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Capítulo 13

El fin del análisis: Lograr un analista de producciones del Inconsciente

Trabajemos juntos, leyendo lo más a la letra que podamos el planteo más orgánico que hizo Lacan en relación al fin de análisis. Fue el de La Proposición del 9 de Octubre de 1967. Juan Carlos Mosca, Mónica Veli y otros colegas de Reanudando con Joyce plantean que hay que tomar el Seminario 23, del Sinthoma, como un seminario que trata también el tema del fin de análisis. Creo que ellos tienen razón. Pero igual lo voy a tomar por el lado de La proposición del 9 de octubre. Lo voy a tomar en parte cronológicamente y también tomando en cuenta cómo se armó el debate dentro del seminario que dio origen a este libro. Qué discurrió con el espíritu que animó al intento de Lacan de articular fin de análisis con nominación de analistas. Es un tema realmente muy difícil para el movimiento psicoanalítico. Lacan va tirando una serie de puntas en diferentes trabajos, sobre el fin de análisis. En La agresividad en psicoanálisis, plantea que al final el analista lleva al analizante al: tú eres eso. En Los cuatro conceptos dice que al fin del análisis el sujeto vive su pulsión y encuentra su estilo. La cita no es literal pero esa es la idea. En La Proposición del 9 de octubre de 1967 parte de –les voy a decir la traducción que a mí me parece que es la mejor, que tiene diferencias muy de detalles con la más habitual pero me parece que son detalles que tienen cierta importancia. La traducción sería: "el psicoanalista no se autoriza más que de sí mismo". O sea, mete esa modalidad gálica de utilizar la negación para ir hacia una afirmación. La traducción más habitual es: "el psicoanalista sólo se autoriza de sí mismo". La modalidad gálica en este caso me interesa, porque plantea que: el psicoanalista no se autoriza, para inmediatamente plantear una paradoja, más que de sí mismo.

Roberto Vecchiarelli planteó que hay una aparente contradicción. Si dice: el analista se autoriza de sí mismo sería contradictorio con la inaccesibilidad de sí mismo. Entonces, dándole una lógica a su planteo Roberto planteó: subrayo esto como momentos, instantes en que uno se da cuenta cómo se mueve, que está funcionando como analista, que a veces uno se sorprende a uno mismo. Dijo más adelante: de ahí me parece que desde que va surgiendo el autorizarse, desde una posición subjetiva más que de una relación al saber. En general comparto su planteo. Estoy de acuerdo en que el que se autoriza a sí mismo observa su ser expresado en acto y dice: está en condiciones de analizar. Voy por la fenoménica de nosotros los analistas y estoy seguro de que los que están en ejercicio se reconocerán en alguno de sus momentos. Hay tiempos en la formación de los analistas que duran más allá pasado el promedio de la formación inicial y hasta bastante avanzado el análisis cuando en un momento uno se pregunta: ¿pero esto que hago, sirve? ¿Esto realmente cura? Inclusive uno tiende a deprimirse. Esto suele observarse también como efecto en consultorios que entran a perder pacientes de una manera casi inexplicable. Cuando se conversa con los colegas uno se da cuenta de que hay una coincidencia entre ese momento en que están perdiendo pacientes con el que se formulan esas preguntas y entran en ese estado de ánimo. Uno se puede preguntar ¿pero qué es primero, el huevo o la gallina? Creo que ninguno de los dos. Se trama una trama. Justamente porque de algún modo han ocurrido algunos fracasos en el trabajo de ese analista es que a ese analista se le plantean dichas preguntas. Al planteárselo de esa manera se le plantean dos posibilidades depresivas ambas. Una: soy un mal analista. Otra: esto que hago no sirve. Estoy seguro de que esto nos ha pasado a todos o por lo menos a la inmensa mayoría. Es más, cuando alguien no dice que le ha pasado esto, desconfío. Cuando dice: No, a mí siempre me fue bien. Me acuerdo de uno en este momento al que le dieron el alta en plena elación. Recuerdo cuando me enteré de que le habían dado el alta, pensé: pobre, en algún momento se va a dar la cabeza contra la pared, y vamos a ver qué efectos le produce esto. Porque una cosa es cuando uno se encuentra con algún impacto de lo real cuando está volando tranquilo y otra cosa cuando uno está volando en la estratósfera. Cuando a uno le está ocurriendo eso no se está autorizando de sí mismo como analista. No es un problema de si cuelga la chapa o no. La chapa la colgamos todos, no nos engañemos, porque tenemos que comer, tenemos familia queremos llevar adelante el oficio. Acá estamos hablando de algo más profundo que colgar la chapa. Por otro lado cualquiera de las dos Facultades básicas de las que salen la mayoría de los futuros psicoanalistas, Psicología y Medicina dan título habilitante. Es cierto que algunos analistas vienen de Letras, Filosofía o Sociología, pero no es lo más común. Lo más común es que vengan de Psicología y Medicina. Cualquiera de esas dos carreras nos autoriza a colgar la chapa y a macerarle la cabeza al primero que nos caiga en el consultorio. Es así, pero no es de eso de lo que se trata. De lo que se trata es de cuando justamente ya hemos tenido algunos errores. Uno de mis primeros errores. Me mandan una dama que era muy joven y bonita, muy fóbica al sexo, que venía con esa indicación de parte del derivador. Lo tenía cortito a su hombre, en todo los sentidos de la palabra. ¡Impenetrable! Yo estaba de lo más curioso por comprobar las teorías de Freud sobre la sexualidad. Después de cinco o diez minutos de la primera entrevista le digo: ¿cuando tuvo sus primeras relaciones sexuales y qué tal le fue? No volvió más, como ustedes se imaginarán. Por supuesto, no quedé contento con la experiencia.

Después que pasa ese período llamémosle original, viene ese otro en el que uno tiene más experiencia y ha producido efectos analíticos. Sin embargo puede haber un momento fuerte de vacilación. Ahí –me parece– es donde se pone en juego lo de autorizarse. Estoy de acuerdo en ese sentido con el planteo de Roberto. Eso no se resuelve por la relación al saber académico. Algunos creen que sí, entonces estudian y estudian, pero los pacientes se siguen yendo del consultorio, siguen sin poder armar su consultorio. Entonces buscan algún trabajito subsidiario que les permita vivir, empiezan a aparecer síntomas de algún tipo de supuestos analistas que tienen al psicoanálisis como hobby, pero que viven de otra cosa. Pero el grueso no, el grueso transforma eso en tema de su análisis y se van transformando en analistas. Recuerdo que en mi tercer análisis, ya no era ningún pibe, nunca fui pibe bah, alguna vez pero hace muchísimos años. Pero no en el análisis. Me acuerdo de que mi dilema en esa época era que no podía pasar de las treinta y cuatro horas semanales de trabajo. Más o menos en 1980, por ahí. Sesiones y sesiones que giraban alrededor de eso. Me acordé de que mi papá a los treinta y cuatro años tuvo un reumatismo infeccioso, de que le sacaron toda la dentadura y no sé cuantas cosas. Entonces yo estaba anclado al treinta y cuatro en relación a otras cuestiones, no sé si en relación a otras cuestiones, no sé. Pero en realidad el análisis no cura porque uno diga: ah es eso! Por ejemplo, tenía fobia a la sangre. Cada vez que me sacaban sangre me desmayaba. Un buen día dejé de desmayarme. Tuvo que ver con el análisis pero si me preguntan por qué, no tengo la más mínima idea. Esta cuestión de que un psicoanalista no se autoriza más que de sí mismo, creo que tiene que ver con eso. Pero Lacan tuvo que plantearse ese problema cuando él, que era Didacta fue expulsado de la Internacional. Se quedó sin respaldo institucional. Poco tiempo después de La proposición del 9 de octubre de 1967 tres años después, en una jornada que hubo sobre el pase en la Escuela Freudiana de París donde plantea que el pase no está andando, dice que se ha interpretado mal lo que él decía y que el psicoanalista no se autoriza más que de sí mismo y de algunos otros, agrega esta frasecita.

Creo que se dio cuenta que había largado a un montón da kamikazes a creerse analistas. Este también es un problema, el yo se infla fácilmente y a la megalomanía se puede ir tan fácil como a la minusvalía de la depresión. Entonces, que alguien se crea que es analista no es nada fuera de lo común. Ahora, determinar si se está autorizando de sí mismo o lo que hay es una inflación narcisística, es algo a lo que sólo en el lazo social con el Otro el implicado puede aproximarse. Por eso lo mejor es que la duda ocurra cuando se está en análisis. Estos no son pequeños problemas. Fíjense que cuando Lacan empezó a ir a fondo sobre el tema del fin de análisis hizo una crítica rigurosa a la concepción de Michael Balint. Balint no era cualquiera, era uno de los analistas más merecidamente importantes de la escuela inglesa. Además con aproximaciones muy interesantes y pioneras a muchas cuestiones, entre otras el trabajo grupal con médicos y enfermeros en función de analizar los efectos que producen en ellos sus tareas. Se puede leer sobre eso cuestiones muy interesantes en el libro de Benjamín Uzorskis, Clínica de la subjetividad en territorio médico. Lacan le criticó su planteo del fin de análisis como identificación al analista y con la elación como su síntoma. La elación como síntoma de fin de análisis es opuesta a la observación de Melanie Klein sobre la tonalidad depresiva como indicio de finalización del análisis producto de la proximidad de separación con el analista. Melanie Klein plantea el fin de análisis a través de la posición depresiva porque se produce una pérdida en el fin de análisis que al mismo tiempo que, hablando en términos de ella, favorece la integración de la personalidad, llevaba a la depresión del paciente. Balint en eso la enfrentó. Lacan no sólo en la Proposición del 9 de octubre de 1967 sino también en Los atolladeros de Michael Balint en el Seminario I, se lo critica. Y retoma lo de Melanie Klein. En La Proposición del 9 de octubre de 1967 habla de posición depresiva; toma el término tal cual. Es una temática compleja. Tan compleja que además un tipo tan inteligente como Oscar Masotta, que sin lugar a dudas fue el principal introductor de la obra de Lacan en Buenos Aires –jugaron un rol destacado también Sciarreta y Maci, pero el gran introductor fue Masotta. Sin embargo, cuando presentó la Escuela Freudiana de Buenos Aires ante una asamblea la Escuela Freudiana de París dijo lo siguiente: "Si es que el psicoanalista se debe a sí mismo, habíamos entendido, es a él a quien le corresponde determinar lo que eso quiere decir". Esa frase es terrible.

Creo que marcó a fuego al movimiento lacaniano porteño. Éste en un territorio muy amplio de seguidores, es absolutamente narcisístico. Soberbio, pedante, intolerante, con lo que se suele ganar antipatías innecesarias. Creo que mucho proviene de esa frase de Masotta. Analizada a la letra, instala la cuestión del psicoanalista en el terreno de la deuda, pero en el terreno de una deuda absolutamente narcisística: se debe a sí mismo. Eso lo lleva a encerrarse: es a él quien le corresponde determinar lo que eso quiere decir. O sea que es la arbitrariedad más absoluta, es por fuera del Otro. Lo que no es lo mismo que la des-alienación del Otro, son dos cosas muy diferentes. Otra cuestión es la siguiente: ni a Freud, ni a los pos-freudianos, ni a Lacan, les quedó al margen que no había ninguna otra forma de decidir sobre la función del analista que no fuera en una íntima relación con el análisis del analista. Desde ese hito común, cada uno tomó su camino. La Internacional lo burocratizó haciendo que para llegar a titular hubiera que dar una serie de pruebas cada vez más de género académico y tener x cantidad de horas de vuelo y supervisión. Primero se era aspirante, luego adherente, después titular y “”top” Didacta. Acá en la Argentina ahí por el año 1978 condensaron al titular y al didacta. Después que se fue la gente de Plataforma, de Documento, etc. Quedaron con un problema, se les habían ido los principales didactas. Es un escalafón. Me ha tocado analizar didactas de acá, no digo de cuál de las vertientes IPA. Me acuerdo de preguntarle, bueno: usted teóricamente está analizado, ¿para qué viene? La respuesta fue: no, no, ahora quiero analizarme en serio. Y efectivamente tenía pendientes problemas gruesos por cómo había transcurrido su análisis didáctico. Esto también tiene que ver con el camino que siguió acá en Buenos Aires el psicoanálisis. Pero les digo esto porque el problema con el llamado didáctico de la IPA fue que se burocratizó. Lacan plantea algo genial: no importa con quién se analizó ni cuánto tiempo, lo que importa son los efectos. Desde ahí se plantea y piensa la cuestión del pase. Lo que propone sencillamente, es qué si alguien terminó o no su análisis hay que determinarlo après-coup. No se puede decir por anticipado. He ahí la cuestión clave.

Es a partir de esa concepción que propone los dos jurados. El de confirmación, que no se juega tanto en relación al análisis sino en relación a haber dado pruebas suficientes, o sea escritos, seminarios, charlas, etc. La institución reconocerá eso. Si el analista dio pruebas de formación suficiente lo reconoce Analista Miembro de la Escuela. Léanlo a la letra, porque ahí le están dando el título de analista y de miembro de la Escuela. En cambio en el movimiento del pase, el grado que se les da es de Analista de la Escuela. También léanlo a la letra. Porque algo que ha pasado poco percibido es que los Analistas de la Escuela tienen la obligación de analizar y teorizar sobre la marcha del movimiento psicoanalítico. Cosa que a los Analistas Miembros no se les exige, a los Analistas Miembros se les reconoce la capacidad para practicar el análisis en intensión, a los Analistas de la Escuela se les va a exigir intervenir en el psicoanálisis en extensión. No sólo en el psicoanálisis en intensión. ¿De qué manera? Vayamos entonces a la Proposición del 9 de octubre de 1967. Dice: "El pasaje del psicoanalizando al psicoanalista, posee una puerta del que ese resto que hace su división es el gozne, (la bisagra) o sea que esta división que es la del sujeto, de la que este resto es la causa". Obviamente se está refiriendo al a como causa de deseo y en consecuencia de sujeto a éste. Se va a jugar el pasaje del analizando al analista en relación a esa bisagra que va a estar funcionando ahí. Digamos que eso es lo que él establece como axioma de la lógica que se va a desplegar. Sigue: "En este viraje en el que sujeto ve zozobrar la seguridad que tomaba de ese fantasma en que se constituye para cada uno su ventana sobre lo real, lo que se percibe es que la aprehensión del deseo no es más que la de un des-ser, (desêtre)". Fíjense, parte del a, pero del a como causa dividiendo al sujeto. Luego les plantea que el sujeto toma su seguridad habitualmente del fantasma al que se refiere. Justamente lo que el análisis va a lograr es que zozobre ese fantasma y entonces el sujeto se enfrente a eso que causa su deseo que no es nada más que un des-ser. ¿Cómo podríamos decir de otra manera des-ser? Porque tampoco es no ser, pero sí es falta en ser. Eso sí podemos decir. “En ese des-ser, (en esa falta en ser) se devela lo inesencial del sujeto supuesto saber, de donde el psicoanalista por venir se consagra el agalma de la esencia del deseo ...”. Paremos un poquito aquí. En esa falta en ser se devela que no hay esencia de saber en el sujeto. Eso hace que ese psicoanalista que está por venir, que por ahora se está analizando pero para que advenga un psicoanalista se consagra a analizar las vestiduras, el agalma.

Ustedes recuerdan los que han leído el Seminario de la Transferencia[1], cuando Sócrates le dice a Alcibíades, no es conmigo es con Agatón. Él era sólo la apariencia de lo que Agatón buscaba y lo que éste buscaba, también era en definitiva otra vestidura. Dice: "... dispuesto a pagarlo reduciéndose, él y su nombre, al significante cualquiera." Ahí de golpe, pega un golpe para decir, bueno: el que quiere advenir psicoanalista justamente porque se encuentra con el vacío de su ser y el vacío de su ser lo toma, lo aprehende, hache intermedia, se va a poder reducir a ser un significante cualquiera. Es muy común, observen cualquiera de los otros oficios de la salud que no se dejen insultar como nos dejamos insultar nosotros, o desconfiar como dejamos que desconfíen de nosotros, o pensar mal como dejamos que piensen de nosotros. Y no es porque somos santos en el sentido de que estamos buscando el cielo. En realidad el aprecio que sentimos por nosotros, es justamente porque no nos sentimos obligados por el peso de un lleno que no está. Eso nos permite disfrazarnos del significante que el analizando en su comienzo nos suponga.

"Dado que él ha rechazado el ser que no sabía la causa de su fantasma, en el momento mismo donde al fin ese saber supuesto, le ha devenido". Porque digamos, cuál es la causa de su fantasma? No es que la encuentre como tal, en el mismo momento que la encuentra la pierde. En Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis Lacan toma el mito de Eurídice, recuerden: Orfeo va a salvar a Eurídice, la busca en las profundidades de la caverna, pero tiene una instrucción: no tienes que dar vuelta tu cabeza hasta que ella no haya salido. Cuando él ve la luz, se da vuelta y ahí la vuelve a perder. En relación a nuestro ser lo que nos pasa constantemente es eso, eso es lo que el análisis nos muestra, que nuestro ser no es consistente. Más adelante dice: "Así el ser del deseo confluye con el ser del saber para renacer de él anudándose ambos en una banda hecha del único borde en el que se inscribe una única falta, la que sostiene el agalma".

Fíjense que si el ser de deseo del analizando se articula al ser del saber, se entiende que inconsciente, –el único borde de banda es una referencia al que se recorre en la banda de Moebius y que en un único movimiento sin levantar lo que lo curse nos hace atravesar de una cara a la otra de esa banda–. Ese único borde encuentra y encubre la falta, ya que su recorrido recorre imperceptiblemente las dos caras. Lo no percibido por quedar encubierto por ese borde que funciona tipo agalma, y en consecuencia no sabido del recorrido, es lo que coloca en falta al ser del que recorre la banda. Dice: "La paz no viene de inmediato a sellar esta metamorfosis en la que el partenaire se desvanece al ser sólo saber en vano de un ser que se sustrae". Los pacientes creen que uno sabe todo sobre ellos y uno sabe muy poco, realmente sabemos muy poco. Una amigota del mercado sabe mucho más que nosotros sobre alguna amiga. Justamente porque no es la función nuestra saber sobre los dimes y diretes de una persona, sino en todo caso trabajar con lo que aparece en falta en ellos. Por lo tanto nuestro saber hacer está referido a lugares y tiempos de emergencias de las faltas. Sabemos en vano[2]. Somos nada más que aberturas para saberes que advendrán para el sujeto. Sólo somos eso: agujero. Esto me parece muy importante, es la única vez que lo dice en toda su elaboración, y me parece muy importante. "Toquemos allí la futilidad del término de liquidación para este agujero en el que solamente se resuelve la transferencia". En general en psicoanálisis la mayoría de las escuelas hablan de la liquidación de la transferencia Lacan tiene razón, no hay liquidación de la transferencia, si no el sujeto quedaría totalmente por fuera del lazo social. Quien esté leyendo este libro es porque por alguna razón está en transferencia con mis letras. Yo también necesito entrar en transferencia con ustedes para transferirles mi transferencia con el psicoanálisis. Yo estoy en sus preguntas y ustedes están esperando lo que les voy a decir. Por supuesto no es la misma la transferencia que se establece entre los lectores y el libro que la utilización del poder de la transferencia por algún político o cualquier otro tipo de líder que monta escenas para cultivarlo. En esas circunstancias se puede captar la diferencia entre una transferencia resuelta y una transferencia salvaje como la que ellos utilizan.

"Veo allí sólo, contra la apariencia, denegación del deseo del analista." En lo de la futilidad del término liquidación para la relación con ese agujero en el que se resuelve la transferencia, se manifiesta la denegación del deseo del analista. Es claro, si no hubiera agujero ahí no habría lo que causaría el deseo del analista. Esto es muy importante, tiene una relación muy estrecha con la cuestión de que la relación no es simple entre dos partenaires, entre dos seres vivientes, sino acomplejada por las relaciones de discurso que para eso se producen. Entonces, el deseo del analista no surge de los agujeros que causan los deseos del analista en sí sino del agujero que se produce en esa relación con el analizante. Este punto es muy importante. Después da ejemplos que son complejos y sobre los que no especifica suficiente como para poder analizarlos a fondo[3]. Los transcribo al pasar. "Ya que hay quien, al divisar a los dos partenaires jugar como las dos caras de una pantalla giratoria en mis últimas líneas, no puede aprehender que la transferencia sólo ha sido siempre el eje de la alternancia misma". La relación no es entre dos partenaires sino que toma la transferencia como eje, como relación de discurso. Agrega: "Así del que ha recibido la llave del mundo en la hendidura de la impúber ...". O sea, donde el niño o latente se ha encontrado con la castración femenina en alguna niña. " Así del que ha recibido la llave del mundo en la hendidura de la impúber, el psicoanalista ya no debe esperar una mirada, sino que se ve convertirse en una voz". Esto también me parece muy importante. No es que al final de análisis desaparezca el objeto sino que se produce un movimiento en relación al mismo. El que estaba totalmente atrapado por la mirada porque en realidad estaba atrapado por la imago de aquel genital femenino que observó alguna vez; un síntoma, un indicio de que el análisis ha caminado y está en otro punto es si pasa la voz a ocupar ese lugar. La llave es el falo, si pasa la voz del analista a ocupar este lugar en vez de su mirada, hay un indicio de que algo importante se modificó. "Y este otro que, niño, ha encontrado su representante representativo en su irrupción a través del diario desplegado con el que se amparaba el campo de esparcimiento de los pensamientos de su genitor, remite al psicoanalista el efecto de angustia donde él oscila en su propia deyección". Se está refiriendo a una escena típica más frecuente en las niñas pero no sólo, tratando de atraer la mirada del que no pasa de genitor a padre, en tanto habitualmente mira para otro lado por ejemplo un diario. Lo que los hace sentirse objetos deyectados. Algunos responden actuando “agresiva”, intempestivamente. Alrededor de esa escena va a volver repetidamente el análisis de esa niña o niño y de la angustia que quedó de su lado.

"Así el fin del análisis conserva en sí una ingenuidad en relación con la que se plantea un interrogante de si se la debe considerar una garantía en el pasaje al deseo de ser psicoanalista". Dice que a su fin un análisis conserva una fuerte cuota de ingenuidad. Tan trabajoso, tan doloroso, tan angustiante, tan ... Que lleva tanto tiempo y demás. En definitiva ¿para qué? Para que ese ser parlante se pueda desprender de todas esas vestiduras que estaban sosteniendo su fantasma y encontrarse con eso que él llamó el des-ser. La carencia en ser. Alguien podría decir: ¿y para eso tanto lío? Antes había hablado de pacificación. Efectivamente produce una pacificación de un orden particular. No porque no se nos vayan a morir seres queridos, no porque no vaya a haber separaciones u otros disgustos familiares, amistosos, de trabajo o enfermedades. O encuentros con la muerte a la vuelta de esquina. Que a uno le resbalen esas cosas sería una tontería. Lo que pasará es que lo transcurrirá desde otra posición, desde otro lugar. En definitiva, quien está siempre ligado a su fantasía llena de oropeles y vestiduras, a lo que está ligado es a lo que cree que puede tener y sabe que no tiene, ese es el dolor y la angustia mayor de ese sujeto. Es muy distinto de aquel que capta que en realidad son solamente oropeles y no lo esencial de esa levedad del ser –retomando la bella frase de Milan Kundera– que a cada uno nos habita y que soportándola nos permite vivir un poco más tranquilos. Pero subrayo en esa frase: con lo que se planteó el interrogante de que si se la debe considerar una garantía en el pasaje al deseo de ser psicoanalista. Se está planteando que no tiene claro si el fin de análisis garantiza que se instale el deseo del psicoanalista. Deja un interrogante. Que después nosotros hayamos hecho una ideología de eso y la hayamos creído, es problema nuestro, pero él lo dejó como interrogante. "De quien podría sí esperarse un testimonio justo sobre aquel que franquea este pase ...". En realidad habría que decirlo en pregunta: "¿De quién podría sí esperarse un testimonio justo sobre aquel que franquea este pase sino de otro que como él lo es aún este pase? Es decir, en quien está presente en ese momento el des-ser en el que su psicoanalista guarda la esencia de lo que le ha pasado (passé) como un duelo, ...". Ahí retoma lo de Melanie Klein, "... sabiendo así, como cualquier otro en función de didacta, que a ellos también se les pasará (passera)". Ahí hace un juego de palabras. Claro, los primeros encontronazos con la propia inconsistencia son dolorosos. Ustedes saben que duro tiene que ver con doloroso. Son dolorosos. Cuentan de algunas experiencias en París de tipos que andaban hechos zombis por la calle. Creo que además algunos jurados se metieron con psicosis no desencadenadas, es más, las desencadenaron. Pero si es un neurótico más o menos común, se le termina pasando, en definitiva se termina identificando a su falta de ser.

Ya fuera del texto de Lacan retomo los planteos de los colegas de Reanudando con Joyce, cuando establecen como hipótesis que el Seminario del Sinthoma es un seminario sobre el final de análisis. Creyendo seguir al Lacan de ese seminario, creo que el sinthoma, el cuarto nudo, es el que anuda el punto donde falla el anudamiento de los tres en cualquier tipo de estructura. Por lo tanto, efectivamente opera sobre fallas. Ninguno de nosotros cuando terminó su análisis se puso en bolas y salió a caminar por la calle, diciendo: no existo, no existo. Cada uno siguió acostándose con su señora, o con la amante, comiendo, ejerciendo su profesión, cuidando a sus hijos, etc., etc. Se produce nudos sobre puntos de falta en ser. Si no, sería esa ilusión que cada vez se escucha menos pero que hace quince o veinte años se escuchaba mucho, de que lo simbólico podría totalizar y que si lo simbólico totalizara, todo andaría mejor. Eso es ignorar que simbólico, imaginario y real es una estructura; imposible que no esté. Cuando no está va la esquizofrenia a su fase de demenciación, cada vez menos frecuente gracias a los psicoanalistas u otros terapeutas bien orientados y a los psicofármacos de última generación. En la Paranoia y en la Melancolía, aunque sea anudada por el delirio, la estructura de tres se sostiene con ese cuarto. Lo que dichos colegas dicen, si los interpreto bien, es cierto. Hay una cierta continuación en dicho seminario con el trabajo de la temática del fin de análisis. Porque justamente es el sinthoma el que hace que se nos pase el pase, no en el sentido de que no haya más pase, sino en ese punto del des-ser, tan angustiante, doloroso, deprimente, etc. "Quién podría mejor que este psicoanalizando en el pase autentificar allí lo que ya posee de la posición depresiva". Insisto, ahí es donde Lacan toma textualmente a Melanie Klein. "No exponemos así al viento nada de lo que es posible darse la apariencia si en ello no se está". Cuando alguien viene con falsa modestia, un analista puede darse cuenta de que viene con falsa modestia. Si viene con soberbia, que viene con soberbia. Es muy distinto que el viene pinchado pero no en el sentido melancólico sino cuando se cree un genio incomprendido y eso se nota también, si no el que viene ... qué se yo ... ¿Conocen el cuento del asadito de los santiagueños? Uno está haciendo un asadito, pasa un tipo muy rico y le dice:

–¡¿Cómo usted perdiendo el tiempo acá haciendo un asadito?!
–Sí, estoy tomando unos mates acá con mi hijo ...
–Por qué hace eso?
–Bueno, porque me gusta ...
–¡¿Bueno y ya que sabe hacer eso por qué no pone un puesto de choripanes?
Se las hago corta. El rico imaginó al santiagueño que terminaría teniendo una cadena de restaurantes.
–¿Y para qué todo eso?, le replica el santiagueño.
–¡Y ..., así tiene tiempo después para comer un asadito tranquilo y tomar unos mates con su hijo!
Esa es la diferencia entre el des-ser y el estar jugado absolutamente a un supuesto ser.
El santiagueño le dice: ya estoy comiendo el asadito.

El santiagueño. No está psicoanalizado, llegó por su propia cuenta. Es lo que a veces cuento de Atahualpa Yupanqui, llegó por su propia cuenta, él no se psicoanalizó jamás. Como él varios que podría nombrar. En Borges había algo de eso. Porque esa es la otra cuestión Ya que nombré a Yupanqui y a Borges, no es que el psicoanalizando que pasó a psicoanalista terminó con su psicoanalista, terminó su psicoanálisis, etc., resultó un superman, sin ningún problema, ni defecto, ni cuestión; eso sería justamente volver a creer en la consistencia del ser. No, cada uno va a arrastrar lo suyo, pero va a encarar de otra manera sus repeticiones y lo real de su vida en general. Estas condiciones son fundamentales para multiplicar la eficacia en el ejercicio del oficio de psicoanalista. Ustedes recuerdan que cuando le preguntan a Borges cuál ha sido su peor pecado, él decía: no haber sido feliz. Lo decía en serio. Como se habrán ido dando cuenta, no se puede regimentar qué es un fin de análisis. Comparto absolutamente lo que dijo Ricardo Estacolchic en su artículo publicado por www.psyche-navegante.com.ar “Si hay un código de fin de análisis entonces no es un análisis, no se puede codificar. Si la gente entra para lograr tal cosa eso no es un análisis”. Comparto ese razonamiento lógico, preciso y sencillo de Ricardo.

Preguntas y comentarios

Alejandro del Carril: una cuestión que se me ocurrió leyendo la Proposición del 9 de octubre. Porque vos generalmente planteas la cuestión del fin de análisis, en relación a que el sujeto pueda analizar las formaciones del inconsciente y sus repeticiones, que su inconsciente siga produciendo. Por otro lado, ahí Lacan plantea la cuestión del pase del psicoanalizando a psicoanalista, que habría un plus sumado a lo otro o vendría por otro lado. La cuestión de identificarse al des-ser y dejarse tomar por el significante cualquiera. Porque ahí habría una diferencia. Aquel que termina un análisis y se dedica a cualquier otra cosa no necesita llevar a cabo esto de dejarse tomar por un significante cualquiera, sino solamente por sus significantes. Después, si esto podrá tener algo que ver, ahí va como pregunta, qué pasa con los que trabajan como analistas, producen efectos en los análisis que conducen y no han finalizado su análisis. Si se da algún pase ahí que le permite a este analista a identificarse a su falta de ser y dejarse tomar por el significante cualquiera.

Sergio Rodríguez: a mi me pasó una cosa curiosa que por ahí es sólo personal. Que considero, por ahí me puedo equivocar, que han terminado su análisis conmigo dentro de los pocos que lo han terminado, muchos más no analistas que analistas. Eso me llama mucho la atención, no tengo respuesta, es más, tiendo a pensar si será una cosa mía. Curiosamente, esa gente no se ha planteado la cuestión de cambiar de oficio, esa fue muy interesante. Un ejemplo es el caso que planteé en todo el seminario. Esa mujer siguió en su posición de vivir de su profesión, trabaja políticamente y ahí tiene puestas todas sus fichas. Otro es un hombre digamos del medio artístico. Otra persona, a mí me sorprende, tiene una agudeza notable a esta altura para analizarse y para analizar. Es una persona muy vinculada a cuestiones que tiene que ver con la antropología y a las lenguas, es muy impresionante la captación que tiene, los análisis que hace. Con respecto a ella misma muchas veces me quedo callado a propósito y la dejo que vaya por sí misma. En el análisis mismo de sus sueños va muy rápido, ha variado mucho su posición subjetiva, síntomas de lo que ella se quejaba se han transformado o han tomado otra forma. A veces le hago un chiste, usted sería una buena analista, me gustaría traerla para el oficio porque sería un aporte, pero no quiere saber nada. A nosotros los analistas se nos agrega algo que tiene mucho que ver con los actores. Vos mismo presentaste el reportaje de Gassman y Mastroiani y lo de la caja vacía. Hoy uno de mis hijos que es actor, me citaba una cosa que les decía Augusto Fernández y que es muy aplicable: no hay buenos o malos actores, hay buenos o malos trabajos. Me parece una perlita. Me parece que con los analistas no hay buenos o malos analistas, uno tiende a creer que son mejores tales y peores aquellos, que tales trabajan mejor con tal tipo de pacientes. Pero quiero decir, vuelvo a la pregunta de Roberto Vecchiarelli, los define el trabajo que hacen, el trabajo que hace que produce al analista y no el analista produce al trabajo. En ese sentido la cuestión de poder identificarse al significante cualquiera no es sencilla, a nosotros tal vez nos empieza a parecer así porque estamos acostumbrados a hacerlo. A veces le digo en broma a Laura debo ser loco, completamente loco, porque me doy cuenta de que termina una sesión y empieza otra y soy totalmente distinto y no es que me estoy disfrazando. Estoy entrando en esa órbita, es como si el paciente me hiciera.

Participante: el cambio es otro instrumento.

Sergio Rodríguez: es así. Creo que tiene que ver con eso. Sabés que se discutió bastante esto porque en una época se decía, bueno así como lo planteó Lacan un carnicero puede ser analista. No, un carnicero no puede ser analista por más que haya llegado al final de su análisis. Si quiere ser analista va a tener que estudiar además una serie de cosas, va a tener que pasar por una serie de prácticas, y por una serie de pruebas. Pero sí, ese carnicero puede llevar una vida muy distinta a la que llevaba antes. Ahí entra un problema clave, porque esa es la dificultad clave que tenemos en este momento.

Les cuento ahora una discusión privada vía mail que tuve con una colega, no la voy a nombrar. Escribí un artículo que está en una de las revistas Imago Agenda, sobre el tema del didáctico, de la supervisión. En el artículo en algún momento planteo así al pasar, que es mejor tener algún título. Colega que me conoce hace muchos años, a quien yo no conozco en su práctica pero sí como intelectual psicoanalista, en el sentido de una persona que ha producido mucho, que es inteligente, que es laboriosa, tengo un gran respeto por ella. Me manda un mail muy enojada, diciéndome que no esperaba que yo dijera eso, porque entonces qué pasaba con gente como ella que no tenía un título habilitante. Le dije: esa pregunta no te la puedo contestar, porque no soy tu analista. Si vos me preguntás como amigo, como conocido, te diría: mirá, si podés tratá de conseguir un título habilitante. Te guste o no, si tenés alguna acusación de mala praxis y no tenés título no va ser lo mismo que tener un problema similar y tener título. Porque si no, los psicoanalistas parece que discutiéramos en el aire. Claro, la gente se toma de lo que fue un momento fundacional, el de Análisis profano[4]. Un trabajo de Freud. Pero fue un momento fundacional. Creo que recién ahí Freud advirtió que el psicoanálisis no era médico. Que le hayan hecho un juicio a Theodor Reik, le hizo a repensar toda la cuestión del psicoanálisis. Hasta ese momento Freud hablaba del médico en sus escritos de técnica, cuando se refería al psicoanalista.

Participante: Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico

Sergio Rodríguez: claro, consejos al médico por ejemplo. Cuando se le viene el juicio sobre Teodor Reik, tuvo que pensar a fondo y darse cuenta que el psicoanálisis tiene poco que ver con la medicina. Entonces, pasó a hacer una defensa del psicoanálisis como tal pero imaginando que tal vez se podría llevar el psicoanálisis a la universidad. Inclusive imaginó con qué materias. Los psicoanalistas tendemos a creernos la excepción, como que nosotros no tendríamos porque rendirle ninguna cuenta a la sociedad de lo que hacemos. Eso es muy complejo. También es cierto que esa idea servicial sobre la sociedad que tienen algunas profesiones, donde creen que la sociedad puede decidir sobre todo es una necedad. Hace poco, no me acuerdo en qué juicio un juez tomó un decisión no me acuerdo sobre qué cosa. Vos (Ethel Greizerstein) estuviste a punto de contestar en Clarín, porque un juez tomaba una decisión no me acuerdo sobre qué, asesorado por alguna bestia forense ...

Ethel Greizerstein: un paciente que quería hacer juicio por una medicación inadecuada.

Sergio Rodríguez: ah claro, porque era un TOC, un trastorno obsesivo compulsivo, ahora me hiciste acordar, hablando en lenguaje del DSM IV, un TOC. El paciente le reprochaba no haberle dado medicación. Si eso lo enfrenta un médico o un psicólogo, es una cosa. Recuerdo que a la colega que les contaba antes le aconsejé: mientras no tengas un título habilitante te aconsejaría no tomar pacientes graves. Porque es así, si un tipo se sube a una ventana y se suicida hay que cargarse lo que pueda venirse judicialmente.

Participante: además, ¿cómo sabés si el paciente es grave o no?

Otro participante: claro, hasta que no empieza el análisis ...

Sergio Rodríguez: pero se puede tener cierta idea. Creo que es mejor que la gente tenga su título. Al mismo tiempo creo lo mismo que Freud, que no es la academia la que puede dictar quién es un psicoanalista y quién no. Porque justamente, el eje de la formación del psicoanalista es su análisis y no los exámenes que da. En ese conflicto es en el que nos estamos moviendo.

Participante: ahí el analista siempre opera como un infiltrado

Sergio Rodríguez: ¿cómo?

Sigue el participante anterior: claro, opera como infiltrado de otras profesiones, con la chapa de psicólogo, de médico ...

Sergio Rodríguez: ¡y sí! Pero también hay un problema nuestro, no hemos sido capaces ... no, no es que no hemos sido capaces, tal vez es imposible. Freud hablaba del psicoanálisis como la tercera profesión imposible.

Participante: no tiene una solución, el catálogo de los catálogos, el teorema de Russell.

Sergio Rodríguez: el catálogo de todos los catálogos ... no tiene solución. No existe aquel catálogo capaz de incluir al propio catálogo en una biblioteca de catálogos que no se incluyan a sí mismos. Si incluye a todos, transgrede la consigna y si no se incluye la biblioteca quedará incompleta. Es imposible. Creo que frente a esto estamos en un imposible donde podemos seguir debatiendo, pero no ... creo que el teorema de Russell como el de Goëdel provocó molestia en las ciencias exactas.Ya no se creyeron ciencias absolutas. Ojalá nos lleve a nosotros a ser más modestos.

Participante: no atribuirse tener la verdad ...

Sergio Rodríguez: exacto, lo que nos lleva a ser más modestos; el significante cualquiera. Creo que vale la discusión pero no tiene solución o es muy difícil, yo aún no la avizoro.




[1]Seminario 8 de Lacan.
[2] En el sentido tanto de desechable, como de vano de una abertura = “ Arq. Parte del muro o fábrica en que no hay sustentáculo o apoyo para el techo o bóveda; como son los huecos de ventanas o puertas y los intercolumnios.” Diccionario de la Real Academia Española. Tiene sus equivalentes en francés.
[3] Seguramente se trataba de posiciones lo bastante conocidas en su círculo de seguidores de entonces.
[4] Freud a partir de la defensa de Theodor Reik.

Capítulo 12

Por qué creo que Lucía terminó su análisis

A veces se escucha a algunos colegas dar una idea de los finales de análisis tomando la formulación de Lacan sobre la identificación al síntoma. Sería algo así como en aquel viejo cuento: me sigo meando pero ya no me importa. No concuerdo con ellos. Sí es cierto que uno toma otra distancia con respecto a ciertos problemas personales. Pero no en el sentido de: me sigo meando pero no me importa.

Esta señora, en los doce años en que se analizó conmigo formó su segundo matrimonio de un modo muy diferente a cómo había armado el primero. En primer lugar con un objeto erótico muy distinto a su primer marido. En ese segundo matrimonio en que el análisis se desarrolló atravesándolo casi por completo ella transcurrió situaciones complejas que le fue presentando la vida y que resolvió sin ceder en sus deseos y sin hacer de ellos ley para los otros. Acá estaciono un poco. Porque ese es otro tema importante a tener en cuenta y a mover en las conversaciones. Como Lacan en el Seminario La Ética en psicoanálisis planteó que sólo se siente culpable quien cedió en su deseo, hubo y creo que aún hay un sector del movimiento lacaniano que tiene la idea de que un análisis es exitoso cuando logra que cada uno haga lo que quiera. Lo digo así en términos sencillos. Y esto pasó y pasa también entre post-freudianos pre-lacanianos. Me acuerdo por ejemplo, de alguna gente que estaba en la APA de los años sesenta. Unos cuantos de ellos entraron en el juego de las camas redondas, el intercambio de parejas, el consumo de drogas, etc., en nombre de que estar bien analizado era llegar a la libertad total. Inclusive me tocó re analizar algunos de esos colegas cuando ya estaban ..., no les digo de vuelta porque uno de ellos no estaba para nada de vuelta y otro empezó a volver de eso en el análisis conmigo. Recuerdo los efectos desastrosos que produjo en ellos en primer lugar y en algunos de sus hijos. Efectos muy complejos, muy complicados para ellos y sus descendencias. Analicemos, porque no ceder en el deseo, no quiere decir “hacerlo”, sino que quiere decir: no ceder, que no es lo mismo. Lo que va ocurriendo con el deseo en la medida que va siendo analizado (o también por acontecimientos de la vida), es que puede ir cambiando de vestiduras a los “objetos” en falta, puede ir cambiando de fines, puede ir tomando vericuetos diferentes en cuanto a cómo acercarse a transformarlo en modalidades de goce (entre ellas, las sublimatorias) pero no es lo mismo que hacerlo tal cual. Hay algo que pareciera ser olvidado: el deseo es absolutamente asocial. El verdadero deseo, el deseo inconsciente es asocial, no tiene en cuenta al (O)otro. El deseo como tal parte de la causa. Lo que tiene en cuenta al otro es la demanda y sabemos que la demanda al mismo tiempo que vehiculiza al deseo lo vela, lo reprime. La demanda sí tiene en cuenta al otro porque precisa negociar con él pero el deseo como tal no. Si fuera una sociedad donde todos hiciéramos lo que se nos canta, la especie humana duraría poco. Éste me parece un punto importante que en Lucía se hizo muy presente.

Otra cuestión ligada a esto es que se asentó por muchos años en su amor por ese nuevo hombre que había aparecido en su vida. Se desplegó en su pasión por la política, y se mantuvo, pero cambiando de bando en función del amor por su nuevo marido y de su desilusión con respecto a los ideales anteriores. También de volverse más pragmática y cercana a sus antecedentes. Varió muchísimo también en la relación con su sexuación y su goce erótico. ¿Por qué digo estas dos cuestiones articuladas pero separadas a la vez? Porque en el terreno de lo sexual ella se había identificado a una posición femenina pero con respecto al marido anterior tomaba a su cargo una cantidad de funciones que habitualmente están a cargo de quien supuestamente representa el hombre en una familia. En la medida en que se fue desarrollando el análisis y la relación con ese nuevo marido se fue produciendo un desplazamiento en ese terreno. Pasó, dicho en términos sencillos, a funcionar mucho más como mujer y menos como hombre. Se lo facilitó que había un hombre que se hacia cargo de las cosas de las que se tenia que hacer cargo un hombre en la casa. Eso, aunque no sólo eso, repercutió muy evidentemente en el goce erótico de Lucía. Suele escucharse que el análisis va produciendo un “vaciamiento de goce”. Si se les pregunta a muchos de los que lo dicen ¿qué es eso, qué quiere decir? no pueden dar cuenta. Como entiendo esa frase que suele estar sacada de contexto, lo que se produce es una re-distribución de goce. Por lo tanto un vaciamiento de determinadas posiciones y una re-orientación a otras. En esta mujer se tornó muy evidente en el goce erótico, el goce femenino de ella en las relaciones sexuales; pero también muy evidente la articulación que tenía a este desplazamiento que se había ido produciendo a través del análisis en las funciones que ella ocupaba como mujer dentro de su casa. Otra cuestión muy importante que fue variando fue su relación con los hijos y especialmente con el mayor. Fue aflojando el desplazamiento que volcaba sobre él su agresividad como consecuencia de la agresividad que no hacía operar contra el ex marido por su dificultad de posicionarse en relación a saber quién había encarnado la función del Nombre del Padre que le dio origen. Por haber estado entre un padre débil (el de los documentos) y una figura fuerte pero no registrada decididamente como padre. Este drama en el que ella estuvo situada durante tanto tiempo después lo expresó en la vida práctica no exigiéndole al ex marido que cumpliera con las funciones que le cabía cumplir como padre de sus hijos al mismo tiempo que se enojaba con el hijo por la identificación que iba haciendo con su padre o sea con el ex marido de ella. Es evidente que este ex marido, después de que conocimos el conjunto de la historia, era muy metonímico con el padre de los documentos. Padre débil, padre cornudo, etc. Mientras que el otro tenía rasgos parecidos al que se le apareció como una fuerte figura paterna. Pero que hasta muy avanzada la vida nunca afirmado legalmente como padre y tampoco legitimado en ese lugar; quedando ella con la duda hasta los finales del análisis. Recién a los catorce o quince años se había desarrollado esa complejidad de articulaciones en las imagos parentales que luego de un modo u otro aparecieron en la articulaciones sexuales, en las relaciones amorosas de esta mujer. Esta es una cuestión: los síntomas.

Otro terreno que me parece importante evaluar es el de los movimientos y límites en sus posiciones como sujeto. Tal vez sea el terreno más interesante de trabajar. Es el terreno donde los efectos del análisis aparecen (uso la palabra a propósito, por apariencia) menos visibles, menos registrables. Los cambios de posición del sujeto. Una vez hacia un chiste en un seminario (y es cierto), conozco a gran parte de los que tienen posiciones de liderazgo dentro del movimiento psicoanalítico lacaniano y no lacaniano de Buenos Aires, con algunos nos conocemos desde hace cuarenta años o más. Desde que éramos estudiantes. Y con aquellos que han pasado fuertemente por el análisis (porque hay otros que trabajan como analistas, pero que nunca han pasado fuertemente por un análisis) es muy impresionante la sensación. Porque es como que uno esta hablando con el que conoció y parece idéntico a aquél pero sin embargo hay algo que es absolutamente distinto. Por eso digo que queda medio velado lo que se ha producido como cambios de posiciones. En ese sentido el que puede dar cuenta sólo es el propio sujeto, no la mirada del otro.

El re-posicionamiento: Lucía terminó situándose con ideales políticos y morales diferentes y hasta opuestos a los míos. Ya les conté durante el trayecto del Seminario que esa fue una de las dificultades más grandes para mí, no es con la única paciente que me ocurrió ni mucho menos, me sigue ocurriendo. Pero lo advierto en el sentido en que ahí sí, no hay que ceder en el deseo del analista (parafraseando la frase de Lacan). No es una cuestión de proponérselo a simple conciencia, a simple voluntad. Lo que a mí me ayudaba a no ceder eran las lecturas de lo que iba ocurriendo en el desarrollo de ese análisis. Ellas me permitían advertir cómo muchos de esos movimientos que se le iban produciendo, se encadenaban formalmente a lo que había mamado en su infancia (por ejemplo la trasgresión de las leyes sociales). Pero uso mamado a propósito. Pongo a la madre en el medio porque así fue. Además meto lo que fue su actividad fundamental durante su infancia. Fue su sopa de letras. Los argentinos tenemos la suerte de poder usar esa alegoría. La sopa de letras con la que se alimentó fue esa.

Hay algo que me impresiona mucho ahora que ha pasado el tiempo y que estoy mucho más viejo y tengo otra mirada sobre mí y los que me rodean. La cuestión reside en que los seres humanos parecemos muy parecidos, en todo caso las diferenciaciones que solemos hacer son a pincel grueso, que fulano es más paciente, que zutano es más cabrón, que perengana es mas pizpireta que en cambio la otra se cuida menos ..., pincel grueso. Pero cuando uno ha pasado muchos años trabajando como analista se da cuenta de que cada sujeto a pincel fino, es absolutamente distinto al otro. Y que esa diferencia tiene estrictamente que ver (retomando a Freud) con las series complementarias o sea con lo filogenético, lo ontogenético y el trauma que plantean los límites mas allá de los cuales cada análisis no va a poder ir. Eso uno no lo sabe cuando empieza un análisis pero sí uno debe evaluarlo cuando aparece la cuestión de una interrupción de análisis. ¿Podía ir mas allá, o no? Con Ricardo Estacolchic hablábamos mucho sobre el tema del fin de análisis y de los análisis de los analistas. A ambos nos preocupaba mucho porque habíamos tenido experiencias importantes sobre las complicaciones que hay con muchos colegas en esos terrenos. Además porque habíamos llegado a una percepción común de que son muy pocos los analistas que llegan al fin de sus análisis. Un tres, un cuatro por ciento, no mucho más. Y evaluábamos que en condiciones de analizar quedaba un diez, un veinte por ciento. Al mismo tiempo trabajábamos también y caso por caso sobre qué era lo que hacia que se produjera ese fenómeno tan fuerte. Lo que advertíamos era un entrecruzamiento entre los límites subjetivos del analizante y los límites del analista. Este tema es importante; el analista al que lo apasiona el psicoanálisis y que recuerda que funciona como instrumento no está mal que recorra más de un analista. Dos, tres, no está mal, todo lo contrario. Con lo cual es evidente que rompo con una de las ideas que hay dentro del movimiento psicoanalítico. En IPA, con analizarse cuatro años y medio a un ritmo de cuatro veces por semana con un tipo que haya sido nombrado didacta ya se lo da en condiciones de ser analista. Y no es así, puede haber quedado o no en posición de analista. Porque la cuestión está en la red de cadenas borromeicas en que nos criamos, cómo reaccionamos a ellas, qué posición subjetiva elegimos. Hay que tener en cuenta también que después de atravesar la sexualidad infantil y el segundo despertar sexual de la pubertad no hay un más allá. Los insumos básicos se establecieron. Lo que hacemos es trabajar con eso, no vamos a aportar otros. Trabajamos con lo que cada uno ya trae. El trabajo del psicoanálisis se lleva a cabo a partir de esos insumos y su producto final responderá a contingencias varias. El psicoanalista no es un evangelista ni un pedagogo. Esto causa gracia pero puedo darles ejemplos sencillos que pueden palpar en la conversación con cualquier colega. Cuando un colega dice “fulano me llega tarde a todas las sesiones, entonces le puse un límite”¿Por qué le va a poner un límite? Antes tiene que tratar de entender de qué se trata. Se puede pasar años sin entender por qué llega tarde a todas las sesiones y por ahí hasta va a terminar su análisis llegando tarde a todas las sesiones y el tipo se va a haber curado mucho mejor que algún otro que fue puntual todas las sesiones. Igual con respecto al manejo del dinero. Cuando uno empieza a escuchar las indicaciones que hacen algunos analistas, uno se da cuenta de que tiene que ver con el narcisismo del analista porque al que le molesta que llegue tarde, al que le molesta que falte, al que le molesta que le pague tarde, etc., etc., es al analista. Entonces, no tiene que ver solamente con una cuestión del inconsciente del analizante. Sí, en última instancia tiene que ver con el yo del analista. El analista no se propone reformar a nadie, el analista lo que se propone, es que cada uno haga con los insumos de que dispone lo mejor que pueda en función de sus deseos y sus goces. Del resto que se ocupen los padres, docentes, parejas, jueces, etc. No nosotros.

Sobre esta paciente, en una discusión que tuve con un colega muy conocido, me decía “vos no podes pensar que esa mujer llegó al fin de análisis si tomó la defensa del menemismo en tales juicios”. ¿Y qué tiene que ver? ¿Por qué no? Dicho hablante ser reconocía su ubicación en ese punto de cierta trasgresión, el lugar que fue a la vez más fuerte y más débil de su eslabonamiento al Nombre del Padre. Ese fue el punto sensible de todo el análisis y fue absolutamente paradojal porque fue donde estuvo más anclada, de donde salió mas anclada y a la vez fue el punto más frágil, fue el punto donde se podría haber quebrado la cadena. El hecho en el lecho la fundó de un modo trasgresor desde el punto de vista social. En esa misma operación, a través de cómo circuló luego el mito familiar, le fue dada esa insignia para identificarse a su representante, al S1 que la representaría a ella. Esa es otra cuestión. Nosotros tenemos que salir del discurso de la modernidad que cree que se puede enseñar a los chicos dándoles explicaciones, haciéndole aprender cuestiones, dándole penitencias, etc. No porque no haya que darlas, ese no es el punto, sino que los chicos aprenden profundamente según cómo atravesaron las series complementarias. Recuerdan la descripción que hace Lacan de los tres tiempos del Edipo en Formaciones del inconsciente; es en ellos donde cada uno de nosotros habrá adquirido por acción o por reacción sus blasones, sus insignias del nombre del padre que nos privó del acceso a la madre que en ese sentido nos castró a nosotros y a ella y nos abrió el acceso a la Cultura. Es lo que se desprende del regalo final del helecho.

En el terreno del fantasma. Si me preguntan cuál es la frase del fantasma de Lucia Luciano, respondo: no sé. Tengo la impresión de que nunca se la dije durante todo el análisis y que además no logro construirla actualmente, pero sí captar en que zona se movía el fantasma de ella. Ahí volvemos nuevamente a su identificación a la oscilación ética (matrizada por el balanceo riesgoso en la ventana) piensen que esa escena, la más temprana que ella recuerda, contenía ya los elementos básicos. Uno es el balanceo, otro es el riesgo, otro es la trasgresión. Estaban ahí, contenidos los tres elementos. También desde ahí se sostenía su relación con la madre y el padre biológico y luego con el disimuladamente adoptivo. En ese balanceo, se habían constituido en tales para ella. Esa cuestión me parece que es la clave que la empuja a su segundo análisis. Recuerden que había tenido un primer análisis con una colega. En tanto y en cuanto la pretensión de Rudoni de que lo aceptara como novio para empezar a preparar una vida matrimonial, la empujó en ese fantasma y le produjo una gran conmoción angustiante que la hizo venir al segundo análisis. Esa salida fue justamente la que sus padres no habían efectuado. Pueden estar pensando, “pero ella ya se había casado con el anterior, por qué no se le conmovió el fantasma ahí, por que no fue a ver a un analista ahí ...” Primero, no sé. Porque no conozco bien qué pasó en el análisis anterior. Pero además, lo evidente es que la pasión amorosa a ella se le desató con este hombre y no con el otro. Por lo tanto el casamiento con el otro ya de por sí tenía un rasgo que la acercaba al casamiento del padre de los documentos y la madre: que era la falta de pasión. En cambio este casamiento en el cual él estaba apasionado por ella y ella apasionada por él la intimó a legitimar y legalizar la situación. Ese fue el punto que la devolvió al análisis. Creo que de él proviene también que en el final del análisis inconscientemente y por vía del acto reivindicara el hecho en el lecho a la vez que se desprendía de él. Eso fue lo interesante de ese regalo. En el mismo acto donde ella me dijo, “quiero dejarle a usted algo por lo que me recuerde para toda la vida” (lo que logró: tengo el helecho arriba, en la terraza) se desprendía del hecho en el lecho. Lo que va a aparecer claramente después cuando sucede el episodio del pis. Entonces el hecho en el lecho pasó a ser otro y con otras connotaciones. Ese hecho final del análisis había empezado a formarse un par de años antes más o menos, cuando ella veía a través de la ventana de mi consultorio mi jardín. Yo tenía un jardín grande, lindo. Me iba haciendo comentarios sobre el jardín. Del tipo: “ah, plantaron un jazmín del cabo”..., enunciaciones así. En ese proceso cambió de casa y empezó a armar su propio jardín. Entonces progresivamente y de vez en cuando me traía alguna plantita de su jardín que yo aceptaba gustosamente. Porque además las plantas me gustan y porque no entendía lo que estaba pasando; además porque no creía que rechazándole la planta iba a entender. Hasta que me di cuenta de que ella estaba haciendo un acto donde todo era legal, ¿por qué, que tiene de ilegal el regalarle una planta del propio jardín al analista? Pero tenía ese cierto toque trasgresor, de ilegitimidad, que suele tomar para algunos analizantes el hacer regalos al analista. Porque no sé que les pasa a ustedes cuando les regalan algo. Me doy cuenta de que cuando un analizante me hace un regalo puede tomar diferentes significaciones, hay analizantes que por ahí todos los fines de año nos hacen un regalito porque es fin de año y uno no puede leerlo más allá de eso. Pero en cambio hay otros analizantes que si en determinado momento traen un regalo y uno se da cuenta que hay nerviosismo, cierta vergüenza, algún comentario “no me lo vaya a interpretar” por ejemplo, ese regalo obviamente tiene un valor libidinal. Distinto a los otros regalos. A posteriori me pude dar cuenta de que había algo nuevo en eso de traerme las plantitas, que había algo nuevo que estaba ligado libidinalmente a mí. Eso lo tuve claro porque evidentemente ella había pescado el valor que tenía mi jardín para mí, pero estrictamente qué quería decir yo no lo podía saber. Y por suerte no se me ocurrió interpretar. Porque ahí es muy fácil extraviarse y suponer que hay amor de transferencia y que tener una plantita en común es tener un hijo en común, falo, pene, niño, etc., etc., e irse al carajo. En verdad, recién en los finales advierto con lo del helecho, qué era lo que ahí se había estado preparando.

Finalmente, lo que me parece más importante, lo que a mí más me impresionó de este caso, fue cómo apareció de encarnada la cuestión del nombre. También me ha pasado en otros análisis ver cómo cayó para algún paciente la utilización de un apelativo, de un sobrenombre familiar y pasó a usar su propio nombre. Pero fue menos espectacular, porque que un tipo se niegue a que lo sigan llamando chiquito cuando tiene cuarenta y cinco años no es tan espectacular. Alguien cuenta que chiquito, chiquito de acá, chiquito de allá hasta que uno pregunta; ¿y por qué le dicen chiquito? Entonces empieza una historia de por qué le dicen chiquito que culmina en un momento en que dice: ya no me dicen más chiquito en mi familia. Pero este pasaje hizo de Lucia Luciano a Lucia Rudoni cuando se casó con este hombre, cosa que no había hecho cuando se había casado la primera vez. En el primer matrimonio ella siguió usando Lucia Luciano. Luego, terminado el análisis y pasado un tiempo, separada de su segundo marido, veo un cartel que dice “vote a Lucia”. Me sorprendió y le pregunté al remisero: ¿cómo, ahora Lucia Rudoni se hace llamar solamente Lucia? Me cuenta: no sabe, se separaron, y me contó una historia (que no importa) y a partir de ahí se presenta como Lucía. Fíjense el movimiento que hubo en el terreno del nombre. Lo cual no tiene por qué ocurrirle al resto de los analizantes pero en ella la cuestión del nombre daba justo en el clavo de su problema constitutivo principal. Seguramente fue un recorrido inconsciente el de ella. Recuerdo que en alguna sesión pasamos por el tema pero en todo caso el que haya pasado a usar el nombre Lucia Rudoni no fue efecto de una interpretación. Lo que sí ocurrió después en análisis fue que le hiciera notar que ella había cambiado la modalidad de usar el apellido lo cual le produjo risas, pero ninguna cosa espectacular. Ahora creo que unido al relato de su propio análisis del acto sintomático del pis, que no olvidemos que ocurre en la cama y en relación al marido, indicaron que había un sujeto capaz por retroacción de analizar las producciones de su inconsciente y de hacerse responsable de sus propios deseos. Para mí, éste fue un dato clave para que cuando ella me dijo me parece que no tengo para qué seguir, yo le dijera que estaba de acuerdo. Tengamos en cuenta que de la tercera derivación del nombre me enteré varios años después, también lo del pis, pero no de una serie de movimientos que había ido haciendo en relación con lo del nombre, hasta arribar a Lucia Rudoni. Bien, esas son las razones que me hacen suponer que esta mujer terminó su análisis. También algunas otras, que también conté en el curso del seminario y que no dejan de tener importancia, como por ejemplo que ella se hubiera abierto de cualquier tipo de relación conmigo o de cualquier gente conocida mía, no porque esto sea obligatorio sino porque respondía a la lógica de su reubicación social y política. De acá voy a la cuestión del pase, del reconocimiento del analista, etc.

El pase. Alrededor de esta cuestión, Lacan dio una serie de vueltas y produjo también algunas definiciones que hay que leer en el contexto con otras cosas que también decía en el mismo período o a partir de ahí hasta los finales de su vida porque en la “Proposición del 9 de Octubre” define el pase como pase de analizante a analista, y lo que plantea es que en el desarrollo de un análisis hay una serie de pases. Por otro lado lo plantea como un dispositivo, un artefacto para que la escuela investigue el tema del fin de análisis y al mismo tiempo nomine a quienes considera que han hecho el pase. Esta modalidad de plantear la cuestión me parece que armó algunas confusiones. ¿En qué sentido? Muchas veces se encuentra que dice: “Me paso la vida pasando el pase”. Si él dice: me paso la vida pasando el pase, quiere decir que no hay ‘El pase’ sino que hay “los pases”. Evidentemente hizo una apuesta para encontrar algún mecanismo que permitiera interpretar si se habían dado los pases necesarios en un análisis como para darlo por terminado. Lacan, en los Cuatro conceptos, anterior a la Proposición del 67, habla de rizar el rizo varias veces. Considero que en cierto sentido era una formulación equivalente a pasar el pase. Lo que trataba de evaluar era eso. Hizo una proposición sobre que a los que se les reconociera que habían hecho el pase, se les daría un grado de Analista de la Escuela, que además les produciría a ellos una obligación. La de hacerse cargo del análisis del movimiento psicoanalítico, del movimiento conceptual del psicoanálisis. Para eso propuso una modalidad, la de lo que llamó Pase ante un jurado de nominación integrado en los inicios por los más viejos de la escuela, con más experiencia, los que después irían siendo sustituidos por aquellos que hubieran hecho el pase. Planteó que el que pidiera el pase tenía que dar cuenta de su análisis ante lo que llamó “pasadores”. Esos pasadores serían elegidos por los propios analistas que estuvieran conduciendo curas entre los analizantes que consideraban que estaban cercanos a su final de análisis. Lacan planteaba esto ilusionado en que los pasadores no iban a mirar desde arriba a los que pidieran el pase porque ellos mismos se sentirían en situaciones parecidas. Veo un inconveniente, ¿para qué los pasadores? ¿Por qué no dar cuenta ante el Jurado directamente? La argumentación más fuerte que he escuchado fue que Lacan intentaba defender al que pedía el pase del prestigio del jurado, llamémosle así, a través de que la exposición la tuvieran que hacer ante los pasadores. El inconveniente que le veo a eso es que cuando se comente ese relato va a pasar por el filtro de la propia subjetividad del relator incluyendo, nada más ni nada menos que la transferencia.

Les recomiendo que lean en www.psyche-navegante.com el artículo póstumo escrito por Ricardo Estacolchic donde marcaba, subrayaba, que Safouan dijo que no hubo ningún Pase en la Escuela Freudiana de Paris y que muchos de los pedidos de Pases en realidad eran pedidos de análisis. Acá en Argentina ha habido cosas turbias. En una escuela a la que no voy a nombrar porque esas cosas cuando uno las hace saltar tiene que tener el poder y las pruebas suficientes para ir a fondo. Si no, corre el peligro de ser incriminado y condenado judicialmente. Pero en una escuela había un tipo que estaba en el jurado, que no había hecho el pase y las votantes de la escuela se enteraron de que había tenido actuaciones no éticas con analizantes. Entonces, cuando hubo una elección de nuevo jurado, no votaron al transgresor. Con lo cual este hombre se enfureció. Hubo una de las colegas que se animó a decirle en persona: no te voté por tal cosa, y vos tenés que hacerte cargo de eso y decir qué pasó. En lugar de eso, como aun estaba en el lugar de jurado del periodo anterior y terminando el trabajo de tal, no le dio el pase a dicha colega. Después en cambio, la propuso para un cargo en la comisión directiva. Cuento estas pequeñeces, estas miserabilidades, para mostrarles que este tipo de cosas no quedan, tampoco entre nosotros, fuera de lo que son los mecanismos humanos en general.

Lacan propuso dos grados, el de Analista Miembro de la Escuela (AME) y el de Analista de la Escuela (AE). Sobre el AME planteaba que la escuela daba garantías de formación suficiente de esa persona y por eso lo nombraba tal. En cambio para AE, el mecanismo descripto antes no era de reconocimiento sino de nominación. Planteaba que no había que tomar esto como Jerarquías sino grados. Curiosamente grados es lo que se porta en las iglesias y las fuerzas armadas y de seguridad pero además no hay una gran diferencia, grados y jerarquías son casi sinónimos. En los hechos, para las Escuelas resulta más respetable ser AE que ser AME. Me parece que Lacan allí cometió un error grave. Al proponer dar garantías de formación suficiente. Algo que analizó exhaustivamente fue que las garantías del Otro son una ilusión neurótica. Plantear por reglamento garantías es un mal paso. Lo que creo por mi lado es que si hubiera una Institución que funcionara y sabiendo que se correrían los riesgos de cualquier institución. Pero que para reconocer que alguien funciona como analista lo mejor es hacerlo hablar (ante un jurado) de cómo analiza, o sea que cuente casos, dejarlo hablar, hablar y hablar. Ahí se podría escuchar si esa persona trabaja como analista o no trabaja como analista. Con todo, es complicado. En la institución de la cual fui presidente unos años, no llegamos a formar un jurado de ese orden, pero como se había armado un lugar de atención a pacientes de la propia institución, dos de los que formábamos parte de la comisión directiva teníamos que recibir las entrevistas de los colegas que se ofertaban para trabajar en ese lugar, que eran colegas de la institución. Y se armó un lío muy grande porque había uno que tendía a ser más blando, con el asunto de que, y bueno, que la institución, que estamos entre nosotros, que esto y que aquello, y yo que me ponía firme, no fulana es una psicóloga, no hay caso, no funciona como analista y venía la contra argumentación: pero hace años que está con nosotros ... Fue imposible ese funcionamiento pero en todo caso creo que la cuestión es analizar la práctica de cada uno y no si hizo el pase o no. En cuanto a si alguien termino su análisis o no, ya se habrán dado cuenta por lo que fui diciendo de Lucia Luciano. Para mí lo fundamental es observar la relación del susodicho con las producciones de su inconsciente y con su disposición al acto. Hay colegas que dicen que el neurótico va a analizarse para saber por qué le pasan las cosas. Si alguien va a analizarse para saber por qué le pasan las cosas, es un pajero intelectual. Es así, digámoslo con todas las letras. Justamente lo que cambia el Psicoanálisis lacaniano debe centrarse en el saber hacer, no en el saber por qué. Creo que Lacan hizo un chiste. Embarcó a todo el movimiento lacaniano en un chiste, porque cualquiera sabe que lo de grados es lo del ejército y la iglesia. Proponer como lo máximo de las instituciones lacanianas los grados fue un chiste.

Preguntas y comentarios

Alejandro del Carril: con la cuestión del tema del goce y del deseo, el otro día leí una frase de Colette Soler que me pareció bastante piola, decía algo así como que el Psicoanálisis curaba un goce con otro goce. Y la cuestión esta del pase y de la Proposición del 9 de octubre ... el otro día estuve leyendo ... porque hay dos versiones de la Proposición del 9 de octubre. Una, si no me equivoco, es la versión oral que da Lacan y la otra es la versión que después escribe. Y la versión oral está establecida por Miller, no sé si tendrá algo que ver. Pero lo que me llamo la atención al leerla es que esa versión, la oral, es mucho más burocrática, mucho más establecida y hace mucho más hincapié en esta cuestión de establecer garantías sobre la capacidad de un analista, y más en relación también a la cosa de dar garantías ante la sociedad. En cambio la otra, la versión escrita es con mucho más movimiento y me parece más preocupado por una cuestión de investigar el análisis y ver qué pasa ahí que por establecer garantías o parecer un reglamento institucional. La versión, la que establece Miller, parece más un reglamento institucional, la otra no, parece mas un trabajo teórico, más interesante.

Sergio Rodríguez: bueno, ya que trajiste eso. Tiene una historia. Mientras que Lacan estuvo en la IPA no puso en cuestión la modalidad de la IPA para otorgar grados o jerarquías. Pero cuando sale de la IPA, a él se le plantea un problema, grueso, personal. Se queda sin grados, pasa a ser un paria, por decir así. Ahí acuñó esa frase: un psicoanalista no se autoriza más que de sí mismo, esa es una buena traducción. Busqué expresamente alguien que sabe mucho francés para que me tradujera eso correctamente. Me parece que es interesante, primero porque evidentemente respondió a una necesidad de su pasar al acto de reconocerse líder psicoanalítico cuando la IPA lo desautorizaba. No le quedó otro remedio que autorizarse él y punto. Pero dio esa vuelta alambicada a la frase, que me parece interesante tenerla en cuenta porque en primer lugar empieza con una frase con la que podría ir a otro lugar por ejemplo “un psicoanalista no se autoriza por un colegio de queroseneros”, “un psicoanalista no se autoriza”, ahí le pega la vuelta “más” o sea no hay nada que lo autorice “más” que de sí mismo.

Utilizó una noción puesta a circular por Freud básicamente en Duelo y Melancolía, sí mismo. Fue tomada por gente como Hélène Deutsch y después básicamente, por la escuela inglesa, y dentro de ella Winnicott. Es una noción que no termina de estar definida. No está definida como “yo”, “superyó”, “ello”. Alude evidentemente a algo del sujeto pero tampoco a lo que es la versión lacaniana de sujeto. Es algo mas flou que el yo. En ese sentido creo que Lacan tenía razón en que se puede darle a un analista (o a alguien que se presenta como analista) cualquier título, pero que se autorice o no como analista va a aparecer en cómo trabaje, no en lo que escriba o en el cartelito que cuelgue en el consultorio sino en cómo trabaje. Mucha gente con mucha cosa publicada, cuando se entra a averiguar qué le pasa en el consultorio se advierte que no se autorizan de sí mismos. Me acuerdo un caso grave que tuvimos en la escuela de psicoanálisis del Borda, un obsesivo, que había escrito y publicado no sé cuanta cosa, no estaba en el cuerpo docente, era un alumno y se mantenía encerrado en la casa escribiendo y publicando, escribiendo y publicando, no tenía pacientes. Recuerdo que se armó una discusión ética entre los docentes, si lo dejábamos seguir o no. Porque, decíamos, este tipo se va a recibir como “egresado de la escuela de psicoanálisis del Borda”, va a tener un título que va a andar mostrando por ahí y en realidad está totalmente incapacitado para atender pacientes. La sensación de cuándo se ha empezado a autorizarse de sí mismo como analistas y de cuándo todavía no se autoriza se siente según cómo uno siente que se mueve dentro del consultorio. Este es un primer punto. Si tuvo una virtud esa definición de Lacan, que por un lado tiene un origen no virtuoso de tener que autorizarse él porque no le quedaba más remedio, tuvo la virtud de captar algo de lo que le pasa al analista en relación a su trabajo. Eso no quiere decir que de por si dé ningún título, justamente todo lo que produce es un modo de estar en el consultorio, lo digo de esta manera.

Después, la cuestión de las dos versiones que decís vos. La cuestión de las dos versiones tiene además en el medio un hecho que es que después que él hace la exposición oral en la Escuela Freudiana de Paris, se le van cuatro grandes. Uno de los problemas para Lacan, fue que de los viejos, quedaron con él hasta el pre-final: la Dolto, que Lacan aceptaba y era a la que le derivaba los pibes para analizar. Quedó entonces, la Dolto, los Mannoni, Melman y Safouan. Después que leyó la Proposición, se fueron Piera Aulagnier, Francoise Perrier y Vladimir Granoff. Entre la exposición verbal y la escrita estuvo ese hecho importante. Pero efectivamente, probablemente, esa lectura fina que vos hiciste yo no la hice, o no la hice tratando de pensar desde ese lugar, pero probablemente esté. Pero lo concreto es que me parece que fracasó, cosa que el propio Lacan dijo tres años después. Después, lo que decís de Colette Soler, el pasaje de un goce al otro. Eso es así. Piensen que la sublimación es una forma de goce también, o sea que lo que planteaba Freud del aumento de la capacidad de amar, de gozar y de trabajar, tiene que ver con eso.

Roberto Vecchiarelli: Esto ... no digo para trabajarlo ahora, porque aparte estamos cansados o por lo menos yo, pero podríamos trabajar esta aparente, y digo aparente, contradicción. El analista que se autoriza de sí mismo, y esto de la inaccesibilidad del sí mismo. Sobre lo que ya se ha hablado en algunos seminarios. Se me ocurría pensar si es el “sí mismo” entendido como algo del self, de un falso self, que descubre un verdadero self, podríamos ahí derivarnos por el lado de creer que puede tener que ver con un grado de acumulación, de algún saber constituido. En realidad lo que me parece, es lo que vos decías recién, que en realidad hay momentos en que uno siente y se autoriza. Subrayo esto como momentos, instantes en que uno se da cuenta de cómo se mueve, de que está funcionando como analista; a veces uno se sorprende a uno mismo. Me parece que tiene más que ver con el artista en este aspecto, con el artista como aquello que irrumpe. Que por supuesto está el trabajo del análisis de uno. De ahí me parece que es desde donde va surgiendo el autorizarse, de una posición subjetiva más que de una relación al saber. Esto lo dejo como para charlar, como planteo.

Alejandro del Carril: creo que del autorizarse a sí mismo, me parece más importante ese cambio que hay del “a” al “de”. Leyendo la Proposición del 9 de Octubre, también Lacan plantea toda la cuestión del des-ser del analista y todo lo demás, como que va de la mano de la destitución del sujeto supuesto saber. Lo tomé más por el lado de la caída del sujeto supuesto saber, que no es ni de un lado ni del otro, pero más bien del lado del analizante, si uno quisiera ponerlo de algún lado, y la cuestión del des-ser, al menos a mí, hasta donde leí me parece que estaba más jugado del lado del analista porque cuando cae la transferencia, (y esto me parece que uno lo puede ver trabajando) lo que se revela es que el analista estaba portando el significante y me parece que en ese momento cae todo lo que tenga que ver con el ser del analista, uno hacia semblante, digamos. Si se hiciera un paralelo entre el sí mismo y el ser se podría pensar el autorizarse de sí mismo como desprendimiento del sí mismo del ser que entonces ahí estuviese además en relación a la transferencia de los pacientes. Entonces analista seria ya con una condición primera: que haya pacientes en transferencia y que eso pueda trabajarse y llevarse a cabo hasta el final y por los efectos de las curas que el analista conduce uno se autorizaría de sí, algo de eso.

Capítulo 11

Lucía: del goce de los ideales a gozar acercándose a sus deseos

“¿Qué se nos dice del placer? Que es la menor excitación, lo que hace desaparecer la tensión, la atempera más, por lo tanto aquello que nos detiene necesariamente en un punto de alejamiento, de distancia muy respetuosa del goce. Pues lo que yo llamo goce en el sentido que en el cuerpo se experimenta, es siempre del orden de la tensión, del forzamiento, del gasto, incluso de la hazaña. Incontestablemente hay goce en el nivel donde comienza a aparecer el dolor, y sabemos que es sólo a ese nivel del dolor que puede experimentarse toda una dimensión del organismo que de otro modo aparece velada” /… / “Este cuerpo no se caracteriza simplemente por la dimensión de la extensión: un cuerpo es algo que está hecho para gozar, gozar de sí mismo”.
Jacques Lacan - Psicoanálisis y medicina. Intervenciones y Textos I


En el epígrafe una cita de Lacan. Empiezo con ella porque sobre el tema del goce a esta altura muy llevado y muy traído en el psicoanálisis lacaniano y muchas veces de un modo con el que algunos han llegado a construir casi una ideología. Entonces, me parece mejor empezar por lo más sencillo. Que no por sencillo deja de ser verdad. Esta cita Lacan jamás la corrigió. Fue sí, complejizando la cuestión pero la base es ésta. Como si estuviéramos entre gente que habla diferentes lenguas y buscáramos un lenguaje común, partamos de esa cita. Después iremos viendo algunas otras cosas. Tengan en cuenta además que como es una conferencia que dictó para médicos, se ocupó de hacerla más o menos sencilla. Lacan se pregunta: “¿Qué se nos dice del placer? Que es la menor excitación, lo que hace desaparecer la tensión, la atempera más, por lo tanto aquello que nos detiene necesariamente en un punto de alejamiento, de distancia muy respetuosa del goce. Con sus propias palabras, está dando la definición del principio del placer en Freud. Y sigue: Pues lo que yo llamo goce, subrayo esta parte porque goce y placer son dos palabras que en el lenguaje vulgar se intercambian habitualmente; lo que ha traído bastante líos en muchos. Lo que Lacan hace es lo que suelen hacer los descubridores-inventores que en el momento en que producen un nuevo concepto tienen que nominarlo con algún viejo significante. Lo que hace es aclarar, “pues lo que yo llamo goce en el sentido que en el cuerpo se experimenta, es siempre del orden de la tensión, del forzamiento, del gasto, incluso de la hazaña”. Describe el goce a partir de lo básico: cómo se lo percibe, se lo experimenta en el cuerpo. Es un observable en la práctica. En ese sentido afirmo: es imposible no gozar. Seguramente que los que están leyendo están experimentando de un modo o de otro su cuerpo. En algún lugar tienen alguna tensión, en algún lugar algún dolor, en algún lugar andan pensando que tendrían que ir al masajista. Dice: del forzamiento, gran diferencia con el placer, en el placer no se fuerza. Del gasto, el goce gasta, algo se pierde. Agrega: incluso de la hazaña. Sale allí de la descripción del goce solamente en el cuerpo y salta a lo simbólico imaginario. La hazaña es una determinada realidad con que el sujeto se expresa. Especialmente los hombres somos muy adictos a creernos héroes de hazañas. Los obsesivos particularmente. Siempre tenemos que mostrar que podemos un poco más. Incontestablemente hay goce en el nivel donde comienza a aparecer el dolor. Dice: donde comienza a aparecer el dolor. Señalo esto porque se instaló una especie del saber vulgar en el lacanismo de que goce es dolor, sufrimiento. Puede serlo o no. En todo caso lo que advierte es que cuando comienza a aparecer el dolor el cuerpo se empieza a experimentar. Dice: “y sabemos que es sólo a ese nivel del dolor que puede experimentarse toda una dimensión del organismo que de otro modo aparece velada”. El ejemplo es muy sencillo: No se dan cuenta de que tienen cerebro hasta que les duele la cabeza o les pasan totalmente inadvertidos los intestinos hasta que se producen retorcijones. No advierten la existencia de la musculatura lisa hasta que duele o entra en tensión en algún punto. Está refiriéndose a cosas así de sencillas. Lo que trato de rebatir en este inicio es que no siempre el goce es dolor, sufrimiento, lo cual no quiere decir que a veces no lo sea. Trato de combatir el peligro de que nos transformemos en una especie de marketing publicitario del dolor. Lo que pongo a renglón seguido que es una cita previa en el trabajo de Lacan pero a mi me sirvió ponerlo en este orden, dice: “Este cuerpo no se caracteriza simplemente por la dimensión de la extensión: un cuerpo es algo que está hecho para gozar, gozar de sí mismo”. La frase “sí mismo”, no es común en Lacan. Es mucho más común en Freud, en Winnicott, en Hélène Deutsch; en Lacan no. Esta es una de las veces en que aparece. Aparece de entrada, centrando al goce como un goce de sí mismo. Este es un punto clave que tiene mucho que ver con los desencuentros que se producen entre la gente, ni qué decir entre los amantes.

Otra cuestión que quería tomar antes de volver a la paciente es la causa del goce. Lo repaso brevemente para ubicarnos en relación a ella. En el momento en que Lacan toma a fondo la cuestión del goce, en el Seminario Encore traducido como Aun, los lacanianos estábamos habituados a colocar en el campo de la causa nada más que el objeto como perdido. Lacan se había centrado hasta ese momento en desarrollar la cuestión del deseo. Al introducir el tema del goce mete un hecho que está articulado al deseo pero que es otro tema. Y en ese sentido reconoce una causa que no es la causa que reconoce el deseo. Si el deseo surge causado por la pérdida de objeto, en el goce la causa va a estar en el significante. Lacan plantea el significante como causa del goce, particularmente en relación a: como causa material, y como causa final y como causa eficiente. Da una explicación muy sencilla “¿cómo saber con qué gozar y dónde gozar si no disponemos del significante?” dicho en términos sencillos, cada pedazo de nuestro cuerpo está nominado por algún significante y cada pedazo del cuerpo del otro, también está nominado por algún significante. Y, justamente es la disposición de eso lo que nos permite saber qué hacer en el momento en que nos disponemos a ejercer el goce. La otra cuestión importante porque tiene que ver con la causa material, es: saber ponerle punto final a cada circunstancia de goce. Si no se supiera ejercer el final del goce obviamente el final del goce sería la muerte o cualquier variante invalidante. Hay una película que suelo recomendar cada vez que hablo sobre este tema que además de ser hermosa como película es muy interesante para pensar y desarrollar esta cuestión, El imperio de los sentidos. Es muy interesante observar todo el movimiento que se produce en relación al goce en los dos protagonistas, y cómo justamente en determinado momento en que el significante pierde la función de funcionar como causa final del goce, en ese momento sucede la muerte.

Otra cuestión importante reside en cómo Lacan fue discriminando a través del tiempo diferentes tipos de goce. Y tiene su importancia especialmente observarlos en su variación ¿Qué quiero decir? Por ejemplo, él plantea el Goce Fálico, y dice que el Goce fundamentalmente es goce fálico ¿por qué? Porque el goce fálico, en primer lugar, es el goce que está limitado por el significante. Justamente en la anécdota que dio letra a esa película al no estar limitado por el significante hasta lo que toma el lugar de encarnadura del falo (el pene de uno de los protagonistas) se pierde. Lacan hace un juego, un péndulo, con el falo como significante y hace un desarrollo fuertemente retórico y metafórico en relación a la cuestión del goce fálico. Plantea que es el goce principal y que al tener relación con el significante la tiene con el establecimiento de una realidad. También va a plantear que es el goce de la masturbación donde obviamente lo que entra en juego en los varones es el pene y lo que entra en juego en las mujeres (o al menos en determinado tipo de masturbación en las mujeres) es el clítoris, que es un resto de pene que queda en la mujer (según dicen los embriólogos). A partir de ahí, también lo va a articular a qué es el Goce del Idiota, jugando con las fantasías infantiles pero también la necedad de todas las realidades. El dicho más común en el barrio era: no te hagas tanto la paja porque te vas a quedar idiota o también: te van a crecer pelos en las manos. En el seminario donde desarrolla el tema del goce, que es Aún, es en el que más peso le dio al tema de la necedad. Plantea que el significante es necio, lo cual obviamente está muy relacionado con que el significante es el que va a permitir mantener la relación imaginaria entre la gente que es la relación predominante y necesaria pero a costa de la necedad. De que sobre muchas cosas perdemos la capacidad de verlas, de observarlas, de captarlas, de trabajarlas y de producir algo nuevo con eso. Plantea también: el Goce del Otro.

Por un lado lleva a la cuestión radical de que no hay acceso al Goce del Otro lo cual se engancha con el comienzo, el goce de sí mismo, el goce del propio cuerpo. De lo que le pasa al otro vamos a hacer mil interpretaciones, vamos a creer mil cosas, vamos a querer creer otras mil. Pero por lo general, ni el otro mismo sabe qué le pasa. Especialmente si son mujeres. Luego va a desarrollar el tema del Goce del Otro como fantasma neurótico. Lamentablemente uno de los fantasmas neuróticos más graves para las sociedades, porque buena parte del tema del racismo, de las guerras, de las luchas o encontronazos sociales, tienen que ver con esa ilusión neurótica de que mientras uno no goza el otro sí goza. Lo que pasa a ser una fuente de enfrentamiento permanente. Y finalmente las psicosis, en la que el psicótico se siente gozado por el Otro por sus voces, las alucinaciones de diferente tipo, a lo cual responderá de forma delirante. En ellas de algún modo se sentirá gozado por ese Otro imposible de callar. Más adelante, en el El sinthome, va a hablar de el Goce del Otro que no hay. Inclusive se enoja con los que lo escuchaban porque cuando planteó el Goce del Otro, no le dijeron que es un goce de Otro que no hay. En ese sentido el goce del Otro que no hay se relaciona con que no podemos saber cómo el Otro goza. Es la culminación de ese viaje que hace por el campo del Goce del Otro que no hay. Es curioso porque colegas que explican bien esta cuestión después cuando hablan se les cuela fácilmente decir que fulanito es gozado por el padre. Ese es el fantasma de fulanito o el delirio de fulanito, que el padre o la madre o quien fuera pueda gozar de fulanito no cabe la menor duda, pero el tema no es ese.

El tema es cómo fulanito vive esa cuestión. Y finalmente lo que el llama el Otro Goce que a veces también lo llama el Goce Femenino al que describe como no limitado por el significante. Lo que se hace evidente en el sentido en que las mujeres lo sienten, lo viven, especialmente cuando más han logrado salir de la posición histérica que es un obstáculo para el Goce Femenino porque en la posición histérica en definitiva gozan de su cuerpo como falo o de su clítoris. Ahí las mujeres encuentran un obstáculo parecido al que encuentra el hombre para gozar pero en la medida en que van saliendo de esa posición van sintiendo un goce que abarca todo su cuerpo. De él no pueden dar cuenta, es un goce inefable, no lo pueden transmitir, no lo pueden expresar en palabras. No está limitado por el significante. En el varón el goce fálico cuando se le reduce al pene le obstaculiza el del resto del cuerpo. Eso para las mujeres debe ser tan difícil de advertirlo como para nosotros el goce femenino. Las mujeres muy fijadas al goce clitoridiano tal vez puedan darse idea de eso. Pero para el varón el pene es un órgano tan exquisito de goce que hace de obstáculo a que goce del resto del cuerpo. Tiene que haberse producido un movimiento importante en el varón en cuanto a libidinizarse el resto del cuerpo y a que pierda cierto peso el goce del pene para que pueda tener algún acceso al goce femenino que Lacan plantea en varios lugares de Los Cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, que es un goce mucho mayor. Lo cual también tiene una lógica sencilla. No es lo mismo gozar de un pedazo que gozar de todo el cuerpo. Lacan utiliza la alegoría de Tiresias[1], quien para averiguar sobre el goce femenino se transformó en mujer y cuando volvió le dijo al rey: donde el hombre goza uno, la mujer goza nueve.

Vuelvo a Lucía. Trataré de tomar una serie de escenas de las que he ido hablando. Ahora espero poder sintetizar más. Trataré de descubrir en ellas qué pasaba en su goce. Empecemos por El recuerdo de la ventana. Era chiquita, tenia cuatro años. La madre la lleva de contrabando a vivir en la casa donde trabajaba de mucama. Por eso la tiene que dejar en la habitación que tiene para ella en un altillo en la casa. La tiene que dejar sola la mayor parte del día. La criatura juega a los saltos sobre la cama y a balancearse en el borde de la ventana. Aunque ella no lo recordaba con la fuerza con que lo transmitiré ahora pero se trataba de una chiquita aburrida, sin relación con nada más que ella misma. Gozaba del riesgo. Porque no es que ella no supiera que había un riesgo, así lo cuenta después. Era una situación riesgosa. Gozaba del riesgo y de la soledad. Creo que eran dos goces diferentes. Fíjense que en lo del riesgo aparece la hazaña que planteaba Lacan como componente del goce. Había un contexto significante que al mismo tiempo que causaba ese goce lo limitaba. Ella imaginaba historias. En cambio en lo que se transforma en goce de la soledad –que después en análisis no puede transmitirlo de ese modo; lo transmite hablando de la soledad en la que ella se sentía y cómo resolvía esa soledad a esa edad– es un goce menos limitado. Además lo vivía como un goce impuesto. Porque en realidad estaba sola porque –traduciéndolo ahora a nuestra lalengua lacaniana, había un gran Otro que eran los patrones de la madre que la condenaban a esa soledad. Así se le constituye un fantasma neurótico sobre el goce del Otro. Le aparece de esa manera conflictiva porque hasta cierto punto ese fantasma está sostenido en un real, efectivamente no podía salir de los límites de esa habitación y no sabía por qué en toda su dimensión. El péndulo de ella, ese balanceo, estaba entre el goce del Otro que no debería haber y el Fálico limitado por el significante e inscripto como hazaña. La que aparecía como Otro Primordial era la madre. La orden a ella en tanto criatura le venía de La Madre. Pero la madre le explicaba porque tenía que advertirla, de que los patrones no la tenían que ver.

Entonces los patrones al mismo tiempo que sostenían a la piba como gozada por el Otro (llamémosle así) a la vez toman una de las formas de Nombre del Padre en tanto aparecen como privadores. Hubo un punto donde para la madre había otra cosa que la criatura. Otra cosa a la que tenía que responder. Es interesante porque uno puede confundirse con el sentido de ¡pobrecita! ¡cómo no se volvió loca! Pero si advertimos que los patrones de esa mujer funcionaron más como Nombre del Padre para esta criatura que el padre de los documentos las simplificaciones caen. Pasemos a otra escena. El goce de la natación de ella más el robo de sábanas, toallas y pollos, por parte de la madre. Ahí aparece un primer acceso a goces causado por el significante, porque es obvio “andá y tiráte en la pileta” “nadá así” “andá para allá” O ella mirando lo que la madre se llevaba de esa casa. O ella y los hermanos festejando y riéndose de los pollos que la madre les robaba a los vecinos, de los cuales comían. Son todos goces que tienen dos características: una, la cuestión de que están limitados por el significante. Tienen un inicio, un fin, un despliegue. Dentro de esos límites vuelve a aparecer el tema de la hazaña en el sentido de que la madre acometía hazañas por sus hijos. Pero al mismo tiempo aparece otra marca allí que sabemos que apareció mucho antes pero que ahí tiene la oportunidad de tomar una forma recordable. Una marca de goces transgresores. La madre transgredía cuando usaba la pileta para que la hija aprendiera a nadar, transgredía cuando cometía cada uno de esos pequeños latrocinios.

Otra escena. La del columpio en la plaza donde el padre de los documentos le daba caramelos, sobrepuesta a la escena del velorio de ese mismo padre, como primer recuerdo de pérdida sin retorno equivalente a un goce doliente. Primer duelo, para quien era una criatura y por lo tanto precipitación del deseo de tener un padre. Me parece que esto es importante por varias cuestiones. En la plaza, la combinación de ser hamacada con comer los caramelos que le daba el padre tienen algo de goce pero al mismo tiempo muy cercano al placer. Es obvio que esta chica experimentaba su cuerpo porque cualquiera de nosotros que haya subido a una hamaca sabe que ahí se experimenta el cuerpo. Experimentaba su lengua, en tanto los caramelos producían un determinado gusto en las papilas linguales. En ese sentido había goce, pero ni del orden de la hazaña, ni del dolor, ni del comienzo del dolor. Era un goce placentero. Pero, goce. Lo que se le contrapuso después a la escena del velorio. Mientras el velorio transcurría algunas casas más allá, ella estaba solita sentada en el umbral de la casa de una vecina observando esa escena que no podía dilucidar bien, no podía entender qué pasaba ahí, que después se transformó para ella en un relato. Le relatan –porque ella no entró al velatorio– que habían velado al padre. Empieza un desprendimiento doloroso en el que también hubo goce. Porque cuando Lacan habló del cuerpo no dejó por eso de hablar del espíritu. Los que venimos de la neurosis obsesiva, sabemos cómo muchas veces el goce del obsesivo se experimenta en estar acosados por las ideas obsesivo-compulsivas. No hay dolor de cabeza, no hay tensión muscular, no hay dolores de tripas, pero hay una serie de ideas que no se pueden parar y donde uno siente “eso”. Quien haya atravesado un duelo importante sabe qué se siente. Esa muerte a ella le precipitó el deseo de tener un padre, aún sin saber que coincidente con el registrado no lo había tenido. En ese campo que se está armando aparece Santiago como suplencia del padre muerto y ofertándole blasones paternos. Y en la adolescencia inconscientemente abre la puesta en duda de la paternidad. Subrayo lo de inconscientemente porque la duda inconsciente estaba evidentemente transmitida por el juego entre el nombre y apellido. Recuerden: Lucia Lucia(no). La aparición de Santiago en su vida era recordada placenteramente. Evidentemente muchas de esas escenas de placer se entrecruzaron, se entretejieron, con escenas de goce de diferente índole.

En el a posteriori, adolescencia y juventud, la duda es dejada en stand-by. No es que no está, sino que queda en stand-by. Y así queda facilitada la renegación. No diría que ahí hubo represión de la duda sino renegación apoyada en la identificación a los ideales revolucionarios que la llevaron a enfrentarse a funciones paternas como las de los gobiernos. Y a identificarse a un lugar paterno en relación al proyecto revolucionario y a la atención a su madre. Ustedes recuerdan que esta chica había sido tomada por su madre como la hija que le iba a asegurar la vejez. Gozaba identificada al falo en el terreno de la hazaña. Fue una de las abogadas que se ocupó la defensa de los sobrevivientes de un importante hecho de los 70 y se jugó el pellejo en esa historia. Goce que siguió sosteniéndose al casarse con un hombre que no le disputaría ese lugar de falo a la vez que le daría letra para sustituir con identidad de pensamientos la brecha que había en la identidad de percepción sobre la cuestión paterna. Fue un período en el que sustituyó el goce sexual por gozar de la acción por ideales. Reforzado por el nacimiento de dos criaturas con valor fálico, particularmente el niño. Ahora, eso llevó a que se produjera una crisis del goce a la identificación fálica por agobiador y frustrante ante la ausencia del goce erótico. Esa es la base que llevó a la separación del matrimonio. Se le abrió un nuevo período sostenido en la acentuación del goce revolucionario que le facilitaba renegar de lo perdido (de la ilusión en el que había sido su marido) y mantenerse identificada al falo de una manera renovada. Para decirlo en términos sencillos, ya no tenía que mantener al marido. Daba su vida por la Revolución. Luego vino una crisis por la derrota de sus ideales y creencias. Crisis que abrió un hiato en los goces previos, por el que se metió el deseo causado por la pérdida temprana de padre y que comenzó a tomar forma con la vestidura de Rudoni, que pasaría a ser su segundo marido. Se produce una conmoción del fantasma en tanto la fuerte pregnancia fálica de él, muy sobreimpresa por las marcas barriales en común la expulsan de la predominancia fálica a la vez que no de su identificación al falo sostenida por el enamoramiento de él. Si él estaba enamorado de ella, ella sentía que tenía valor fálico. El goce del enamorado lo habrán sentido varias veces. Esa sensación de que se está en las nubes, pero nubes tumultuosas que conmocionan. Con palpitaciones hacen sentir el cuerpo como no se siente en situaciones habituales. Es goce. Ahí, consultó conmigo y se tornó evidente que no entraba en crisis solamente con sus ideales de entonces sino con su lugar de ideal fálico para la madre, la familia originaria y el ex marido. Se produjo una redistribución de goce. Evidentemente se erigió un falo más alto y fuerte que ella que pasó a nombrarse como Lucía de Rudoni, con lo que pasó a Gozar de la castración, goce de la angustia. La angustia también es una forma de sentir el cuerpo. O tomando las palabras de Lacan, de “experimentar el cuerpo”.

El análisis recorrió ese primer conflicto y le facilitó arribar a un nuevo matrimonio, no sólo por el cambio de hombre sino de estilo matrimonial. Cuando digo nuevo matrimonio no me estoy refiriendo sólo al cambio de esposo sino a que se generó un matrimonio de estilo muy diferente al que había tenido. Accedió a un goce más placentero, más cercano al Otro goce, el goce femenino. Lo relataba. En el matrimonio anterior, hasta las postrimerías del mismo no se había planteado como un problema el que las actividades sexuales, las pocas que había con ese hombre, no fueran gozosas. En cambio cuando empezó las relaciones con este hombre y a medida que avanzó la relación de pareja las contaba como fuego, como algo que ella sentía con todo y por todos lados. Era evidente que no había significante que le hiciera obstáculo al goce en ese momento. Por supuesto que no me enteré de en qué consistía su goce femenino pero era evidente que no había parte de su cuerpo que no gozara. Esto no ocurrió sin conflictos que la acercaron más a una posición histérica en tanto la “otra” incidía. La otra, era la ex esposa de Rudoni con sus demandas, sus líos, etc. La hija de Rudoni, también interfería. Pero se acentúa en ella el goce erótico con ese hombre y se iban aflojando los antiguos ideales políticos. Con lo cual esto que les digo del aflojamiento de los antiguos ideales políticos no tiene relación solamente con su enamoramiento de ese hombre que la convence de sus posiciones, sino también con esa redistribución de goce que se produce en esta mujer. Era evidente a esa altura que sus antiguos ideales políticos tenían mucho de una función de suplencia en el terreno del goce. Van tomándola más, ideales pragmáticos y limitadamente transgresivos, mucho más cercanos a los que animaban a su hogar originario. En ese período también pierde peso la pregunta de por qué no se enternecía con la madre que obsesivamente la torturaba. Deja de sentirse responsable por el destino del hermano. Que fracasaba permanentemente y convocaba a que todos los otros hermanos acudieran a salvarlo. A partir de determinado momento se desprendió de eso a la vez que no perdió su relación de amor y camaradería con la hermana. Que es la que va a morir más adelante, después de terminado el análisis. A esa altura estaba más centrada en su ser de gózase, como lo designa Lacan en La Tercera de Roma. Después de que hace todo un recorrido desde “el pienso, luego existo” de Descartes, pasando por el “pienso donde no soy, soy donde no pienso”, para terminar planteándose “pienso donde no soy, soy donde se goza, donde gózase”. Construye junto con su hombre un nuevo hogar en el cual a la vez que reconoce la función directiva de él no renuncia a tener una participación activa e influyente. Por ejemplo en los inicios lo empujó a analizarse cosa que éste llevó a cabo consecuentemente. Pero no sólo eso. Influyó también en cómo encaraba él sus conflictos con su hija. Influía y lo hacía bien. Es por entonces que inadvertidamente empieza a presentarse con el apellido del marido: Rudoni. No fue algo que se propuso concientemente: a partir de ahora no soy más Luciano, soy Rudoni. No, empezó a aparecer como Lucía de Rudoni. Se apropió del apellido del marido y sustituyó al del padre trucho. Obviamente había habido un recorrido en el análisis sobre esa cuestión. Se apasionó por el armado de su nueva casa. Era evidente que estaba mucho más tomada por el goce femenino.

Por ese goce de ocuparse de esos detalles, esas cuestiones donde uno ve a la mujer incidiendo en estética de la casa una serie de intervenciones de mano femenina que en el matrimonio anterior no habían existido. No obstante en la queja sobre el ex marido y sus enojos con el hijo como desplazamiento, subsistía la rivalidad imaginaria con el ex y cierto goce sádico. Finalmente, el recuerdo de la sonrisa significante de Santiago cuando la madre le dijo “este es tu padre” distendió al yo y des-alienó al sujeto de los significados legales del Otro. A partir de entonces se hizo más estable su placer y su goce femenino. Ahí se acabó el análisis y siguió toda otra historia que ya les he contado en otro momento.

Preguntas y comentarios

Participante: ... goce místico en Lacan. Si lo pudieras poner en este cuadro ...

Sergio Rodríguez: sí, lo articula mucho al goce femenino, lo toma como prototipo del goce femenino. Indica leer a Santa Teresa y San Juan de la Cruz. En la época en que estaba en la Freudiana de Buenos Aires, me acuerdo que Alejandro Ariel trajo un par de monjas a hablar sobre su goce en la relación con Dios. Era muy impresionante escucharlas hablar, porque estaban absolutamente lanzadas, no tenían problema. Se consideraban efectivamente esposas de Dios. El relato no aparecía como uno podía escuchar en otras monjas, un relato masoquista de su goce con el cilicio.

Ethel Greizerstein: no se escucha

Sergio Rodríguez: ¡bueno, no vamos a hacer una discusión religiosa! Pero estas monjas que les referí en la medida en que iban relatando escenas y cuestiones en relación a eso era notable cómo iban entrando en una especie de trance, que no era el trance histérico de las que practican el culto Umbanda. No, no, uno las veía como trasladadas a un goce inefable, del cual ellas lo único que podían ir contando eran los rezos, las escenas ... pero evidentemente el goce se les notaba en los ojos, para decirlo de alguna manera. Bueno, creo que por eso Lacan toma al goce místico. A veces eso se lo puede observar también en los psicóticos.

Alejandro del Carril: a mí me llama la atención, por algunas veces que he escuchado hablar a los lacanianos del goce femenino. Y parece un fantasma neurótico, una idealización ... a la que parece que todos acceden tan fácilmente. La historia de Tiresias, nueve a uno. La tengo nueve veces mas larga que vos, ... más o menos. Esa medida (risas). A veces, cuando uno oye hablar un obsesivo en su momento de mayor impotencia sexual te habla de la mujer de esa forma. Después, lo que me resultó interesante es lo del Goce Fálico modificándose, cambiando de lugar, redistribuyéndose. Aparte esta dificultad que está en el Goce, me parece que está en el hombre, está en la mujer, me parece que pueden llegar a acceder ambos. Hoy estaba atendiendo una chica y le estaba interpretando un sueño que me parece que tenía que ver con esto, con su deseo de gozar sexualmente como mujer y me dice “no, pero no te vayas a creer, yo soy re-liberada, no tengo obstáculos, me permito todo. Fijáte, (me dice) que a la mayoría de la mujeres no les gusta el sexo anal ... y a mi cuando me lo piden, generalmente, aunque no me causa mucho placer, igual lo hago, para complacer ... ! Claro, lo hace para complacer, no lo hace con-placer. Y ella se presentaba así, totalmente gozadora!

Sergio Rodríguez: coincido en la cuestión básica que planteás. Siempre que teóricamente se recortan campos de este estilo, no se puede hacer otra cosa que esquematizar, así el recorte lo haga Lacan o Freud. Si no esto sería contradictorio con el planteo de Lacan de que “la verdad sólo puede ser dicha a medias” De que no hay nada más que medio-verdades. En ese sentido coincido, y creo que entre los psicoanalistas lacanianos se hace una idealización del Goce Femenino y del Goce Místico. Idealización que creo tiene que ver con que verdaderamente portan el fantasma neurótico del goce del Otro. Eso no quita lo que uno observa en el decurso de los análisis, especialmente cuando atraviesan un largo período, tanto en las mujeres como en los varones. Y en ese sentido (hoy no lo tomé) recuerden que Lacan en ningún lugar les va a hacer un matema ni una topología, ni un grafo del goce homosexual. Que yo sepa, en ningún lado. Y si alguien sabe, que me avise porque voy a ir a leerlo. Lo que plantea es la sexuación. Y cuando plantea las tablas de la sexuación él plantea un lado mujer y un lado varón, y aclara con toda precisión que el macho y la hembra pueden estar ubicados en cualquiera de los dos lados o en los dos lados. Entonces, lo que pude experimentar en la medida en que he visto avanzar análisis dirigidos por mi e inclusive (lo confieso sin vergüenza) mi propio análisis, es que se va expandiendo la posibilidad de Goce, no por el lado de “yo me permito cualquier cosa” porque ahí esta limitado por el significante, ni que decir cuando dice “me presto al sexo anal para satisfacer al otro”... ya está en plena posición masoquista la dama.

Participante: (no se escucha)

Sergio Rodríguez: ¿falicizado el ano o creyéndose ella falicizada en la medida en que entrega su ano para que el otro goce? Lo que la coloca en una típica posición masoquista, y no porque practique el sexo anal, sino porque lo hace exclusivamente para que el otro la desee como objeto[2]. Muchas mujeres lo practican porque les gusta el sexo anal. Pero en tu ejemplo la cosa es que “lo hace por el otro”. Pero a veces observamos lo que pude observar en esta mujer, que hubo un movimiento en el terreno del goce de su cuerpo muy importante que arribó a una modalidad de gozar completamente distinta. Pensemos en la escena post-análisis, esa donde ella se despierta orinándose, él protesta y ella le dice es lo menos que te merecías. También es una escena de goce. Evidentemente es una escena de goce. Y de un modo absolutamente inconsciente, estaba soñando. El ponerle intencionalidad vino después. Accede a una zona, y no me refiero solamente a lo uretral, sino a una modalidad de goce, a una zona de goce que no es que sea fálica, porque fue fálica, vengativa, rivalizante, fue todo eso. Pero me parece que hubo algo mucho más importante, y fue que a ella no le haya dado vergüenza la situación, ni ante el marido ni ante mí, porque vino y me la contó. Pasó algo de otro orden. Concuerdo con vos. Separar obsesivamente no sirve porque nunca es así. Lo hacemos exigidos por lo imaginario, para facilitar las explicaciones y nada más.

Laura Lueiro: estoy de acuerdo con lo que dicen ustedes, pero me parece que hace a la cuestión de estructura en relación al goce. No hay forma de hablar del goce si no es con significantes, con lo cual cualquier descripción o intento de aprehensión del goce femenino pasa a ser automáticamente un goce fálico. Esto de que Tiresias dice nueve veces por una, el poner una cifra es limitado. Pero además Tiresias dice esto cuando ya es hombre de nuevo. Tiene siete años de mujer y prostituta, y luego había vuelto a ser hombre, que fue un castigo de los dioses por no sé que cosa. En ese sentido, fíjense que es un fantasma neurótico y de los hombres también. Pero si se piensa cómo Lacan lo plantea, sin ponerle el nombre de Goce Femenino, sino como el Goce de la Falta, entonces allí se abre la posibilidad de pensar en términos lógicos que se puede gozar de aquello que no está. Otro Goce distinto a ese y que en ese sentido Lacan lo que dice es que está más facilitado en la mujeres por el hecho de la privación. Más facilitado, nada más. Pero que de ninguna manera es privativo, ni siquiera me parece que se limita al orgasmo femenino que es el ejemplo que el da, sino que da como un instante de vacilación fantasmática, de caída del sujeto. Lo que me parece es que lo da como ejemplo y no que es ese el goce femenino. Pero sí se trata de un Goce más amplio y de otro orden y que cuando uno trata de decirlo es esto. Pero no se trata de que las mujeres no pueden decir, sino de que muchas veces los hombres ante determinada situación tampoco tienen palabras para describir lo que pasó ahí, en equis situación.

Alicia Smolovich: en relación a lo que dice Laura, también pensaba en (lo voy a llamar así) el Goce del creador, que se pone en juego, que tiene que ver con este Goce en Falta, que también no es sin significante porque también algo de esto se toma, porque si no sería caer en una idealización pensar que es sin significante. De hecho, pensaba en los movimientos de goce de esta paciente y el movimiento en relación al Nombre del Padre. Por otro lado te quería preguntar lo de la hazaña que tomás al principio. Ese juego de riesgo trasgresor, como recuerdo, o reconstrucción de este recuerdo en relación a las hazañas de la madre con los robos y luego también en relación a esta posición fálica en tanto la hazaña en lo de los Partidos ...

Roberto Vecchiarelli: se me había ocurrido, al principio algo que me parece que tiene relación con lo que hablaba Laura recién. Porque estabas hablando del goce nombrado por el significante, localizado, en algún lado ordenado, que decimos desde la panza y todo eso ... y ahí se me cruzó una frase, no se por qué, pero se me cruzó esa frase “pero el bebé no sabe anatomía”, pero el bebé ahí goza, y el bebé no sabe anatomía, después vamos aprendiendo y lo llamamos intestino, estómago, y le vamos poniendo conocimientos que intentan nombrar. Pero el bebé goza aunque no sabe de qué, goza. Entonces si el deseo esta fundado por el deseo del Otro, desde la madre que nombra el deseo, no hay forma de apresar el goce a través del significante, porque en cuanto se lo toma por un significante, ya va quedando dentro del territorio del deseo. Esa es la impresión que tengo. Eso por un lado. Ahora, en relación a los creadores que decía Alicia, esto de que en la poesía actual, aunque no soy muy entendido en esto pero sobre todo en la poesía surrealista y otras corrientes, hay como un intento de ruptura de sentido. Es decir de buscar el goce estético, justamente en la ruptura del sentido, en aquello que abre a lo inesperado. Me parece que por ahí puede haber un acceso al goce creador, es decir por aquello que en el significante lleva a la ruptura de eso, y que puede abrir a otra cosa.

Sergio Rodríguez: bueno, brevemente porque veo que empiezan a tomar las carteras. A ver si puedo referirme a las tres cuestiones. Es complicado, pero efectivamente, es el goce de la falta. Ahora, Lacan va a diferenciar en ese sentido el Goce de la Falta de Goce de la Vagina, porque plantea que el goce de la vagina es una forma fálica del goce en la mujer, en tanto la vagina hace como el dedo del guante al dedo, por lo tanto no es en sí el goce de la falta. Ahí creo que se enlaza a lo que planteaba Alicia y que después retomaba Roberto sobre el tema del goce creador. Porque en el goce creador, el goce se produce en relación a hacer algo con eso que no estaba. Es una cuestión que es interesante para pensar en relación a la practica psicoanalítica porque un tema donde creo que Lacan se enloqueció los últimos años de su vida, fue cuando se encontró con que el goce del significante le obstaculizaba con la principal herramienta que es el trabajo de análisis, que es la palabra del analizante. Empezó a buscar modos de resolverlo, especialmente las sesiones cero, donde el tipo llegaba, le cobraba y lo mandaba de vuelta. Uno lo puede pensar por varios lados. Lo puede pensar como lo piensa la Roudinesco, porque a Lacan le gustaba acumular lingotes de oro, me parece que es la forma más tonta para pensar la cuestión. Lo pensaría más bien preguntándome por qué él trata de arreglárselas con ese tema. En ese sentido, vos (Roberto Vecchiarelli) traes algo en relación al arte, que efectivamente en los surrealistas estaba muy claro. Pero que ahora también existe, porque en las canciones del Indio Solari ¿cómo haces para producir un sentido? Sin embargo te producen un goce, y un goce que sentís en algún modo cercano a un sentido que no sabés cuál es. Eso es lo que tiene de impresionante el Indio en sus letras. Y, donde lo que hace jugar me parece que es el significante marcando lugares de goce. Me acordaba ahora de una canción, esa que dice vivimos en una ciudad donde hasta la Cruz Roja te fusila. No hay un sentido claro. Ninguna Cruz Roja que esté fusilando pero logra producir una metáfora que más allá del sentido, produce un efecto de goce en quienes lo escuchamos y donde no está acabado el sentido. Me parece que esto que trajeron ustedes es muy importante y tiene que ver con esta cuestión que planteaba Laura, del Goce de la Falta. La paciente fue desplazando a mi modo de ver, una identificación al goce trasgresor de la madre en el terreno de la hazaña (porque ella contaba cómo los hijos festejaban cada vez que la vieja traía un pollo y lo metía a cocinar), lo fue desplazando (para lo que es la política actual, un goce menor) hacia un goce trasgresor. De lo que observo, aquellos artistas que están buscando la hazaña para la producción de su objeto, en general terminan inhibidos. Es un goce muy exigido por alcanzar un valor fálico imposible de alcanzar.

Roberto Vecchiarelli: en relación a esto de la cuestión creadora, me acordaba de un ejemplo. Más o menos todos conocemos las poesías de Neruda, las más conocidas, aunque tuvo varias etapas. Los poemas de amor, los cien sonetos de amor, Veinte poemas y una canción desesperada, donde fácilmente uno puede identificarse y si uno anda medio enamoradito ese día, llorará un poco, porque a todos nos toco un poco eso, mirar las estrellas y esas cuestiones. (risas) No se rían, que a todos nos tocó! Pero en un poeta surrealista, Enrique Molina (que a mí me gusta mucho) hay un poema de él que habla de la mujer en la poesía de Neruda. Y es muy lindo, pero hay algo que ocurre ahí, es algo que se escapa, se escapa, que parece que va a apresar algo de todas esas cosas que habla Neruda y que sin embargo se escabulle. Lo hermoso me parece que esta ahí, en eso que no se alcanza a apresar, y en eso me parece que está lo creador.

Sergio Rodríguez: comparto lo que decís. Y es más, en la medida que vas hablando se me ocurrieron algunas cosas. Neruda es un poeta que leí mucho en otras épocas, y una cosa era Neruda cuando escribía por indicación del Partido, y otra cosa era Neruda especialmente en los comienzos. Me acuerdo de una serie de odas a las verduras que no sé si conocen (risas) sí, dejando de lado el significante de ver-dura, claro, (risas). Leer esa poesía era peor que entrar a una mala función de circo, pero en cambio hay un verso de él que si me parece viene muy a cuento, por ahí es el verso mas recordado o el que yo mas escuché, cuando dice “me gustas cuando callas porque estás como ausente” Ahora, fíjense si no es una referencia significante a lo que estamos conversando.

Graciela Guidi: yo voy al dolor. A mi me llamó la atención la frase que dice hay goce cuando empieza a aparecer el dolor, porque si uno la corta ahí, parece que tendría que haber dolor para haber goce. Vos decís que puede haber o no dolor. Esa frase ...

Alejandro del Carril: en relación al goce y a la cuestión de esto del placer y el dolor, a mí me viene siempre el articulo de Freud Más allá del principio del placer. Generalmente se ubica esto del placer y entonces el goce sería el dolor y en realidad Freud en ese artículo habla de placer y displacer. Igualar goce-dolor entonces, seria meter al dolor en el principio del placer. Me parece que el goce tiene que ver con el más allá del principio del placer y el más allá del principio del placer no es el displacer ni el dolor. Es otra lógica. En todo caso, no sé si no adquiere cualidad o ... no sé bien de que se trata.

Alicia Smolovich: me quedé con esto del sin sentido y retomo lo que se estuvo hablando bastante que tuvo que ver con la clase de Alejandro y algunas tuyas, en relación a la interpretación en análisis. Y pensaba en relación al goce, no solamente del analizante sino también del analista ...

Sergio Rodríguez: con respecto a esta cuestión y a la cuestión de placer-displacer. Efectivamente en el Proyecto de psicología para neurólogos, Freud planteó la articulación placer-displacer. Tal es así que lo primero es el displacer, aparece en el tema de los bebés que traía.

Roberto Vecchiarelli: ahora me pregunto si no estaba anunciando ahí la contraposición de dos lógicas, pero que se significan justamente porque se contraponen. En realidad el principio del placer en Freud, desde el punto de vista de la formalización de Freud, desde lo estructural, el principio del placer lo centra en la homeostasis, en el equilibrio, en eso que no se siente en definitiva. Que no es el principio de Nirvana, que es el del grado cero. Me parece que lo que se confronta es placer-goce, y en ese sentido cuando Lacan dice Incontestablemente hay goce en el nivel donde comienza a aparecer el dolor, no dice sólo hay goce en el nivel donde comienza a aparecer el dolor, sino que no hay por qué dejar el comienzo del dolor por fuera el goce. Forma parte del goce. El dolor también forma parte del goce. Pero el goce no se reduce al dolor, ese es el punto. Lo que me interesa recalcar es esa cuestión, de que no se reduce. En el tema de la drogadicción por ejemplo. ¿Qué es una de las cosas que más nos dificulta resolver el problema de los drogadictos? Que han accedido al conocimiento de un goce placentero, que muchas veces, no hay con qué darle. Lo dicen muy claro, cuando dicen: vos porque no probaste. Lo dicen así: desafiantemente. Entonces, me parece que es alrededor de todas esas cuestiones que se juega la del goce.

En cuanto a la Interpretación, allí hay toda una interpretación. Si el psicoanalista debe decir o no algo alrededor del goce en las sesiones. Estoy analizando a una muchacha que se analizó varios años con otra colega, una muchacha neurótica pero una neurosis muy asentada en el goce masoquista. Pero neuróticamente masoquista. Y toda la interpretación de la anterior analista se reducía a decirle que ella ahí gozaba y con eso me parece que barría todo el entretejido que la sostiene en esa posición de goce. Con lo cual no digo que no hay que decirle: mira, vos ahí estas enganchada con ese goce. Pero hay que agregar el cómo, de qué manera, en qué, para qué, en que situaciones, en qué ocasiones, en que tiene que ver con su historia, en fin, una cantidad de cosas que se juegan ahí, porque si no, hablar de goce se transforma en una especie de jocker, de comodín.




[1] El mítico adivino ciego helénico.
[2] Ver en Lacan el seminario de La Angustia.