizar la importancia del deseo sexual en la economía libidinal del hablante para sustituirla por una vaga psicología sentimental. A los varones que han invertido su libido en la educación y el trabajo a fin de obtener valor en el mercado matrimonial no les será difícil conseguir mujeres que los admiren por sus logros e incluso les ofrezcan algún servicio sexual a cambio de la renta mensual que perciben (algunos matrimonios funcionan como un ejercicio encubierto de la prostitución). Lo que probablemente les cueste es conseguir mujeres con las cuales gozar realmente del sexo, sin que justamente lo real quede elidido por la transacción comercial. Indicio de esto es como mencionamos supra, el éxito que han tenido los medicamentos para las llamadas disfunciones eréctiles, usados por gran cantidad de jóvenes impotentes o simplemente temerosos de serlo, principiantes asustados o apostadores a la potencia eréctil como valor fálico único.
Lo que suele denominarse como relaciones desafectivizadas suelen ser efecto de una fuerte represión y transformación de lo más singular del deseo sexual. Dicha represión no impide que la persona mantenga variadas relaciones sexuales con una o más parejas, siempre y cuando no ponga en juego sus goces más íntimos. Vale en este punto la anécdota de la actriz porno que interrogada por el director de la película sobre lo que estaba dispuesta a hacer delante de las cámaras, contestó: “de todo”, y cuando le fue pedido que se masturbara se negó rotundamente diciendo que eso era muy íntimo. La actriz porno en un punto, resultó tan reprimida como cualquiera.
4- “El amor se nutría, tal como lo describió Freud, de la satisfacción de las grandes necesidades vitales. Los sujetos hegemónicos se mostraban remisos a comprometerse, ya que su capital simbólico era elevado. Las mujeres, bien lejos de la inaccesibilidad narcisista descrita por Freud en 1914, sostenían la institución conyugal con su dependencia y con la idealización de su proveedor.”
Cuando una pareja se hallaba tan tomada por el ideal cultural que ello hacía obstáculo al juego de los deseos de ambos partenaires, la cuestión podía hallar algún paliativo haciendo entrar amantes o prostitutas. Si el hombre hubiera sido tan hegemónico como se lo imagina no hubiera temido poner en juego su capital simbólico. He aquí uno de los puntos capitales de la teoría freudiana que suelen desconocer: el falo en tanto significante no es un atributo masculino, como lo ejemplificó Juanito, al atribuírselo a la madre. La imaginarización del mismo que aporta el pene hace que se crea que los hombres lo tienen y las mujeres carezcan de él. Pero si se lo tiene se lo puede perder (nuevamente Juanito nos guía), lo cual puede volver a un obsesivo tan impotente como a una histérica, sea como frígida o “multiorgásmica”, es decir, cortándole al hombre el goce de sentir que hace gozar a una mujer, o mostrándole que su goce es mucho mayor que el de él. Lo que pareciera haber sucedido mayoritariamente es que el capital libidinal de los hombres se hubiera invertido en el trabajo y/o en el deseo sexual y/o amoroso por otras mujeres, convirtiéndose el matrimonio en una transacción comercial en el que se intercambiaban dinero y apariencias, mientras el goce erótico se lo practicaba “cama afuera”. La inaccesibilidad narcisista no es otra cosa que cuidado de la identificación al falo.
No se ha cumplido el ideal de la igualdad entre los sexos porque no la hay, ya que si bien el falo no es el pene, su presencia o ausencia juega una función en el modo en que el ser hablante se relaciona al deseo y a las distintas modalidades de goce. Lo que no los hace ni mejores ni peores, solo distintos. Una de las formas de reaseguro narcisista frente al complejo de castración, sobre todo para las mujeres, ha sido y sigue siendo tener hijos. Este es un elemento de importancia señalado indirectamente en el primer párrafo analizado. Las mujeres se hallan más limitadas por el tiempo para procrear. El “me olvidé de casarme” de la mujer de treinta y pico de años se encuentra fuertemente influido por el límite que la biología le marca para tener hijos. En la vorágine de completar su carrera profesional muchas mujeres reprimen éste deseo y revelan así que aquella puede ser muchas veces un desplazamiento de éste. Descubren, éstas mujeres, que el mercado laboral no es asunto de seres autónomos y soberanos y que cuando la actividad laboral no se anuda sinthomáticamente[1] al deseo inconciente, puede ser una carga muy difícil de soportar. Cómo conjugar el deseo materno con el acceso al mercado laboral y su consecuente disposición de uno de los significantes fundamentales de la cultura como es el dinero, hete ahí una de las encrucijadas más arduas que les toca afrontar a la mayoría de las mujeres.
5-“En algunos casos, la estrategia para superar la amenaza de soledad es una especie de reciclado de la subordinación de género acotada al ámbito privado. Así como algunas jóvenes disimulan sus credenciales universitarias a la hora de seducir, al elegir pareja impostan una dependencia que no existe de modo efectivo; y aceptan varones con menores atributos fálicos de lo que sus aspiraciones demandan.”
No resulta difícil interpretar que si una mujer se toma el trabajo, a la hora de seducir a un hombre, de disimular sus credenciales universitarias es porque éstas han tomado un tipo de valor fálico que siente, imagina, que la masculiniza. Siguiendo la lógica complementaria, deudora de la preeminencia del registro imaginario, es esperable que busque un hombre imaginariamente castrado, tan castrado como puede haberse presentado ella ante la universidad que prodiga credenciales fálicas.
Los errores a los que conduce el someter el psicoanálisis a los prejuicios de género, hallan alguna explicación en el siguiente párrafo:
6-“la fuente de la socialidad deriva del vínculo primario que se establece entre la madre y el hijo. La prematuración de los niños en nuestra especie obliga a una relación madre-hijo prolongada, debido a la necesidad de cuidados maternos. La construcción de las sociedades humanas se funda, según esta perspectiva, en la indefensión y en la necesidad de asistencia que caracteriza los inicios de nuestra existencia. No se trata de un pacto concertado entre sujetos ya constituidos, sino de una precondición para la humanización de la especie y para el advenimiento de la subjetividad. Ambos modelos no son incompatibles, porque el vínculo madre-hijo funda la relación inicial con el otro, pero los arreglos sociales del mundo adulto se establecen entre los sujetos hegemónicos, ansiosos de olvidar su origen y remisos a pagar la deuda material y simbólica con la madre.”
Si bien es cierto que el hablante se encuentra en un estado de dependencia prolongada respecto de la madre y que la relación con ella dejará marcas indelebles en su cuerpo y mente, afirmar tan rápidamente que allí se encuentra la fuente de la sociabilidad es desacertado. El vínculo con la madre en sí, es incestuoso y la relación incestuosa atenta contra el lazo social. Es una relación de dos que se “basta” a sí misma. Si hay lazo social en el hablante es en tanto la madre ya está marcada por un más allá, que introduce el enigma de su deseo, y la puerta de salida del incesto. Recusar esto, es dejar de lado el fundamento del lazo social y quedar atrapado en una relación especular como la que se revela cuando se usa el término sujetos hegemónicos (hegemonía: supremacía de cualquier tipo). La preocupación por instaurar una escala jerárquica entre los sexos, invertida respecto de la que se cree que es dominante, los lleva en el intento de borrar cualquier rastro masculino a una regresión incestuosa de la teoría, en la que castrar imaginariamente al padre (Freud) es sentido como una modo de saldar la deuda con la madre. Es nada más que el fantasma de cambiar una dominación supuesta, por su inversa. Dicho de otro modo, no se aparta de la lógica de la dominación y explotación interhumana.
Con una lógica similar se critica una versión errada y simplificada del planteo de Lacan: 7-“Para ciertos desarrollos teóricos, un vínculo de apego prolongado con la figura materna operaría, en los varones, como factor de riesgo para su masculinidad social y subjetiva: consideran que, en tal caso, el niño construiría el núcleo de su identidad sobre el modelo femenino materno; si bien esto se produce habitualmente en los vínculos tempranos con la madre, su prolongación más allá del segundo año de vida haría peligrar la identificación del niño con los rasgos considerados masculinos. La intervención del padre, o una figura similar que separe al niño de su madre, resultaría imprescindible, según estas consideraciones, para evitar que se produzcan semejantes efectos en el proceso de masculinización. Estas hipótesis suponen el vínculo con una mujer, la madre, que no desarrolla otros deseos más allá de su adhesividad libidinal a su hijo: el padre intervendría como figura salvadora de la masculinidad del hijo ante semejante amenaza de un vínculo fusional”.
Uno de los errores es el de reducir los modos de goce a su versión simbólico-imaginaria que se daría por identificación. Se anula así lo más importante de la dinámica pulsional, la real, que anuda lo que viene del Otro y los otros a la respuesta del sujeto que allí podría innovar. Es ese el punto en que se agotan las identificaciones y dónde masculino y femenino, activo y pasivo, instrumental y emocional o cualquier otro par no pueden dar cuenta de lo que allí sucede. La intervención del padre o algo en función similar no produce por sí misma separación alguna ya que su intervención será ineficaz si no fue invocado allí por la madre o sustituta. Su función será la de responder a ese llamado, si su deseo se halla causado por la función. En este sentido una madre atravesada por la castración ya se remite a un más allá y la presencia del padre no será “salvadora” sino que aportará al menos temporalmente la encarnación de ese más allá, que por su existencia, limita el goce devorador del incesto. Esta función permite al ser hablante ingresar en la cultura, haya nacido biológicamente hombre o mujer. Que sus modalidades de goce se aparten o no de los ideales de la cultura que habita es harina de otro costal. La existencia del deseo inconciente hará que nunca deseo e ideal coincidan del todo. La función paterna no “salva a la masculinidad” sino que en su articulación con el deseo materno sienta las bases para que se instale el deseo inconciente que le permita al hablante, en esos fugaces momentos de libertad que se le presentan a su ser de objeto, advenir sujeto.

[1] Relación gozosa en tanto cercana asintóticamente al deseo inconsciente, que de existir facilita sostener la estabilidad de la estructura de la subjetivación

Emergencias

Sintetizaré algunas observaciones sobre condiciones de producción y desenvolvimiento en emergencias amenazantes para la sobrevivencia de pacientes graves o de la estabilidad de su yo y a veces de la vida de terceros. Lo haré en articulación a sus contextos de seres cercanos (familiares, amigos, etc.) y al proceder de psicoanalistas, psiquiatras, enfermeros y otros convocados, a veces, legos. En ese tránsito iré puntualizando cuestiones que considero indispensables a tener en cuenta. Con ellas trataré de discernir algunas herramientas y posicionamientos eficientes para actuar.
No sólo los psicoanalistas pueden ser eficaces en las emergencias, aunque sean los que pueden estar mejor preparados. También pueden serlo corazonadas inconscientes de algunos legos y golpes de azar. Es importante tener esto en cuenta, tanto para saber respetar y utilizar los efectos de acontecimientos en los que eso haya ocurrido, como para analizarlos y aprender de ellos. Son encuentros con lo real, que en dichas circunstancias, convocan a ser registrados en significantes que amplíen el campo de lo simbólico para re-utilizar en circunstancias adecuadas, las enseñanzas que nos hayan dejado.
Las intervenciones ante las emergencias, no siempre tienen un carácter interpretativo o explicativo. A veces un acto, puede limitar un acting out o un pasaje al acto. Un análisis se fue desarrollando con buenos resultados. El sujeto fue ubicándose mucho más clara y decididamente según las dotaciones significantes que desde lo inconsciente habitaban su ser de habla y escritura. Fue re-trabajándose su fantasma. Importantes dimensiones de goce se desplazaron, reorientando libido a sus producciones sublimatorias. Otra, se reorientó a gozar de la pulsión anal no sólo activamente como cuando aún portaba la pregunta sobre su definición sexual, sino también pasivamente a partir de que comenzó a respondérsela más desprejuiciadamente. Previamente a esos momentos decisivos, lo afectó una fuerte depresión motivada por la dolorosa herida narcisística que le producía el encuentro con un deseo inconsciente que lastimaba duramente a su Ideal del yo masculino desatando las furias de su superyo. En ese trance, el analista tuvo que viajar a dictar un seminario en un país extranjero. Advertido del peligro de suicidio en que se hallaba el paciente, decidió dejarlo internado. Cuando ya se hallaba en dicho país, alternativas ocurridas en la clínica en que había sido internado, hicieron que la familia lo retire de ahí y le arme con acompañantes terapéuticos, un dispositivo de internación domiciliaria. El día en que la madre del paciente cumplía años y a la hora que el avión que traía de vuelta al analista aterrizaba en Buenos Aires aquel produjo un descuido en el acompañante que lo dejó afuera del departamento, mientras lo cerraba con llave por dentro. Decididamente fue al borde de la cornisa de un décimo piso dispuesto a tirarse. Parado en él, vaciló. Mientras, vecinos y transeúntes se arracimaban en la calle, algunos llamaron a la policía, bomberos y SAME. Él seguía vacilando. Los bomberos subieron prestos y entraron a romper la puerta posterior de entrada al departamento. Ya había pasado un buen tiempo en esa situación. Un morocho grandote, albañil de una obra vecina, le gritó: ¡Tiráte hijo de puta!, ¿hasta cuando nos vas a tener aquí? Impelido por el grito del obrero que aludía a su susto y a la condición no virginal de su madre, el suicida potencial pegó la vuelta y salió corriendo a impedir que le “rompieran la puerta de atrás”.¿Quienes fueron los agentes que intervinieron para evitar la tragedia? La indecisión del que hubiera sido su actor, la azarosa elección de los bomberos para entrar a la vivienda, y el estentóreo exabrupto del proletario.
Pero estas casualidades no deben descuidarnos a los psicoanalistas cuando somos convocados a una emergencia. Por el contrario debemos utilizar al máximo nuestra atención libremente flotante para que funcione como los sensores necesarios para detectar el mínimo detalle que nos permita leer en la situación el axioma lógico que la origina y los pasos que dicha lógica desenvuelve, así como lo que transcurre en el Inconsciente de sus seres cercanos. Atendí a una mujer que una serie de datos de su historia permitían suponer una clásica histeria, pero en ese momento, estaba abrumada por una intensa melancolización. Hechos de la historia infantil y de la presente, se anudaban a una forma de reaccionar de un yo muy aplastado por un superyo cruel y producían esa reacción. La retracción a negras fantasías y al propio yo degradado enlazadas a oscuras ideas suicidas, me indujeron a medicarla con antidepresivos como un recurso para colocarla en condiciones de analizarse. Teniendo en cuenta la gravedad del cuadro, le recomendé al esposo que administrara la medicación. Una noche me llamaron avisándome que se hallaba internada y conectada a un riñón artificial. El marido, como se iba al trabajo, le había dejado el paquete entero de psicofármacos para que fuera tomando las dosis correspondientes. Ella consideró más adecuada, una mortífera. El riñón artificial funcionó y la señora tuvo otra oportunidad, que análisis mediante, le dio una buena sobrevida. Cierta vez recibí en mi consultorio a una señora con fuertes ideas de suicidio. Las que no eran nuevas, muy joven aún había estado internada en lo que ahora se conoce como “Moyano” . Ahí había sido tratada con una serie de electro shocks, lo cual sumado al relato de la dolencia que la aquejaba me hizo suponer que se había tratado de una melancolización en un cuadro no demasiado precisable. Se presentó con setenta y tantos años. Se sentía abandonada por sus seres queridos y relataba un fracaso amoroso con un chico de 14 años, edad semejante a la de uno de sus nietos. Desenvuelto el análisis, se fue haciendo patente que el duelo que no terminaba de transitar era por su belleza en decadencia (que junto a su inteligencia había sido exuberante). Fue mejorando y me ilusioné con que se lograría que fuera recorriendo lo real de su vejez, con mayores y mejores herramientas simbólicas para agujerearlo. Pero un incidente familiar, que para otras personas hubiera resultado molesto pero no trascendente, le reactivó viejas rivalidades fraternas en las que siempre quedaba como resto desechado “a”, según su creencia. El efecto fue arrasador. Se reinstalaron las ideas suicidas con una fuerza inusitada. El enunciado era: -si supiera que apretando un botón desaparezco, lo haría. Lo único que me detiene es el miedo al dolor y al sufrimiento. Ese fin de semana, familiares cercanos me llamaron. Los preocupaba la enunciación pública por parte de la paciente, de la decisión de matarse. Ante la evidencia de que el tiempo se agotaba y la decisión de suicidio se afirmaba indiqué, junto a otro colega, la internación. Nos encontramos con un no rotundo de parte de la paciente y del entorno familiar. Indicamos entonces, una internación domiciliaria con acompañantes terapéuticos las 24 horas del día. Reencontramos una cerrada negativa. El lunes siguiente, la paciente concurrió al consultorio y retomó el acostumbrado relato. A la tarde fui llamado por la familia. La señora había dado término a su vida de una manera que repetía muchas muertes románticas descriptas por autores famosos de la literatura universal. Hizo de su muerte un acto estético, que reafirmó su mensaje de que no estaba dispuesta a renunciar a la belleza que la había sostenido en vida, más allá de la derrota fraternal. A partir de estas experiencias, asimilé la imprescindibilidad de observar con detenimiento en circunstancias como esas, si se está ante amor de los seres queridos o ante odio aparentado como contrario. En otra emergencia que me tocó atender, ya sobre la base de las experiencias antedichas una escena de orden parecido, que me llevó interrumpir el tratamiento, lo que impulsó a la familia a decidir internar a la paciente. Hoy sigue su vida. Atender que está pasando en los familiares y cercanos del afectado por la emergencia, es clave, ya que muchas veces el cansancio de una situación cronificada o las vicisitudes corrientes de las relaciones amorosas, pueden sumarle al deseo del suicida deseos homicidas de los cercanos.
José Bleger decía en general y con razón, que ninguna interpretación cura ni mata. Pero en una situación particular como la que atravesó una joven madre, y la transferencia que el marido tenía hacia un analista transferida lateralmente a su esposa, facilitó que una interpretación acertada y que en otras circunstancias hubiera resultado silvestre[1], desanudara un síntoma grave. Ramón me contó muy angustiado que su joven esposa, primeriza, atravesaba una situación que se le tornaba insostenible. A las pocas horas del parto comenzó a tener miedo de hacerse cargo de la criatura. La suegra y la madre se acercaron a ayudarla y darle ánimos. Sin embargo el temor no sólo no cedía, sino que se acentuaba. De no animarse a cambiar los pañales había pasado a no darle el pecho y de ahí a no tenerla en el regazo. El miedo la había ido invadiendo hasta abarcar todas sus funciones maternales. La madre, la suegra y la mamadera, sostenían la situación con la criatura. La joven madre no se calmaba. Lejos de eso, cada vez se asustaba más y decía cosas inconexas que Ramón ni lograba reproducir. Trajo a su amada a la clínica con patética preocupación. Azulada, casi cianótica, gibosa, con pasos cortos, trastabillaba y controlaba lo que decía. Contó las expectativas conque había esperado al bebé. Lo lindo que era, lo parecido a Ramón, especialmente por sus grandes ojos verdes. Relató sus orígenes inciertos. Hija de madre soltera, siempre había sentido que era una carga para la misma, que había tenido que hacer muchos sacrificios para cuidarla. Estaba muy sorprendida por lo que le acontecía, pues el crío era lo que más había deseado en su joven vida. Hasta era un cierto resarcimiento de tanta dificultad infantil. Pero le ocurría que no se animaba a levantarlo, la acosaba un intenso miedo a que se le rompa. Es más, había momentos en los que se le cruzaba la fantasía de que podía tirarlo por la ventana. En ese instante se me agolparon en la cabeza lecturas de Freud y Melanie Klein sobre el objeto fobígeno como encarnación y sostén de lo más deseado. Decidí apostar. Quince días sin madre era demasiado para un recién nacido. Perdido por perdido, jugué y le dije: -Su temor a matar su niño es por deseo de hacerlo, porque él puede llegar a disfrutar un futuro más promisorio que la vida que hasta ahora le tocó vivir a usted. Se iluminó el rostro de la joven, dejó de temblar, se enderezó y dijo que se sentía mejor. Di por terminada la entrevista que había durado un par de horas. Al día siguiente Ramón volvió contento, contando que se había restablecido la relación de la mamá con la criatura. Estaba siendo ayudada por las dos madres en su aprendizaje de como atenderla. Unos años después, en mi tercer análisis recordé que en una poesía de mi padre previa a mi nacimiento, había sentimientos parecidos a los que habían conflictuado a esta mamá. La recuperación de ese recuerdo me abrió las puertas a la finalización de dicho análisis. También es interesante observar en esta viñeta, la función que jugó sin que yo lo sepa, el sedimento significante inconsciente de la poesía de mi padre.
En las emergencias no es nada fuera de lo común encontrarse con situaciones de violencia. Cierta vez un paciente bipolar en fase maníaca, había afilado el mago de una cuchara y estaba amenazando a los otros pacientes en el comedor de una clínica. Convocado a resolver la situación, habitado por una buena lógica y un razonable miedo le dije: -¡Fulano de tal¡, ¡¡¿¿ qué está haciendo??!!,¿! se da cuenta que está violando todos los reglamentos de la clínica?!¡Déme eso inmediatamente! Clavó su mirada en mis ojos. Se la sostuve. Finalmente bajó la suya y entregó su “punta”. Las miradas de los otros pacientes, que habían mirado la escena entre esperanzadas, curiosas y escépticas se calmaron. Ante estas situaciones hay por lo menos dos recursos importantes. Ambos parten de reconocer que quien ha entrado en estado de emoción violenta, sea transitorio por desborde imaginario con anulación momentánea de la capacidad de simbolización o por forclusión del Otro en alguna de las psicosis, puede llegar a ser calmado haciendo presente la ley con algún recurso práctico. La firmeza sin violencia y apoyarse en el reglamento de la clínica, jugó esa función. Otras veces la juega recurrir a personal uniformado de fuerzas de seguridad.
Finalmente. Es muy importante lograr evaluar cuando se es convocado, si uno se halla en condiciones de disponibilidad suficiente por las razones que fuera, como para encarar en todas sus dimensiones una situación que puede resultar sumamente exigente. Había atendido durante unos años a un joven que había sufrido un brote esquizofrénico de inusitada gravedad. Trabajé con él varios años y entre ambos logramos una mejoría importante de su estado. Dicha mejoría lo indujo a interrumpir el tratamiento y lo instaló establemente en una pareja en la cual con el tiempo advino un hijo. Como efecto de esa convocatoria al Nombre del Padre en oposición al sujeto[2] volvieron a aparecer signos que en mérito de la experiencia transcurrida anteriormente, lo impulsaron a volver a consultarme. Me encontró transitando un drama familiar que me tenía sumamente ocupado. Ante la demanda, pesó esa situación que sin detalles le informé. También que por la misma, no trabajaría con él. Le propuse una derivación que no aceptó, aunque sin manifestar enojo. Quedé cortando clavos y con un cierto sentimiento de culpa. ¿Tendría que haberme esforzado y hecho cargo de la demanda a pesar de las circunstancias? La sensación mental y corporal era de que no estaba con las condiciones necesarias para hacerlo bien. Volvía a mi recuerdo un recomendación de Donald Winnicott de no tener en atención particular más de tres pacientes en esas condiciones. Fue un consejo preventivo para la salud psíquica del oficiante. Pero también de sabia experiencia, sobre más o menos los límites libidinales de los practicantes para soportar tratamientos tan difíciles. No obstante, la ansiedad culposa no se me atenuaba. Hasta que por suerte me enteré, que había recurrido a una colega que estaba trabajando bien con él.


[1] Ver en Freud: Psicoanálisis silvestre
[2] Lacan: Una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis.