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Un acontecimiento político

Un acontecimiento político está sobredeterminado por la capacidad de observación y cálculo de quien lo produce, y los azares con que se encuentra. Macchiavello definía: “Virtud y Fortuna”. Las primeras, cualidades humanas. Los azares: por saberes ignorados o imposibilidades de anticiparlos. El político técnicamente capaz sabe, más o menos concientemente, que el destino de sus actos depende de las mismas. Sobre las primeras, evalúa. Sobre las segundas, le resulta imposible. Ahí nace su dependencia de diversas consultorías. De mediciones de la opinión pública y otros espionajes, de diagnósticos y pronósticos económicos, de geopolítica, etc. Todas, amenazadas igualmente por el azar y lo no sabido. La sorpresa, siempre acecha. Ante esa eventualidad, ateos se hacen creyentes vergonzantes. Científicos, recurren a los signos del zodíaco, a las brujas o a los parapsicólogos. Algo que los tranquilice haciéndoles suponer, que pueden evitar la maldición de la sorpresa. Alejandro Magno recurría al interpretador de sueños Artemidoro de Daldis, que espontánea, intuitiva e inconscientemente, usaba desciframientos que miles de años después descubriría Freud como legalidades del Inconsciente.

Lo fascinante, es que a veces en esas prácticas logran algo de lo que buscan. Ya que, modalidades particulares de estructuraciones subjetivas muy tempranas, dejan en algunas personas remanentes de la comunicación sin palabras entre madres e hijos. Ellas facilitan algunos desciframientos de lo que el otro no sabe que porta.

Testimonios sesentones

El actor Jorge D’Elía, de 65 años, padre de cinco varones de dos matrimonios anteriores, no dudó un instante cuando su actual esposa, Cira Caggiano, de 40, manifestó su deseo de tener un hijo: Después de diez años de convivencia le pareció lo más “acertado y necesario”. “Nos faltaba una proyección como pareja –comenta–, era egoísta negarme”. Así nació Facundo, que hoy tiene dos años, apenas unos meses menos que Teo, el nieto más chico de Jorge.

D’Elía afirma que siempre tomó la paternidad como “un hecho natural”: “Nunca me hice la cabeza con las grandes cuestiones filosóficas. Yo no tuve seis hijos, cada vez tuve un hijo. Son todos diferentes, todos buscados y esperados”. Sin embargo, reconoce diferencias: “Cuando nacieron Marcelo, Federico y Hernán, todavía estaba lleno de dudas, no sabía quién era ni qué quería. Era impaciente, pretendía imponerme con mis hijos, algo de lo que me he arrepentido. Facundo recibe un padre más tranquilo: ya sé que soy autor y actor, sé cómo es mi vida y que, salvo las sorpresas, no tendrá variaciones. Casi diría que soy como un abuelo para mi propio hijo”.

Ni bien lo dice aclara que sólo se refería a la paciencia, pero en la calle lo confunden más de una vez: “Ya me pasaba con Damián y Diego (de 14 y 18 años en la actualidad). Cuando me dicen: ‘Qué lindo nietito’, aclaro que soy el padre pero tranquilizo a los confundidos porque no desconozco que soy abuelo y es una posibilidad absolutamente lógica. Pero me alegra ser el padre de Facundo, todavía estoy en plena actividad”.

Al periodista Miguel Brascó no le parece que esa cuestión merezca un análisis: “Dios y la vida deciden en qué momento envían los hijos. Me casé con la chef Luisa González hace diez años; ella es joven pero eso también es casual. Hace cinco años, ella tenía 32, quiso ser madre y la idea de tener un hijo me pareció fantástica, pero hay que pensarlo bien porque es una experiencia que te cambia la vida”.

Terminan las salidas hasta cualquier hora, los viajes imprevistos, y comienzan los pañales, las mamaderas y las papillas. A Brascó le permitió recuperar sus ilusiones infantiles: “Le compré un Scalectric, que siempre quise y nunca pude tener, con el que jugamos hasta cansarnos. Me encanta mi hija, es muy divertida”.
Miguel supo que iba a nacer Milagros, ahora de cinco años, antes que Luisa: “Hablamos un martes y el viernes ella viajó a La Cumbre, donde tenemos una casa. Yo le dije a mis amigos en Buenos Aires que estaba embarazada y cuando la llamaban para felicitarla, ella decía: ‘Está loco’. Pero yo viajé la semana siguiente y el embarazo estaba confirmado”.

Brascó reflexiona: “El varón argentino siempre está como imposibilitado de ser padre por los cuidados para no embarazar a las mujeres, o las precauciones que toman las mujeres para no ser embarazadas por los tipos. Mi conclusión fue que mis pobres espermatozoides, que habían sufrido toda su vida reticencias y censuras, apenas tuvieron vía libre la embarazaron con velocidad y precisión. Igual me hubiera pasado a los 20 años, o a los 6, que es cuando uno está más rendidor”.

Reconoce que estar casado con una mujer joven no le permite envejecer y que tener una hija “siendo grande”, tiene sus complicaciones: “Siempre hay algún boludo que te dice: ‘Ay, qué linda su nietita’, y eso en el fondo molesta. Depende de quién lo diga y del ánimo que tenga ese día, le aclaro: ‘No, boludo, es mi hija’. Lo que sucede es que el otro siempre saca conclusiones de extrema generalidad y ambigüedad, del tipo: ‘Mirá vos, el tipo ese’, frase llena de sabiduría. Pero en esos equívocos están la sal y la pimienta de la vida”.

El actor Héctor Bidonde: tenía 3 años cuando perdió a su mamá y Laura, la hija que tuvo en su primer matrimonio, murió en 1977 con 16 años recién cumplidos. Sintió que la vida le había quitado mucho y se instaló en la soledad de relaciones episódicas. En ese tren comenzó a verse con Virginia construyendo una situación que califica de “escandalosa”: “Yo tenía 59 y ella 23. Jugábamos con esa relación tan border hasta que, razonablemente, dijimos que ya era hora de que cada uno siguiera su camino”.

En eso estaban cuando apareció el embarazo: “Fue un golpe al corazón. Durante 72 horas me negué absolutamente, no podía aceptarlo. Al cuarto día decidí pensar en por qué sí y cuando constaté qué me pasaba en realidad, me pareció una especie de milagro”.
En esos días Bidonde se acordó mucho de su primera experiencia como padre: “Laura había nacido cuando yo tenía 23 años, era demasiado joven. Estudiaba y trabajaba de 7 a 1 todos los días. Aunque le dí mucho amor no le prestaba la suficiente atención. Esos 16 años se me pasaron como un soplo de viento”.

Curiosamente, cuando llegó Agustina, hace casi seis años, su padre también estaba en un momento estupendo, con trabajos gratificantes: “Fue otra señal de la vida. Creo, sin connotación religiosa, que fue un milagro... Y hasta el día de hoy vivo con la aventura y el viaje que significa. Volver a tener un bebé en brazos fue una bendición muy particular...”
Haber pasado del “no” al “sí” en cuatro días se relaciona con los 20 años que vivió sin hijos: “Me lo negué por el miedo a lo que pasó con Laura, pero ese miedo no desaparece nunca. Cuando lo acepté me parecía que, así como la adolescencia se estiró hasta los 25 años, yo no he sido hombre hasta después de los 50. El destino y la vida son tan poderosos, que hay que hacerles caso”.

Ante la palabra abuelo ríe con ganas: confiesa que lo confunden lunes, miércoles y viernes. Es más: Agustina, cada tanto, lo saluda con un: “¿Qué hacés, nono?”. La hija le puso una gran cuota de realidad sobre los hombros: se metió en política desde la cultura y la educación, se pregunta qué le pasa a un niño en el colegio con el estrés de los deberes y se asombra a diario con nuevas y viejas cosas. Bidonde reconoce: “Me estoy poniendo viejardo y me pregunto: ¿Cómo seguirá esto?”. Y se responde: con el todo los días sin desatender el proyecto, que en su caso es convivencia, encuentro, colegio, familia y las clases de teatro. Bidonde vive su paternidad como “un hecho maravilloso”: todas las noches vigila que Agustina esté bien tapada y dice que “verla despertar cada mañana es una alegría”.

Gato Dumas aunque admite que los 64 años lo tiñeron de “viejo cascarrabias”, con cinco hijos de su primer matrimonio con Lala, está convencido de que “no hubo paternidad como la actual” y lo explica: “Tenía 23 años cuando nació Pablo. Yo era un papanatas, un imbécil que los manejaba como un trofeo. Me traje de Inglaterra un cochecito tan suntuoso que no entraba en el ascensor. Nunca me dí cuenta qué era tener un hijo hasta que nació Olivia”.
Eso fue en el 2000 y ahora Dumas dice: “Tengo que pedirles mil perdones a los otros, por la poca bola que les di. Trabajaba como un cretino y si los veía diez minutos los domingos era mucho. Lo hablé mucho con ellos, pero eso no me saca la culpa”.

Gato es contundente: “¿Olivia una nieta? Nada que ver. Es mi hija y la malcrío como tal. La malcrianza de abuelo, que lo soy y la practico, es muy diferente a la de padre. Mariana (Gassó, su esposa de 36 años) es menor que mi hijo mayor pero no por eso la trato como si fuera mi hija. Es mi pareja”.
El matrimonio luchó por Olivia durante años y tuvo que afrontar pérdidas de embarazos muy dolorosos, el último de trillizos con casi seis meses. “Yo tenía un programa diario en América a las 20 con tribuna. Recuerdo a un señor que me dijo: ‘Gato, andá a tu casa y volvé en siete días’. Era Jorge Lanata, pero yo no podía decirle a la gente que me traía chupetes que en ese mismo momento los estábamos perdiendo”.

Dumas llegó a decir que Dios existía pero no era bueno. Cuando nació Olivia, después de una fecundación in vitro, se reconcilió con ese Dios: “Te saca por un lado pero te da por el otro, quizá es un cretino que te prueba todo el tiempo”. En cuanto a la exigencia física de criar un hijo, Gato asegura que la paternidad lo llevó a cuidarse: “Dejo de chupar, de comer, vuelvo a casa temprano para verla antes de que se vaya a dormir. Trato de vivir la mayor cantidad de años posible porque no quiero dejar de ver a mis dos mujeres”.
La pareja guardó tres embriones congelados y el año pasado intentaron un nuevo embarazo, con resultado negativo. “Nos quedamos con Olivia, que no es solamente ni nada más. Es todo. Vale por los siete mil millones de habitantes de este mundo.”

Psiconálisis y política

Se rumorea que la mayoría de los políticos argentinos no se psicoanaliza. Dato difícil de verificar. Para que el psicoanálisis funcione debe ser confiable el secreto profesional de sus prestadores. Según mi experiencia de 35 años de oficio, aquel rumor podría ser cierto. ¿A qué se debe en un país como la Argentina, con una de las mayores tasas de analizantes en el mundo, contando no sólo los consultorios privados sino también las instituciones públicas? Siendo, además, un país que no ha sido arrasado aún por los perros (primeros objetos de los experimentos pavlovianos) de las terapias cognitivo conductuales, ni por la utilización de psicofármacos masivamente y marginada de los tratamientos por la palabra, como ocurre en EEUU.
Psicoanálisis y política, tradicionalmente, han tenido una relación conflictiva. Que la sociedad funcione, exige dirigentes que acierten y masas identificadas a las indicaciones de ellos, lo que requiere la disolución de los rasgos subjetivos en los vaivenes de las mayorías.
Tres cuestiones obstaculizan a los políticos psicoanalizarse. 1) El Psicoanálisis, al trabajar en función de los deseos inconscientes de cada sujeto para acercarles sus goces, tiende a eliminar su dilución en el efecto de masa, tan necesario al accionar político. Eso hace que los estados más basados en la represión política y la masificación (nazis y stalinistas en el siglo XX) hayan sido los más sanguinarios contra el psicoanálisis. No soportaban la subversión de los sujetos a ser juguetes del dictador de turno. 2) Hasta la aparición de Wilhelm Reich, Ferenczi, Winnicott y particularmente la enorme influencia de Lacan, el análisis era propulsado como una aventura del pensamiento. Los citados, lo concibieron mejor, como una práctica para elaborar la experiencia en su relación entre Inconsciente y conciencia, con el fin de arribar a un accionar decidido y acorde con los deseos que animan a quienes lo utilizan. 3) El político, por estructura de su oficio, tiene que ser un hombre de acción. Muchos de ellos temen que el análisis los sumerja en dudas e indefiniciones que les dificulten actuar. Un buen psicoanálisis por el contrario, les facilitaría pasar al acto en el sentido de sus deseos. Los ejemplos de Mitterand, hechos públicos hace poco, son muestra palpable.
El psicoanálisis no puede ser una práctica reformadora en el sentido de “la moral y las buenas costumbres”. Nadie sale de un análisis más bueno o más malo de lo que entró. Saldrá más o menos agresivo o cruel, de acuerdo a si sus soportes pulsionales inconscientes analizados, hayan encontrado y en que medida, la sublimación como destino. Homenajeo con estas líneas a Wilhelm Reich, expulsado de la Internacional Comunista por psicoanalista y de la psicoanalítica por comunista. Terminó su vida en EE.UU. , preso por acción del macartismo. Según dijeron, “paranoico”.

Sergio Rodríguez 6 de diciembre del 2005

2.400 caracteres sin espacio, 2862 con.

Insistimos en mirar para otro lado

Insistimos en mirar para otro lado. Como dos de las principales religiones monoteístas, no así la tercera, la musulmana, sostienen como única legalidad la de la monogamia; insistimos en creer que ese es el “matrimonio verdadero”. Pues no es así, ni nunca fue así. ¿La razón? Que más allá y más acá de razones económicas, societarias y de creencias, deseos y goces inciden fuertemente en la sexualidad humana. Y tanto, deseos como goces, no se atienen a reglamentos ni estabilidades. El deseo desea, sin respetar al otro. El goce queda obligado a tomarlo en cuenta para no quedarse sin partenaire y dedicado a los placeres solitarios, como decía don Alfredo Zitarrosa. La poligamia y la poliandria funcionan encubiertas, a excepción de la cultura musulmana con respecto a la primera. ¿Bajo qué formas? La más común es la de tener amantes. Muchos, tienen tanta o más importancia que el consorte oficial. En América latina fue tradicional, la casa grande y la casa chica. En varias regiones aún lo es. En la chica, no sólo vive la amante, sino también los hijos tenidos con ella. Otra forma es el divorcio, que disfraza la cuestión a través de la sucesión temporal de esposas y esposos.
Los seres humanos somos intransmisiblemente singulares, lo que nos lleva a que las ilusiones de entendimiento no duren demasiado y recaigamos en la creencia de que con la nueva, el nuevo, sí va a llegar el entendimiento tan deseado. Poligamias y poliandrias, no dejan de repetir en el planeta, deseos desengañados.

Sin título

El pasaje de la niñez a la adolescencia, siempre resultó complejo para sus protagonistas. Mientras su forma de pensar lleva fuertes marcas de la infancia reciente, sus cuerpos rápidamente van tomando formas y funcionamientos adultos. Menstruaciones, senos y caderas en desarrollo, eyaculaciones, “pelitos”, “estirones”. Les es difícil reconocer el cuerpo que ven en el espejo. Y a los espejos queridos, con suerte los ojos de sus padres, tampoco les resulta fácil reconocerlos en su nuevo estadio y posicionarse ante él. Es un fenómeno de la Cultura, que con diferentes formas atravesó y atraviesa la historia. Ritos de iniciación, Bar Mitzva, Bad Mitzva, Confirmaciones cristianas, etc., son reliquias de cómo diferentes etnias intentaron hacerse cargo del problema. Ninguna reconoció como tránsito el de la niñez a la adultez. Freud lo llamó Segundo despertar sexual de la pubertad. Fue común hasta comienzos del siglo XX, que soldaditos de 14 años integraran ejércitos. En Tel Aviv acaba de morir un “hombre” bomba de 16 años, la edad de Matías Bragagnolo, matando civiles indiscriminadamente. La adolescencia es transitar una crisis.
La Cultura occidental en la posmodernidad, cree en nombre del antiautoritarismo que lo mejor es liberar a quienes transitan esa crisis, de las autoridades: padres y/o docentes. Se hizo del ideal de libertad, un bien supremo que dejó a los adolescentes sin brújula ni referencias. Referencias para que aceptaran, aceptaran a medias o se opusieran. Pero dejarlos sin referencias, es abandonarlos en medio de la selva humana, totalmente al albur de reacciones para las que aún no están preparados. La otra cara: lo difícil, para padres y autoridades de ayudarlos en ese camino. Pero renunciar a ejercer la función que corresponde, por esa dificultad, es una respuesta cobarde. Mejor errar, que renunciar.
En el hasta ahora confuso episodio que llevó a la muerte de Matías Bragagnolo, me llaman la atención las siguientes cuestiones. Matías, amigas y amigos, reunidos en el departamento de un barrio de clase media en no mala posición económica, piden un delivery de cerveza. Una de las chicas, quiere otra bebida distinta pero también con contenido alcohólico. Es la razón por la que Matías, 16 años y a esas horas de la madrugada, baja con otros dos a buscarla. ¿Ningún familiar pensó en la salud física, psíquica y la seguridad de esos chicos, como para oponerse a esa situación de riesgo? En la banda atacante, al más pesado lo llaman “Sodape” alusión en “vesre” a la dimensión de su pene. Al más diminuto de tamaño y de edad, 12 años, “Soronguito”, soretito. Justamente este pibe es el que todos señalan como el provocador. A todas luces sobreactuaba, para deshacerse del lugar desvalorizado que el sobrenombre le daba. Aceptada por Matías la invitación a pelear, se hace cargo de la riña Sodape, obligado “moralmente” a defender sus “galones”. Desatada la pelea se produce una pérdida general de control y en una réplica siniestra de lo habitual en la sociedad de los adultos (Proceso, Irak, etc.) el caído es pateado.
Resulta oscuro el episodio de la intervención policial. Llegan al lugar empujados por una denuncia de la patota sobre que les habían robado un celular. ¿Si la patota sólo era agresora, por qué no huyó? El policía ¿por qué hizo una toma riesgosa a un chico desarmado?
No fueron hijos de Fierro[1], no habrían golpeado al caído. Ni hermanos del Sargento Cruz, que hubiera defendido al patoteado.



[1] Martín Fierro

Sin Título

Masturbarse es el primer acto autodidáctico de cada uno de nosotros. Surge como respuesta a las primeras pérdidas. Chuparse el dedo, mirarse la manito, los dedos, los piecitos. Escucharse los primeros ruidos que producen voluntariamente los labios, etc. El prototipo será luego, refregarse el pitín, y en las nenas, apretujarse el clítoris con las piernas. Masturbarse, va a servir a muchos fines y no sólo a la descarga erótica. Puede también ser un modo de asegurarse independencia ante adultos muy “sobre protectores”, respuesta resentida y retaliativa ante rígidos moralistas, acto erótico por inhibiciones en las relaciones con los otros (heterosexuales u homosexuales). Fuente habitualmente de sentimientos de culpa, encubridores de la deuda que se toma con quien - como consecuencia - se le niega satisfacción erótica. Contrariamente a lo que se supone, raramente es un goce solitario. Fotos, videos, películas pornográficas están ante la mirada del que se masturba, otras veces pueblan y se hace presente en su Inconsciente fantasías “normales”, sádicas, masoquistas, o sádico masoquistas. En su defecto, recuerdos, imágenes de actividad sexual tenidas o imaginadas con alguien. Sólo en casos muy graves de psicosis, aparece la masturbación seca y compulsiva. No es fuera de lo común, saber de parejas en las cuales uno de ambos queda insatisfecho tras el coito y continúa a solas, o al lado del partenaire, con una masturbación. A veces la masturbación es llevada a cabo sobre el/la insatisfecho/a, por el propio acompañante.
Internet y teléfonos, le han dado realidad virtual a estos fenómenos trayendo algunas consecuencias, inesperadas. Así, personas que nunca han tenido relación presencial, se “comunican” regularmente, para contarse fantasías que les resultan excitantes y fuente de masturbaciones. “Resuelven” así, el temor que habitualmente engendra el otro, a la vez que satisfacen su tensión erógena. Un factor más que cultiva tendencias de la Cultura actual: aislamiento, individualismo e idiotez.

Blumberg

Los datos delictivos aportados sobre la guardia por la que se hizo custodiar el señor Blumberg en su acto de Plaza de Mayo, me hacen a puntualizar lo siguiente.
Una persona, en este caso dicho señor, resulta marcada subjetivamente y como resultante caracterizado, no sólo por lo que dice, sino principalmente, por lo que hace.
La mayoría lamentamos el infame secuestro y asesinato sufrido por su hijo Axel. Muchos lo acompañamos firmando su primer petitorio y otros lo acompañaron a su primera marcha y a esta última. Blumberg defraudó la memoria de su hijo y la confianza puesta en él por esa parte de la ciudadanía, al llevar su accionar haciéndose acompañar por ex policías acusados de asesinatos, secuestros, chantajes y otros delitos. Con lo que legitimó las ilegalidades de las que fueron autores ¿Qué pudo haberlo impulsado a semejante defraudación?
No puedo afirmar nada sobre sus antecedentes previos, por desconocerlos. Sí, que en este último acto se alió con elementos similares a los que mataron a su hijo. ¿Cómo puede darse semejante voltereta del destino? Es común en mucha gente que prefiera presentarse como víctima que como victimario. Así se presentan él, y los “sin gorra” que reclaman la “justicia y trabajo” que éstos, no quisieron honrar. Por eso es imprescindible administrar justicia, no según los cantos de sirena de quienes se presentan como víctimas, sino según las penalizaciones que indiquen las leyes en relación a los delitos cometidos.

Chabán

En la entrevista, Chaban gozó a pleno de sus facultades mentales.
La manejó asesorado por su abogado al que citó varias veces. Sus principales fundamentos se centraron en supuestas ignorancias sobre los peligros que encerraba Cromañón. Mostró haber estado poseído por igual mecanismo que el que motoriza a muchos empresarios del espectáculo, shoppings y lugares de concentraciones públicas en general. Subestiman albures y riesgos que encierran las modalidades con que los hacen funcionar. Utilizó en provecho propio, conflictos que advierte en Callejeros. Señaló con precisión, la lógica parcializada para la búsqueda de culpables conque se mueve el grupo de padres más numeroso. Diferenció masacre, de catástrofe. Extendió la culpabilidad a todos los participantes. Planteó una tesis central: se lo usa como señuelo y no como chivo expiatorio. Mensaje evidente: lo usan, no tanto para expiar culpas colectivas que denuncian, sino para capturar y distraer a necesitados de expiación propia. Da a entender que los prejuicios lo linchan. Sus puntos de quiebre y llanto se produjeron, cuando lo inundaba el sentimiento de soledad que lo acosa.
Dijo: “Todo lo que pasó está más allá de la dimensión humana. Más allá de lo que cualquiera podía haber imaginado en cualquier parte del mundo. Nadie escucha a nadie, todos quieren pelearse con todos” Es cierto en parte, por eso la reacción general ha sido tan pasional y poco racional. Nadie quiso hacerse cargo, Chabán tampoco, de la cuota de responsabilidad que le cabe.

Sergio Rodríguez Tel. 4776-0959 y 4773-7354 e mail: srodrig@fibertel.com.ar

Callejeros

Callejeros lanzó Señales, su nuevo disco al mercado. Con él, envían sus señales a quienes quieran leerlas. En un par de horas su primer CD después de Cromañón, se agotó en Capital y Córdoba. Un público contestó con sus propias señales. La primera: estar preso de una enorme ansiedad causada por no entender aún, aquella noche fatídica. No buscan sólo apoyar a Callejeros en su adversidad. Quieren saber sobre ella, a través de sus letras y su música. Para eso pagaron, lo que para muchos adquirentes provenientes de condiciones económicamente modestas es una enormidad. El CD salió a 45 pesos, unos 17 pesos más, 51 %, que el más caro de sus anteriores. Señal de que para una masa numerosa, dicho deseo de saber era imperioso.
Análisis de algunas letras
"Frente al río", cuya letra y Música pertenece a su cantante Pato Fontanet, evidencia que la escribió en pleno duelo por su novia fallecida en Cromañón. Dice: Paso noches hablando de vos,/este es mi insólito monólogo/de hoy. Por más que lo acompañen, incluso cuando habla de ella, sigue raro, extraño, en un presente de soledad. Cuando se cuelga y se empieza a preguntar por ella en el más allá, lo anima sin esperanza el deseo de creer, pues pensar lo devuelve a una pérdida de la que no hay marcha atrás /.../ “hoy no te tengo/y solo, cargo con mi cruz. // Estas historias/nunca tienen fin/y más si en este tema/hablo de mí.” El dolor de haberla perdido, no le da tregua. Con tal fuerza que fantasea: /.../ “A tu espacio/en algún tren/me voy a ir.” Le ronda la idea de la muerte propia, como creencia para reencontrarse con su amada perdida.
"Señales" –canción- elaboración de cuya letra compartieron Fontanet y Carbone, trata de mandar señales sobre cómo están. Comienzan diciendo: Ni la ironía de la irónica ironía,/ni lo falso de la falsa falsedad... ni la burla fina y disimulada que da a entender lo contrario de lo que se dice, ni lo falso que hay en la verdad, le explican lo que explican/los que explican sobre la verdad. No encuentran explicaciones y dan la propia. Soy un muerto encerrado/en un cuerpo vivo, /soy un vivo que hace tiempo que murió. Observemos que no fechan su sentirse muertos, lo remontan a hace tiempo y lo colocan en continuidad a “soy un vivo”, que en nuestro lunfardo puede estar aludiendo inconscientemente, a que su “viveza” los mató. La que atribuyen a que: Sólo siento pero siento/sin sentidos. Sienten que en la sociedad que vivimos, los sentidos, vista, oído, piel; les impiden sentir. Los tóxicos: aspiración de adhesivos de contacto, paco, marihuana, cocaína, ingesta de alcohol, distorsionan los sentidos haciendo sentir distinto, /.../ sólo hay descontrol. Reivindican al descontrol que los arrojó al desastre. Catalogan al azar que los traicionó: A tu suerte, siempre restale una duda./A esa duda, una posibilidad./Si esa posibilidad se vuelve/tan loca, esa es tu verdad. Y locamente reivindican el suicidio-homicidio, el desastre, como su verdad. Para un juez no soy/más que un crimen perfecto./Para otros, he sufrido/un gran revés./(...) El ambicioso sólo habla de ambiciones,/ los diarios/mienten a diario y no entendés/como es que tanta gente/sólo compra noticias al revés./ No creen en los que los acusan, en los que los defienden, en los diarios, ni en la gente. No creen en nada ni en lo que proyectan: Tal vez te asombra que no crea ni en mi sombra/ o te sorprende/que aún así pueda cantar./Es que cuando la canción canta/ verdades ni la censura/ni el rencor la han de callar. Cantan sus verdades sin censura y con rencor: Sólo soy un bicho/tan roto y tan sediento/como aquella vez dicen en otra de las estrofas, ¿Cromañón?.Señales apocalípticas
Las diversas sociedades, ésta también, han tenido siempre de parte del núcleo más arruinado, la espera de algún Apocalipsis como “solución final”. La muerte como el vehículo para abandonar este “valle de lágrimas”. Callejeros no advierten, o no quieren advertir, que lo único que los diferencia de “El ambicioso sólo habla de ambiciones”, es que ellos suman sus dolores y fatalismos, pero también, como cualquier ambicioso financiero de esta sociedad los usan para fogonear sus ambiciones en pesos. Dicho de otra manera, hacen de su dolor y del de los demás afectados por la tragedia, un gran negocio. No es lo único que digo de Callejeros. Lo analizado previamente también está. Sólo señalo, cómo caen en la trampa que denuncian, plegándose a los que acusan.
La posmodernidad financiera y la disgregación social
La Revolución Industrial fue producto del descubrimiento de la máquina de vapor, y estimulado por eso, el nacimiento de capitalistas que continuaron la tradición humana de buscar la máxima ganancia. Pero con pasión también, hasta cierto punto como la de los viejos maestros artesanos, de enorgullecerse de la calidad de sus productos. El huracán de los 80/90 del siglo XX, colocó en el centro del poder al capital financiero. Para éste no hay ganancia más importante que la exclusivamente dineraria. Por eso cambian seguido sus inversiones de una rama de la industria y/o el comercio a otra. Su único interés reside en ampliar su capital financiero. El dinero de por sí, es un símbolo sin sentido propio. La calidad de la producción o de lo que se comercia, agregaba un plus de representación a la vacuidad del dinero. Ofrecía otros ideales al capitalista, que sólo el de aumentar beneficios económicos. La ambición, sin más representaciones que la vacuidad del dinero, empuja a la sociedad y particularmente a los más jóvenes, a las drogas, la disgregación y los desastres. No olvidemos Cromañón u hoy, San Pablo.

Sin Título


Un acontecimiento político está sobredeterminado por la capacidad de observación y cálculo de quien lo produce, y los azares con que se encuentra. Machiavelo definía: “Virtud y Fortuna”. Las primeras, cualidades humanas. Los azares: por saberes ignorados o imposibilidades de anticiparlos. El político técnicamente capaz sabe, más o menos concientemente, que el destino de sus actos depende de las mismas. Sobre las primeras, evalúa. Sobre las segundas, le resulta imposible. Ahí nace su dependencia de diversas consultorías. De mediciones de la opinión pública y otros espionajes, de diagnósticos y pronósticos económicos, de geopolítica, etc. Todas, amenazadas igualmente por el azar y lo no sabido. La sorpresa, siempre acecha. Ante esa eventualidad, ateos se hacen creyentes vergonzantes. Científicos, recurren a los signos del zodíaco, a las brujas o a los parapsicólogos. Algo que los tranquilice haciéndoles suponer, que pueden evitar la maldición de la sorpresa. Alejandro Magno recurría al interpretador de sueños Artemidoro de Daldis, que espontáneo, intuitivo e inconscientemente, usaba desciframientos que miles de años después descubriría Freud como legalidades del Inconsciente.
Lo fascinante, es que a veces en esas prácticas logran algo de lo que buscan. Ya que, modalidades particulares de estructuraciones subjetivas muy tempranas, dejan en algunas personas remanentes de la comunicación sin palabras entre madres e hijos. Ellas facilitan algunos desciframientos de lo que el otro no sabe que porta.

Sin Título


El actor Jorge D’Elía, de 65 años, padre de cinco varones de dos matrimonios anteriores, no dudó un instante cuando su actual esposa, Cira Caggiano, de 40, manifestó su deseo de tener un hijo: Después de diez años de convivencia le pareció lo más “acertado y necesario”. “Nos faltaba una proyección como pareja –comenta–, era egoísta negarme”. Así nació Facundo, que hoy tiene dos años, apenas unos meses menos que Teo, el nieto más chico de Jorge.
D’Elía afirma que siempre tomó la paternidad como “un hecho natural”: “Nunca me hice la cabeza con las grandes cuestiones filosóficas. Yo no tuve seis hijos, cada vez tuve un hijo. Son todos diferentes, todos buscados y esperados”. Sin embargo, reconoce diferencias: “Cuando nacieron Marcelo, Federico y Hernán, todavía estaba lleno de dudas, no sabía quién era ni qué quería. Era impaciente, pretendía imponerme con mis hijos, algo de lo que me he arrepentido. Facundo recibe un padre más tranquilo: ya sé que soy autor y actor, sé cómo es mi vida y que, salvo las sorpresas, no tendrá variaciones. Casi diría que soy como un abuelo para mi propio hijo”.
Ni bien lo dice aclara que sólo se refería a la paciencia, pero en la calle lo confunden más de una vez: “Ya me pasaba con Damián y Diego (de 14 y 18 años en la actualidad). Cuando me dicen: ‘Qué lindo nietito’, aclaro que soy el padre pero tranquilizo a los confundidos porque no desconozco que soy abuelo y es una posibilidad absolutamente lógica. Pero me alegra ser el padre de Facundo, todavía estoy en plena actividad”.

Al periodista Miguel Brascó no le parece que esa cuestión merezca un análisis: “Dios y la vida deciden en qué momento envían los hijos. Me casé con la chef Luisa González hace diez años; ella es joven pero eso también es casual. Hace cinco años, ella tenía 32, quiso ser madre y la idea de tener un hijo me pareció fantástica, pero hay que pensarlo bien porque es una experiencia que te cambia la vida”.
Terminan las salidas hasta cualquier hora, los viajes imprevistos, y comienzan los pañales, las mamaderas y las papillas. A Brascó le permitió recuperar sus ilusiones infantiles: “Le compré un Scalectric, que siempre quise y nunca pude tener, con el que jugamos hasta cansarnos. Me encanta mi hija, es muy divertida”.
Miguel supo que iba a nacer Milagros, ahora de cinco años, antes que Luisa: “Hablamos un martes y el viernes ella viajó a La Cumbre, donde tenemos una casa. Yo le dije a mis amigos en Buenos Aires que estaba embarazada y cuando la llamaban para felicitarla, ella decía: ‘Está loco’. Pero yo viajé la semana siguiente y el embarazo estaba confirmado”.
Brascó reflexiona: “El varón argentino siempre está como imposibilitado de ser padre por los cuidados para no embarazar a las mujeres, o las precauciones que toman las mujeres para no ser embarazadas por los tipos. Mi conclusión fue que mis pobres espermatozoides, que habían sufrido toda su vida reticencias y censuras, apenas tuvieron vía libre la embarazaron con velocidad y precisión. Igual me hubiera pasado a los 20 años, o a los 6, que es cuando uno está más rendidor”.
Reconoce que estar casado con una mujer joven no le permite envejecer y que tener una hija “siendo grande”, tiene sus complicaciones: “Siempre hay algún boludo que te dice: ‘Ay, qué linda su nietita’, y eso en el fondo molesta. Depende de quién lo diga y del ánimo que tenga ese día, le aclaro: ‘No, boludo, es mi hija’. Lo que sucede es que el otro siempre saca conclusiones de extrema generalidad y ambigüedad, del tipo: ‘Mirá vos, el tipo ese’, frase llena de sabiduría. Pero en esos equívocos están la sal y la pimienta de la vida”.

el actor Héctor Bidonde: tenía 3 años cuando perdió a su mamá y Laura, la hija que tuvo en su primer matrimonio, murió en 1977 con 16 años recién cumplidos. Sintió que la vida le había quitado mucho y se instaló en la soledad de relaciones episódicas. En ese tren comenzó a verse con Virginia construyendo una situación que califica de “escandalosa”: “Yo tenía 59 y ella 23. Jugábamos con esa relación tan border hasta que, razonablemente, dijimos que ya era hora de que cada uno siguiera su camino”.
En eso estaban cuando apareció el embarazo: “Fue un golpe al corazón. Durante 72 horas me negué absolutamente, no podía aceptarlo. Al cuarto día decidí pensar en por qué sí y cuando constaté qué me pasaba en realidad, me pareció una especie de milagro”.
En esos días Bidonde se acordó mucho de su primera experiencia como padre: “Laura había nacido cuando yo tenía 23 años, era demasiado joven. Estudiaba y trabajaba de 7 a 1 todos los días. Aunque le di mucho amor no le prestaba la suficiente atención. Esos 16 años se me pasaron como un soplo de viento”.
Curiosamente, cuando llegó Agustina, hace casi seis años, su padre también estaba en un momento estupendo, con trabajos gratificantes: “Fue otra señal de la vida. Creo, sin connotación religiosa, que fue un milagro... Y hasta el día de hoy vivo con la aventura y el viaje que significa. Volver a tener un bebé en brazos fue una bendición muy particular...”
Haber pasado del “no” al “sí” en cuatro días se relaciona con los 20 años que vivió sin hijos: “Me lo negué por el miedo a lo que pasó con Laura, pero ese miedo no desaparece nunca. Cuando lo acepté me parecía que, así como la adolescencia se estiró hasta los 25 años, yo no he sido hombre hasta después de los 50. El destino y la vida son tan poderosos, que hay que hacerles caso”.
Ante la palabra abuelo ríe con ganas: confiesa que lo confunden lunes, miércoles y viernes. Es más: Agustina, cada tanto, lo saluda con un: “¿Qué hacés, nono?”. La hija le puso una gran cuota de realidad sobre los hombros: se metió en política desde la cultura y la educación, se pregunta qué le pasa a un niño en el colegio con el estrés de los deberes y se asombra a diario con nuevas y viejas cosas. Bidonde reconoce: “Me estoy poniendo viejardo y me pregunto: ¿Cómo seguirá esto?”. Y se responde: con el todo los días sin desatender el proyecto, que en su caso es convivencia, encuentro, colegio, familia y las clases de teatro. Bidonde vive su paternidad como “un hecho maravilloso”: todas las noches vigila que Agustina esté bien tapada y dice que “verla despertar cada mañana es una alegría”.

Gato Dumas aunque admite que los 64 años lo tiñeron de “viejo cascarrabias”. Con cinco hijos de su primer matrimonio con Lala, está convencido de que “no hubo paternidad como la actual” y lo explica: “Tenía 23 años cuando nació Pablo. Yo era un papanatas, un imbécil que los manejaba como un trofeo. Me traje de Inglaterra un cochecito tan suntuoso que no entraba en el ascensor. Nunca me di cuenta qué era tener un hijo hasta que nació Olivia”.
Eso fue en el 2000 y ahora Dumas dice: “Tengo que pedirles mil perdones a los otros, por la poca bola que les di. Trabajaba como un cretino y si los veía diez minutos los domingos era mucho. Lo hablé mucho con ellos, pero eso no me saca la culpa”.
Gato es contundente: “¿Olivia una nieta? Nada que ver. Es mi hija y la malcrío como tal. La malcrianza de abuelo, que lo soy y la practico, es muy diferente a la de padre. Mariana (Gassó, su esposa de 36 años) es menor que mi hijo mayor pero no por eso la trato como si fuera mi hija. Es mi pareja”.
El matrimonio luchó por Olivia durante años y tuvo que afrontar pérdidas de embarazos muy dolorosos, el último de trillizos con casi seis meses. “Yo tenía un programa diario en América a las 20 con tribuna. Recuerdo a un señor que me dijo: ‘Gato, andá a tu casa y volvé en siete días’. Era Jorge Lanata, pero yo no podía decirle a la gente que me traía chupetes que en ese mismo momento los estábamos perdiendo”.
Dumas llegó a decir que Dios existía pero no era bueno. Cuando nació Olivia, después de una fecundación in vitro, se reconcilió con ese Dios: “Te saca por un lado pero te da por el otro, quizá es un cretino que te prueba todo el tiempo”. En cuanto a la exigencia física de criar un hijo, Gato asegura que la paternidad lo llevó a cuidarse: “Dejo de chupar, de comer, vuelvo a casa temprano para verla antes de que se vaya a dormir. Trato de vivir la mayor cantidad de años posible porque no quiero dejar de ver a mis dos mujeres”.
La pareja guardó tres embriones congelados y el año pasado intentaron un nuevo embarazo, con resultado negativo. “Nos quedamos con Olivia, que no es solamente ni nada más. Es todo. Vale por los siete mil millones de habitantes de este mundo.”

Psicoanálisis y Política

6 de diciembre del 2005



Se rumorea que la mayoría de los políticos argentinos no se psicoanaliza. Dato difícil de verificar. Para que el psicoanálisis funcione debe ser confiable el secreto profesional de sus prestadores. Según mi experiencia de 35 años de oficio, aquel rumor podría ser cierto. ¿A qué se debe en un país como la Argentina, con una de las mayores tasas de analizantes en el mundo, contando no sólo los consultorios privados sino también las instituciones públicas? Siendo, además, un país no sido arrasado aún por los perros (primeros objetos de los experimentos pavlovianos) de las terapias cognitivo conductuales, ni por la utilización de psicofármacos masivamente y marginada de los tratamientos por la palabra, como ocurre en EEUU.
Psicoanálisis y política, tradicionalmente, han tenido una relación conflictiva. Que la sociedad funcione, exige dirigentes que acierten y masas identificadas a las indicaciones de ellos, lo que requiere la disolución de los rasgos subjetivos en los vaivenes de las mayorías.
Tres cuestiones obstaculizan a los políticos psicoanalizarse. 1) El Psicoanálisis, al trabajar en función de los deseos inconscientes de cada sujeto para acercarles sus goces, tiende a eliminar su dilución en el efecto de masa, tan necesario al accionar político. Eso hace que los estados más basados en la represión política y la masificación (nazis y stalinistas en el siglo XX) hayan sido los más sanguinarios contra el psicoanálisis. No soportaban la subversión de los sujetos, a ser juguetes del dictador de turno. 2) Hasta la aparición de Wilhelm Reich, Ferenczi, Winnicott y particularmente la enorme influencia de Lacan, el análisis era propulsado como una aventura del pensamiento. Los citados, lo concibieron mejor, como una práctica para elaborar la experiencia en su relación entre Inconsciente y conciencia, con el fin de arribar a un accionar decidido y acorde con los deseos que animan a quienes lo utilizan. 3) El político, por estructura de su oficio, tiene que ser un hombre de acción. Muchos de ellos temen que el análisis los sumerja en dudas e indefiniciones que les dificulten actuar. Un buen psicoanálisis por el contrario, les facilitaría pasar al acto en el sentido de sus deseos. Los ejemplos de Mitterand, hechos públicos hace poco, son muestra palpable.
El psicoanálisis no puede ser una práctica reformadora en el sentido de “la moral y las buenas costumbres”. Nadie sale de un análisis más bueno o más malo de lo que entró. Saldrá más o menos agresivo o cruel, de acuerdo a si sus soportes pulsionales inconscientes analizados, hayan encontrado y en que medida, la sublimación como destino. Homenajeo con estas líneas a Wilhelm Reich, expulsado de la Internacional Comunista por psicoanalista y de la psicoanalítica por comunista. Terminó su vida en EE.UU. , preso por acción del macartismo. Según dijeron, “paranoico”.


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Sin Título


Insistimos en mirar para otro lado. Como dos de las principales religiones monoteístas, no así la tercera, la musulmana, sostienen como única legalidad la de la monogamia; insistimos en creer que ese es el “matrimonio verdadero”. Pues no es así, ni nunca fue así. ¿La razón? Qué más allá y más acá de razones económicas, societarias y de creencias, deseos y goces inciden fuertemente en la sexualidad humana. Y tanto, deseos como goces, no se atienen a reglamentos ni estabilidades. El deseo desea, sin respetar al otro. El goce queda obligado a tomarlo en cuenta para no quedarse sin partenaire y dedicado a los placeres solitarios, como decía don Alfredo Zitarrosa.
La poligamia y la poliandria funcionan encubiertas, a excepción de la cultura musulmana con respecto a la primera. ¿Bajo qué formas? La más común es la de tener amantes. Muchos, tienen tanta o más importancia que el consorte oficial. En América latina fue tradicional, la casa grande y la casa chica. En varias regiones aún lo es. En la chica, no sólo vive la amante, sino también los hijos tenidos con ella. Otra forma es el divorcio, que disfraza la cuestión a través de la sucesión temporal de esposas y esposos.
Los seres humanos somos intransmisiblemente singulares, lo que nos lleva a que las ilusiones de entendimiento no duren demasiado y recaigamos en la creencia de que con la nueva, el nuevo, sí va a llegar el entendimiento tan deseado. Poligamias y poliandrias, no dejan de repetir en el planeta, deseos desengañados.

El goce basurero, de Mauricio Macri

Es un apasionado de la basura. Esta palabra suele repetirse en sus escasas declaraciones, una de ellas, refiriéndola a esta revista. Se ha dedicado fuertemente, al negocio de recolección de basura. Eligió como estampita electoral, sacarse una foto al lado de una nena pobre junto a un montón de basura. ¿Esta pasión de Mauricio, puede decirnos algo más qué, que tiene ojo para uno de los negocios más redituables de la era ecosistema basurero? ¿Y algo más, que su afán político de recaudar votos entre los sectores más marginados, aprovechándose de la exclusión de los mismos de la economía y la cultura?
Tal vez nos ayude, tomar en cuenta declaraciones de su padre y respuestas de él.
En La Nación, Franco Macri, “…admitió que la última vez que tuvo una charla a fondo con su hijo fue "hace varios años" El jefe del clan familiar cuenta, que hace mucho que Mauricio, quedó al margen de la relación con él. Lo que fue ratificado por éste cuando en respuesta declaró: “Es una muestra más de que no tengo nada que ver con las actividades de mi padre" Con respecto a las declaraciones laudatorias de papá Franco hacia Kirchner, según La Razón, “su hijo Mauricio, diputado nacional y líder de Pro, admitió ayer que tomó con ‘suma incomodidad’ la situación”.
Resumamos. Gusto por trabajar con la basura, con mostrarse cerca de la basura escudándose en una niña, insistencia de la palabra basura en su boca.
Acá, “un corte, una quebrada y volvemos”. A partir de los 80 se han ido produciendo modificaciones fundamentales en el modo de producción capitalista. Fueron las que sostuvieron desde la estructura económica, el “éxito” en definitiva fracaso, de la oleada neoconservadora, que una mayoría de cerebros de sociólogos, economistas y políticos (políticamente correctos) prefirieron llamar neo-liberalismo. En vías de extinción las grandes cadenas de producción como efecto de la informatización y robotización de aquella y su aprovechamiento voraz por los capitalistas, se instaló en la aldea global la desocupación estructural. A veces más, a veces menos, pero desde entonces, omnipresente. La misma instaló también, la exclusión del circuito productivo de enormes masas de personas. Dicha exclusión, las despersonaliza progresivamente. Esto, sumado a la globalización, gracias al desarrollo de las comunicaciones en todos los terrenos: telefónico, informático, televisivo, vial, aeronáutico y marino, ha generado condiciones para el desarrollo de un nuevo tipo de capitalista al que sólo le interesa aumentar la tasa de ganancia. Lo que colocó en el centro al capital financiero y al “negocio” de comprar empresas, reciclarlas según los nuevos patterns para venderlas con grandes ganancias, y las deslocalizaciones de empresas. A estos capitalistas, ya no les importa el buen nombre y honor de sus firmas. Lo que paradojalmente, ya que ocupan el centro de la escena, los transforma en marginales a la civilización, despersonalizándose. De ahí, la tendencia a aliarse entre esos grandes capitalistas y la mano y seso de obra, marginada de la producción. Los une, la des-civilización. Esa alianza se da entre jefes del narcotráfico (basura), bancos (norteamericanos incluidos) políticos, militares y policías. En otros sectores, dicha alianza trafica objetos en apariencia un poco menos espurios: dinero, basura, pero también despersonalizantes.
Mauricio, según sus propias declaraciones, es un hijo marginado de la relación con el padre. Cagado, como en las ocasiones en que Franco Macri alabó a Kirchner e incómodo por sentirse cagado. Es común, que los que se sienten cagados, hagan cagadas para cagar a otros. Lo que sostiene la cadena de cagadas de la humanidad, transformándola cada vez más en un gran basurero de basuras recicladas para producir más basura. Resulta lógica entonces, la pasión de Mauricio por la basura.

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El pasaje de la niñez a la adolescencia, siempre resultó complejo para sus protagonistas. Mientras su forma de pensar lleva fuertes marcas de la infancia reciente, sus cuerpos rápidamente van tomando formas y funcionamientos adultos. Menstruaciones, senos y caderas en desarrollo, eyaculaciones, “pelitos”, “estirones”. Les es difícil reconocer el cuerpo que ven en el espejo. Y a los espejos queridos, con suerte los ojos de sus padres, tampoco les resulta fácil reconocerlos en su nuevo estadio y posicionarse ante él. Es un fenómeno de la Cultura, que con diferentes formas atravesó y atraviesa la historia. Ritos de iniciación, Bar Mitzva, Bad Mitzva, Confirmaciones cristianas, etc., son reliquias de cómo diferentes etnias intentaron hacerse cargo del problema. Ninguna reconoció como tránsito el de la niñez a la adultez. Freud lo llamó Segundo despertar sexual de la pubertad. Fue común hasta comienzos del siglo XX, que soldaditos de 14 años integraran ejércitos. En Tel Aviv acaba de morir un “hombre” bomba de 16 años, la edad de Matías Bragagnolo, matando civiles indiscriminadamente. La adolescencia es transitar una crisis.
La Cultura occidental en la posmodernidad, cree en nombre del antiautoritarismo que lo mejor es liberar a quienes transitan esa crisis, de las autoridades: padres y/o docentes. Se hizo del ideal de libertad, un bien supremo que dejó a los adolescentes sin brújula ni referencias. Referencias para que aceptaran, aceptaran a medias o se opusieran. Pero dejarlos sin referencias, es abandonarlos en medio de la selva humana, totalmente al albur de reacciones para las que aún no están preparados. La otra cara: lo difícil, para padres y autoridades de ayudarlos en ese camino. Pero renunciar a ejercer la función que corresponde, por esa dificultad, es una respuesta cobarde. Mejor errar, que renunciar.
En el hasta ahora confuso episodio que llevó a la muerte de Matías Bragagnolo, me llaman la atención las siguientes cuestiones. Matías, amigas y amigos, reunidos en el departamento de un barrio de clase media en no mala posición económica, piden un delivery de cerveza. Una de las chicas, quiere otra bebida distinta pero también con contenido alcohólico. Es la razón por la que Matías, 16 años y a esas horas de la madrugada baja con otros dos a buscarla. ¿Ningún familiar pensó en la salud física, psíquica y la seguridad de esos chicos, como para oponerse a esa situación de riesgo? En la banda atacante, al más pesado lo llaman “Sodape” alusión en “vesre” a la dimensión de su pene. Al más diminuto de tamaño y de edad, 12 años, “Soronguito”, soretito. Justamente este pibe es el que todos señalan como el provocador. A todas luces sobreactuaba, para deshacerse del lugar desvalorizado que el sobrenombre le daba. Aceptada por Matías la invitación a pelear, se hace cargo de la riña Sodape, obligado “moralmente” a defender sus “galones”. Desatada la pelea se produce una pérdida general de control y en una réplica siniestra de lo habitual en la sociedad de los adultos (Proceso, Irak, etc.) el caído es pateado.
Resulta oscuro el episodio de la intervención policial. Llegan al lugar empujados por una denuncia de la patota sobre que les habían robado un celular. ¿Si la patota sólo era agresora, por qué no huyó? El policía ¿por qué hizo una toma riesgosa a un chico desarmado?
No fueron hijos de Fierro[1], no habrían golpeado al caído. Ni hermanos del Sargento Cruz, que hubiera defendido al patoteado.



[1] Martín Fierro

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Masturbarse es el primer acto autodidáctico de cada uno de nosotros. Surge como respuesta a las primeras pérdidas. Chuparse el dedo, mirarse la manito, los dedos, los piecitos. Escucharse los primeros ruidos que producen voluntariamente los labios, etc. El prototipo será luego, refregarse el pitín, y en las nenas, apretujarse el clítoris con las piernas. Masturbarse, va a servir a muchos fines y no sólo a la descarga erótica. Puede también ser un modo de asegurarse independencia ante adultos muy “sobre protectores”, respuesta resentida y retaliativa ante rígidos moralistas, acto erótico por inhibiciones en las relaciones con los otros (heterosexuales u homosexuales). Fuente habitualmente de sentimientos de culpa, encubridores de la deuda que se toma con quien - como consecuencia - se le niega satisfacción erótica. Contrariamente a lo que se supone, raramente es un goce solitario. Fotos, videos, películas pornográficas están ante la mirada del que se masturba, otras veces pueblan y se hace presente en su Inconsciente fantasías “normales”, sádicas, masoquistas, o sádico masoquistas. En su defecto, recuerdos, imágenes de actividad sexual tenidas o imaginadas con alguien. Sólo en casos muy graves de psicosis, aparece la masturbación seca y compulsiva. No es fuera de lo común, saber de parejas en las cuales uno de ambos queda insatisfecho tras el coito y continúa a solas, o al lado del partenaire, con una masturbación. A veces la masturbación es llevada a cabo sobre el/la insatisfecho/a, por el propio acompañante.
Internet y teléfonos, le han dado realidad virtual a estos fenómenos trayendo algunas consecuencias, inesperadas. Así, personas que nunca han tenido relación presencial, se “comunican” regularmente, para contarse fantasías que les resultan excitantes y fuente de masturbaciones. “Resuelven” así, el temor que habitualmente engendra el otro, a la vez que satisfacen su tensión erógena. Un factor más que cultiva tendencias de la Cultura actual: aislamiento, individualismo e idiotez.

Hijos de padres en la tercera edad


Los dichos de los padres muestran, sobre la base de algunas condiciones comunes, como la “novedad les pega” de manera singular. También que comparten sentimientos y problemáticas generales de una paternidad producida después de las edades más habituales. No aparecen entrevistas a hombres maduros que hayan recibido esa paternidad como una carga y mala jugada del destino, u otros, que directamente la hayan rechazado. “Pero... que los hay, los hay”.
Subrayo algunas cuestiones. A través del nombre puesto a una de las criaturas y en otra circunstancia como adverbio, se repite la palabra milagro. Para esos entrevistados dichas hijas vinieron de “un más allá” y no sólo de su decisión. Otra cuestión que se repite es el dilema de si van a funcionar más como abuelos que como padres. La diferencia de edad con la madre del chico, también les “hace ruido”.
A diferencia de los animales, en los hombres la paternidad no es una puramente “natural”. Como lo describe el Gato Dumas, mucho lo aprendemos en la escuela de la vida con errores y dolores. No somos instintivamente padres. Y ese aprendizaje ocurre en medio de una “marea humana” que cree saber como es ser padre y que hay estereotipos para eso. De ahí la anécdota repetida de que les digan abuelos. Una paternidad tardía, especialmente cuando hubo otros hijos antes, ofrece la ventaja del camino recorrido. Aunque puede ocurrir también, que el mismo no haya dejado las enseñanzas necesarias. Tiene el beneficio de llegar en un momento en que esa misma experiencia ha minimizado valores que otrora se sobredimensionó, pero también puede llevar a subestimarlos demasiado. Es el conflicto en los abuelos. A lo que contribuye que el tuteo con la muerte, subraya los sentimientos tiernos. A veces, en exceso.

El juego de tu vida


Relata una experiencia caricaturesca de la de la mayoría de las organizaciones humanas.
Todos tenemos un punto de partida común: el dolor de existir, aunque tome formas y rasgos diferentes en cada uno. En ese punto se origina el deseo de encontrar alguien o alguna organización que sepa como hacer para resolverlo.
Quien testimonia nos cuenta que se acercó a Argentina Work porque anhelaba conseguir pareja y bajar de peso. Dificultades que seguramente sentía muy relacionadas entre sí. Los enroladores le prometen que va a lograr lo que busca y mucho más: cambiar su vida. Los enroladores son personas que le merecen confianza por ser familiares, amigos, compañeros, con los que resulta lógico identificarse y creerles. Había perdido la creencia en sí misma, por no lograr lo que quería: tipo de cuerpo, pareja. Estaba con las condiciones básicas para depositar sus creencias en aquellos que le dijeran que sí saben cómo hacer, intermediados por la confianza en el ser cercano que lo enroló.
Argentina Work, a través de los insultos, descalificaciones y hasta degradaciones, dirigidas siempre a lo que el enrolado sufre como su carencia principal, establece un punto de partida que le hace tener siempre presente dicho sufrimiento y sentirse culpable de él. A partir de eso, produce un desplazamiento en los objetivos a conseguir. Pero siempre en nombre de que se toma un camino lateral, pero necesario para llegar a las metas primigenias (figura, pareja). En dicho desplazamiento el centro de la escena pasa a tomarlo: La Organización. Por ella habrá que hacer una serie de sacrificios (dinerarios entre otros) que demuestren que se está a la altura de la misma y de sus objetivos, los que supuestamente contienen los de quien se está entregando a la experiencia. Además, un sistema de premios y castigos en el que juega una función fundamental la aceptación o el rechazo por parte de jefes y compañeros. O sea, lo que es la carencia que llevó a enrolarse, el déficit en el reconocimiento y el cariño de los otros.
Otro elemento clave está determinado por las condiciones que genera que queden afuera los que duden o se resistan a jugar el juego. El círculo se cierra así a los incondicionales, lo que facilita la atmósfera de fanatismo. Quedan establecidas las condiciones básicas para una locura colectiva. Es muy parecido a lo que ocurre en el seno de “las hinchadas chicas”, “barras bravas”, del fútbol y otros deportes. También juega una función fundamental para atraer, el nombre Argentina Work que en inglés, la lengua de los negocios exitosos, promete work (trabajo) en estas épocas en que tiende a desaparecer.

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En la entrevista, Chaban gozó a pleno de sus facultades mentales.
La manejó asesorado por su abogado al que citó varias veces. Sus principales fundamentos se centraron en supuestas ignorancias sobre los peligros que encerraba Cromañon. Mostró haber estado poseído por igual mecanismo que el que motoriza a muchos empresarios del espectáculo, shoppings y lugares de concentraciones públicas en general. Subestiman albures y riesgos que encierran las modalidades conque los hacen funcionar. Utilizó en provecho propio, conflictos que advierte en Callejeros. Señaló con precisión, la lógica parcializada para la búsqueda de culpables conque se mueve el grupo de padres más numeroso. Diferenció masacre, de catástrofe. Extendió la culpabilidad a todos los participantes. Planteó una tesis central: se lo usa como señuelo y no como chivo expiatorio. Mensaje evidente: lo usan, no tanto para expiar culpas colectivas que denuncia, sino para capturar y distraer a necesitados de expiación propia. Da a entender que los prejuicios lo linchan. Sus puntos de quiebre y llanto se produjeron, cuando lo inundaba el sentimiento de soledad que lo acosa.
Dijo: “Todo lo que pasó está más allá de la dimensión humana. Más allá de lo que cualquiera podía haber imaginado en cualquier parte del mundo. Nadie escucha a nadie, todos quieren pelearse con todos” Es cierto en parte, por eso la reacción general ha sido tan pasional y poco racional. Nadie quiso hacerse cargo, Chaban tampoco, de la cuota de responsabilidad que le cabe.

Sergio Rodríguez
Tel. 4776-0959 y 4773-7354
e mail: srodrig@fibertel.com.ar

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Callejeros lanzó Señales, su nuevo disco al mercado. Con él, envían sus señales a quienes quieran leerlas. En un par de horas su primer CD después de Cromañon, se agotó en Capital y Córdoba. Un público contestó con sus propias señales. La primera: estar preso de una enorme ansiedad causada por no entender aún, aquella noche fatídica. No buscan sólo apoyar a Callejeros en su adversidad. Quieren saber sobre ella, a través de sus letras y su música. Para eso pagaron, lo que para muchos adquirentes provenientes de condiciones económicamente modestas es una enormidad. El CD salió a 45 pesos, unos 17 pesos más, 51 %, que el más caro de sus anteriores. Señal que para una masa numerosa, dicho deseo de saber era imperioso.

Análisis de algunas letras

Frente al río, cuya letra y Música pertenece a su cantante Pato Fontanet, evidencia que la escribió en pleno duelo por su novia fallecida en Cromañon. Dice: Paso noches hablando de vos,/este es mi insólito monólogo/de hoy. Por más que lo acompañen, incluso cuando habla de ella, sigue raro, extraño, en un presente de soledad. Cuando se cuelga y se empieza a preguntar por ella en el más allá, lo anima sin esperanza el deseo de creer, pues pensar lo devuelve a una pérdida de la que no hay marcha atrás /.../ “hoy no te tengo/y solo, cargo con mi cruz. // Estas historias/nunca tienen fin/y más si en este tema/hablo de mí.” El dolor de haberla perdido, no le da tregua. Con tal fuerza que fantasea: /.../ “A tu espacio/en algún tren/me voy a ir.” Le ronda la idea de la muerte propia, como creencia para reencontrarse con su amada perdida.
Señales –canción- elaboración de cuya letra compartieron Fontanet y Carbone, trata de mandar señales sobre como están. Comienzan diciendo: Ni la ironía de la irónica ironía,/ni lo falso de la falsa falsedad... ni la burla fina y disimulada que da a entender lo contrario de lo que se dice, ni lo falso que hay en la verdad, le explican lo que explican/los que explican sobre la verdad. No encuentran explicaciones y dan la propia. Soy un muerto encerrado/en un cuerpo vivo, /soy un vivo que hace tiempo que murió. Observemos que no fechan su sentirse muertos, lo remontan a hace tiempo y lo colocan en continuidad a “soy un vivo”, que en nuestro lunfardo puede estar aludiendo inconscientemente, a que su “viveza” los mató. La que atribuyen a que: Sólo siento pero siento/sin sentidos. Sienten que en la sociedad que vivimos, los sentidos, vista, oído, piel; les impiden sentir. Los tóxicos: aspiración de adhesivos de contacto, paco, marihuana, cocaína, ingesta de alcohol, distorsionan los sentidos haciendo sentir distinto, /.../ sólo hay descontrol. Reivindican al descontrol que los arrojó al desastre. Catalogan al azar que los traicionó: A tu suerte, siempre restale una duda./A esa duda, una posibilidad./Si esa posibilidad se vuelve/tan loca, esa es tu verdad. Y locamente reivindican el suicidio-homicidio, el desastre, como su verdad. Para un juez no soy/más que un crimen perfecto./Para otros, he sufrido/un gran revés./(...) El ambicioso sólo habla de ambiciones,/ los diarios/mienten a diario y no entendés/como es que tanta gente/sólo compra noticias al revés./ No creen en los que los acusan, en los que los defienden, en los diarios, ni en la gente. No creen en nada ni en lo que proyectan: Tal vez te asombra que no crea ni en mi sombra/ o te sorprende/que aún así pueda cantar./Es que cuando la canción canta/ verdades ni la censura/ni el rencor la han de callar. Cantan sus verdades sin censura y con rencor: Sólo soy un bicho/tan roto y tan sediento/como aquella vez dicen en otra de las estrofas,
¿Cromañon?.
Señales apocalípticas

Las diversas sociedades, ésta también, han tenido siempre de parte del núcleo más arruinado, la espera de algún Apocalipsis como “solución final”. La muerte como el vehículo para abandonar este “valle de lágrimas”. Callejeros no advierten, o no quieren advertir, que lo único que los diferencia de “El ambicioso sólo habla de ambiciones”, es que ellos suman sus dolores y fatalismos, pero también, como cualquier ambicioso financiero de esta sociedad los usan para fogonear sus ambiciones en pesos. Dicho de otra manera, hacen de su dolor y del de los demás afectados por la tragedia, un gran negocio. No es lo único que digo de Callejeros. Lo analizado previamente también está. Sólo señalo, cómo caen en la trampa que denuncian, plegándose a los que acusan.

La posmodernidad financiera y la disgregación social

La revolución industrial fue producto del descubrimiento de la máquina de vapor, y estimulado por eso, el nacimiento de capitalistas que continuaron la tradición humana de buscar la máxima ganancia. Pero con pasión también, hasta cierto punto como la de los viejos maestros artesanos, de enorgullecerse de la calidad de sus productos. El huracán de los 80/90 del siglo XX, colocó en el centro del poder al capital financiero. Para éste no hay ganancia más importante que la exclusivamente dineraria. Por eso cambian seguido sus inversiones de una rama de la industria y/o el comercio a otra. Su único interés reside en ampliar su capital financiero. El dinero de por sí, es un símbolo sin sentido propio. La calidad de la producción o de lo que se comercia, agregaba un plus de representación a la vacuidad del dinero. Ofrecía otros ideales al capitalista, que sólo el de aumentar beneficios económicos. La ambición, sin más representaciones que la vacuidad del dinero, empuja a la sociedad y particularmente a los más jóvenes, a las drogas, la disgregación y los desastres. No olvidemos Cromañon u hoy, San Pablo.