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¿Vuelta de Lacan o vuelta a la psicología?

27 de febrero de 1998


Estuve entre los iniciadores de lo que provisoriamente se llama: “Convergencia Lacaniana de Psicoanálisis”. Por eso, leí con interés a Roberto Harari el 26 de febrero de 1998. Sorprendido, polemizo.

Lo que origina más resistencia al psicoanálisis, es su descubrimiento de que lo que causa el accionar de los seres parlantes, encuentra mucho más raíces en lo inconsciente y en la producción del Inconsciente, que en la conciencia. Para las otras disciplinas “sociales”, esta comprobación es difícilmente aceptable. Hacerlo, exige soportar que la conciencia, lejos de iluminar, oscurece. Para aceptar esto, es condición necesaria, no siempre suficiente, haber transcurrido la experiencia del análisis sobre si mismo. Aceptado, se producen condiciones muy importantes para re-ubicar, el punto de mira de las “ciencias sociales”. En esta exterioridad radical del psicoanálisis con respecto a otras prácticas teóricas, incluida la psicología, está la principal dificultad para que sea tomado por ellas. Por eso, debemos leerlas en su letra y no “comprensivamente”.

Harari encabeza su artículo con un epígrafe extraído de un reconocido sociólogo argentino: José Nun. Cauteloso, como lo es habitualmente, Nun dice: “creo que la política contemporánea, para construir consensos, necesita de un diálogo muy activo.” 1) Para Harari no hay creo, hay una certidumbre: un mandato implícito (?) de Lacan, “sigan a mi familia o, si no, disuelvánse infinitamente”. Reniega de que este disolvió a la Escuela Freudiana de Paris, para que no acabe en “grupo consolidado, a expensas del efecto de discurso que de la experiencia se espera, cuando ésta es freudiana”[i] 2) No toma en cuenta que la política, “es el arte de lo posible”[ii]. No así el psicoanálisis. Que es el arte de acompañar al sujeto en el trabajo con su Inconsciente, para que no soslaye lo imposible. De ahí, dos éticas diversas. Ni mejores, ni peores. Diferentes en función de sus fines, reconocen como supremos, bienes diferentes. El psicoanálisis (en intensión y extensión) el “bien decir” del Inconsciente. La política: el “bien consensuar”: para dominar. En consecuencia, no debemos centrar la construcción de nuestro movimiento en la ética política. Cuando así ocurre, se producen goces contrarios a su ética y que distorsionan los fines de su praxis. Testimonian de ello, el “shopping” Asociación Psicoanalítica Internacional y su socio reciente, la “legión” milleriana, a los que Harari critica. Ellas evidencian en su política, como el “consenso” es construido a partir del dominio del más fuerte y no de las razones. El consenso puede ser camino para la paz social, pero resulta contrario a reubicar al sujeto en función de sus deseos inconcientes y de sus más genuinas posiciones de goce.

Por otra parte, si busca consenso ¿por qué dice que Lacan está reprimido en Francés? Eso es incorrecto y ofensivo. Reniega de que en Francia, tal como en muchos otros países incluido el nuestro, hay muchísimos psicoanalistas que despliegan la enorme herencia teórica y práctica que dejó Lacan. Como muestra Parisina, nombro a cuatro: Melman, Safouan, Alain Didier Weil, Colette Soler. Pertenecientes cada uno a diferentes agrupamientos. Podría nombrar muchos más. El porque, está en la letra de Harari cuando dice: “Consecuentemente nuestro castellano ¿será la lengua del retorno de Lacan...?” Que no es lo mismo (más allá de racionalizaciones sobre el retorno de lo reprimido) que a Lacan. Así se lo planteó este con respecto a Freud. Según dicha enunciación ¿es difícil imaginar, a quien estará imaginando como Lacan vuelto en castellano?

Si se desea verdaderamente generar lazos de intercambio con psicoanalistas de otros países, no hay que proponerse políticas de dominio, por más agradables que les resulten a las ambiciones del yo. Dejemos eso, para políticos y/o psicólogos.
Por cuestiones de espacio, sólo me referí, a lo que creo más nodular. El resto, queda pendiente.

SERGIO RODRÍGUEZ



[i] De la Carta de Jacques Lacan del 5 de enero de 1980, disolviendo la Escuela freudiana de Paris.
[ii] Ver “El Príncipe” de Maquiavelo

Viagra

Sección: La Caldera
Editora: Nélida Halfon


Nuestros predecesores trataban de arreglarse con las cercanías de la muerte, recurriendo a creencias animistas, en dioses, o más próximamente, en Dios. Había que sostener de cualquier modo, la credibilidad en alguna forma de inmortalidad.

La ciencia “progresa”. Desplegó el sueño de alargar la sobrevivencia. Si el promedio de vida de los griegos era de 40 años, el de los países desarrollados de occidente al promediar este siglo: 60. A esta altura poco más de 70. Sobrevivencia, en tanto este pareciera ser el fin, no importa a qué costo. Trasplantes, plásticos y ortopedias varias, dan sostén real a dicho sueño. Del cual mejor no despertar. Para que preguntarse ¿qué Frankestein es lo sobreviviente? ¿Por cuánto más y en que condiciones? Tampoco cuestionarse los efectos que eso produce en las sociedades y la Cultura. Por ejemplo: la multiplicación excesiva de la población, que regalará a la “aldea global” en el 2050, diez mil millones de habitantes.

En este paisaje de colágenos, penes ortopédicos y vaginas quirúrgicas, ha hecho su presentación en sociedad (¡suenen clarines y atronen timbales!) el Viagra. 1º) -Erección asegurada. 2º) –Frigidez derrotada. 3º) -Histéricas ¡a callar!.

Un hombre mayor va a hablar con un psicoanalista. Cumplía los años que el imaginario social y el propio, alienado en aquel, marcaban como la entrada a la elegantemente llamada: tercera edad. Andaba fenómeno, pero no quería envejecer. Tan fenómeno andaba, que no le alcanzaba con la esposa (con la que, según sus dichos, mantenía excelentes relaciones sexuales). Tenía una amante estable y varias ocasionales provistas por una madama. Todo de maravillas, de no ser el miedo a envejecer y a la muerte. A poco andar se manifiestan inequívocos signos de enamoramiento de la jovencísima amante, a quien su hidalguía llevó a ayudar pecuniariamente. Advertido el enamoramiento, y el embarazo de ella a causa del marido, prestamente la abandona y la sustituye por otra -presentada por la madama. Mientras, la circulación de varias conocidas por la misma vía, abundaba. Lo que la jerga de la calle, suele llamar “gatos”. Sin embargo las relataba como si fueran conquistas. No era él que las buscaba, sino la madama que lo utilizaba para servir a señoras ricas de posición acomodada.

Y ocurre lo inesperado, esta vez no puede evitar enamorarse de la nueva. Nueva que tenía una particularidad que no presentaba la esposa, ni las otras amantes. Se negaba a ciertas “porquerías”: fellatio y penetración anal. Además, era hermosa. Cuando entraba a una confitería, todos se daban vuelta para mirarla. –“Y como sabemos, el hombre es importante si lleva la billetera bien forrada y una bella mujer a su lado”

Así las cosas, ocurrió lo que era posible que ocurra. Apareció la impotencia. Ni con la esposa, ni con las ocasionales. Con el adorable gatito, de cuya condición nuestro dis-fálico personaje se empeñaba en renegar. Hasta que una serie de acontecimientos y el desarrollo de su análisis se lo hicieron imposible. No obstante lo cual, se empeñaba en seguir poniendo (pene y dinero). Pero el pene, no pensaba lo mismo. En ese gatito, se habían concentrado inconscientemente, una serie de rasgos de la madre. Belleza, virginidad por lo menos de algunas zonas, y emputecimiento para obtener dones. Y se sabe: -¡con mamá, no! Aún no existía el Viagra, pero sí sus antecesores. Un pequeñísimo supositorio de uso uretral y un inyectable local con pequeña jeringa y finísima aguja. Acudía a veces a uno, otras a otro. Todo a escondidas de la joven gatito. Una vez tuvo la mala suerte de, como efecto de la inyección, sangrar inadvertidamente (para él) del pene. Ella no sólo lo advirtió, sino que puso el grito en el cielo y encontró un pretexto para negarse al encuentro sexual que él tanto anhelaba. En ese entonces comenzó a venderse el Viagra en EEUU (como sabemos la vanguardia de la aldea global). Se lo hizo traer, y ansioso lo tomó para la ocasión pertinente y -¡oh sorpresa!. No cesó la obstinada negativa del órgano a funcionar en esa escena. Por el contrario, seguía activo en todas las otras.

No sólo apareció el Viagra, también mapean cerebros. Reconocen el hemisferio de las metonimias y el de las metáforas. Del pensamiento conceptual y de los sentimientos. Se ilusionan e ilusionan, con llegar a resolver por vía medicamentosa y ahora genética (habrían encontrado el gen de la delincuencia = Lombroso resucitado) las tribulaciones del alma. La pequeña ilustración muestra, que de no mediar causas estrictamente anatómicas o fisiopatológicas (ínfima minoría de los casos) detrás de los problemas de impotencia, laten siempre diversas “malas formas” que toma el complejo de castración (vejez, muerte, dificultades en la identificación sexual) y el posicionamiento edípico del sujeto. Hasta puede ocurrir que “ortopédicamente” se yugule un síntoma. Lo que eso no yugula, es el complejo ideativo inconsciente que da razón al síntoma y que traerá sufrimiento por otras vías. De eso sólo puede dar cuenta el análisis del Inconsciente. Lo otro es insistir en la robótica que muestra la televisión, cuando pone en escena los rostros de ciertos políticos, comunicadores sociales y miembros de la farándula. Además de contribuir al ascenso en la estadística de muertes por infarto. ¿Será que el corazón, albergue del amor, se venga de esa manera de los falos imaginarios empastillados?

Sergio Rodríguez (23 de julio de 1998)

Sobre la culpa y la angustia social

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Psicología Jueves, 19 de Enero de 2006

Superyó a la japonesa
Un breve pero variado recorrido en relación con la “angustia social”, que se padece ante los otros, y con las particularidades que el superyó puede tomar según las diferentes culturas.
Subnotas
· “Dime que la luna está linda”
Por SERGIO RODRIGUEZ *

Hay un tiempo en que, para el chico, la diferencia entre el sujeto y el Otro es muy pequeña, lo que genera en él la creencia de que los adultos pueden adivinarle los pensamientos. A este tiempo corresponde la angustia social, previa a la internalización del superyó. Lo interesante es que aparece también en adultos y no siempre en psicóticos; por ejemplo, en algunas neurosis obsesivas. A ese fenómeno se refieren Freud en El malestar en la cultura y Lacan en Formaciones del Inconsciente. Me parece interesante que Lacan lo refiera también a la Biblia. En el primer capítulo del seminario “Encore” aconseja leer el Eclesiastés. Dice el Eclesiastés (“Eclesiastés” es el significante que se deslizará a “Iglesia”), en el versículo 20 del capítulo 10: “Ni aun en tu pensamiento dirás mal del Rey, ni en los secretos de tu cámara dirás mal del rico porque las aves del cielo llevarán la voz y las que tienen alas harán saber la palabra”. Esto apunta a algo que aparece siempre como paradoja en los análisis: la gente se siente culpable de aquello que no hizo. Sin embargo, el superyó se ha dado por enterado de que él tiene esa culpa.

El filósofo Hitoshi Oshima, en un reportaje que le hice en la revista Psyché, preguntado por la cuestión del sentimiento de culpa en los japoneses, contestó que prácticamente no hay sentimiento de culpa al estilo del que hay en los occidentales: “Para un japonés lo malo es lo sucio, lo impuro pero no lo sucio interior, sino lo exterior, visible. Lo importante es lo que la gente ve, cómo nos ven los demás. Desde la infancia estamos educados así: ¿qué van a pensar los demás? No sabemos quiénes son, pero son una mirada fuerte que nos presiona. Cuando uno hace algo mal ante los demás se siente muy mal, muy avergonzado” (ver nota aparte). Entre ellos la culpa, más bien la vergüenza, surge cuando el otro descubre la falta. ¿Qué diferencia a los japoneses de nosotros? Oshima contesta que los educan diciéndoles siempre “...qué van a pensar los demás”, pero cualquier hijo de familia italiana, judía o española ha sido educado de este modo. ¿Puede ser que no hayan internalizado el superyó, que se hayan quedado en el momento de la angustia social? Tampoco. Es evidente que esa sociedad funciona bajo la ley de prohibición del incesto, igual que cualquier otra. Entonces, tal vez los padres porten la ley bajo la forma particular de sujeción a la mirada del Otro.Lacan inventó un neologismo, lalengua, que sería el modo particular en que hablan los sujetos, sustrayéndose a las generalizaciones de la lengua: el castellano no es el mismo en Buenos Aires que en Madrid. Oshima explica que el japonés no funciona al modo de las lenguas occidentales, por la precipitación de conceptos, sino por la precipitación de efectos de sentido en relaciones permanentemente metafóricas.

El castellano es denotativo, sentencioso, absolutizador, maniqueo, igual que el resto de las lenguas occidentales. El castellano pontifica su realidad. El japonés da un lugar muy importante a la cortesía. Una de las cosas que más impresionaron a Oshima en Occidente, y especialmente en la Argentina, fue cuando lo llamaban por teléfono: “Hola, qué tal. Te invito a cenar esta noche”. El se quedaba totalmente sorprendido porque, para los japoneses, antes de llegar a la proposición hay todo un recorrido de cortesía, muy largo. A él le producía sensación de extrañamiento, de enajenación, encontrarse de golpe con la propuesta.Freud, por otro lado, hace referencia a que en “pueblos primitivos”, los contratiempos, en vez de generar, como ahora, culpa, generaban enojo y castigo contra el Tótem.

Estas diferencias –el enojo contra el Tótem en los primitivos, el sentimiento de culpa en los occidentales, la vergüenza ante la mirada del otro en los japoneses–, ¿qué relación pueden tener con el funcionamiento de la lengua en cada lugar? Al plantear esto, me excluyo de las cuestiones del sentido como sustancia, y en cambio apelo a los mecanismos de lenguaje que se ponen en juego.Freud plantea la idea de que el superyó pena al yo pecador con los sentimientos de angustia, y que castiga en función de la relación con el mundo exterior. “En este segundo grado de su desarrollo –dice–, la conciencia moral presenta una peculiaridad que era ajena al primero y ya no es fácil de explicar. Se comporta con severidad y desconfianza tanto mayor cuanto más virtuoso es el individuo, de suerte que, en definitiva, aquellos que se han acercado más a la santidad son los que más se reprochan su condición pecaminosa.”Hay que pensar que quienes más virtuosos quieren ser, quienes más quieren acercarse a la santidad, tienen como ideal transformarse en el ideal del Otro. Por lo tanto se proponen algo imposible.

Agrega Freud: “La experiencia enseña que la severidad del superyó desarrollado por el niño en modo alguno espeja la severidad del trato que ha experimentado, parece independiente de ella”. Un niño que ha recibido una educación blanda puede adquirir una conciencia moral muy severa. Y agrega algo importante: “Alexander ha formulado acertados juicios sobre la juventud desamparada, con respecto a los dos tipos principales de métodos patógenos de educación, la severidad excesiva y el consentimiento. El padre desmedidamente blando e indulgente ocasionará en el niño la formación de un superyó hipersevero, porque ese niño, bajo la impresión del amor que recibe, no tiene otra salida para su agresión que volverla hacia adentro”.¿Es sólo por amor? ¿O también tiene que ver con la deuda que engendran las donaciones excesivas del padre?* Extractado de En la trastienda de los análisis, vol. 3, de próxima aparición.

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Un libro que merece ser leído


Un problema de la progresión geométrica en la tecnología de las impresiones, reside en que las librerías se han superpoblado de tal manera, que es muy difícil elegir, y habiendo elegido, leer todo lo que se ha comprado. No debe ser afectado por dicha dificultad, El Nombre del Padre Articulación entre la letra, la ley y el goce, el libro que le publicó a Norberto Rabinovich la editorial Homo Sapiens.

¿Por qué?. Porque arriesga, para impedir el congelamiento de la teoría, y por lo tanto de la práctica de la cura por el psicoanálisis.
¿Cómo?. Por el camino de interrogar a Lacan y con él a Freud, sobre dos problemas claves: 1) ¿Qué está en el fundamento de lo que estructura al sujeto del Inconsciente?. 2) ¿Dónde encontrar el fin de los análisis?. Tanto en el sentido de su terminación, como de sus limitaciones. Decisivos, para que el analista conduzca su trabajo.

De las por lo menos seis tesis que contiene, una es la fundamental y la dice así: “El Nombre del Padre, en su función radical, fue formulado por Lacan como el significante de un goce Urvendrängt[i] donde se asienta el ejercicio de la castración, llamada simbólica”. Anteriormente afirmó[ii], polemizando con Freud, que “Si es cierto que el análisis es interminable por el límite que le impone ‘la roca viva de la castración, no habría salida verdadera de la religiosidad transferencial. Inversamente, la destitución de la función del sujeto supuesto saber implica el pasaje por la experiencia subjetiva de la castración”. En consecuencia, el final del análisis (en sus, por lo menos dos acepciones) dependerá de que durante el mismo se haya logrado encontrar dicho significante, en sus diversas formas de manifestarse (anagramas, juegos de letras, de palabras, etc.) hasta lograr que se vacíe totalmente de sentidos, y sea, (valga la paradoja): el significante asemántico, que en esencia, siempre fue.

Rabinovich lo dice así [iii]: “De esta forma, el trabajo interpretativo del análisis, aunque se desarrolla en un desciframiento significativo, arriba finalmente a una cosa distinta a la revelación de un sentido: la producción de una cadena literal que sostiene un agujero irreductible en el saber. Esto parece confluir pertinentemente con la destitución del sujeto supuesto saber. Pero agrega de inmediato, de un modo que relativiza lo precedente, sin dejar de sostenerlo decididamente: “Aún cuando tal resultado no es una meta alcanzada en forma habitual en nuestra práctica, no por ello evitaremos interrogar la dimensión de lo Urvendrangt como fundamento de la teoría del inconsciente a la vez que medio y fin de la experiencia analítica.”

Si una condición básica para cualquier libro de psicoanálisis reside en que sea capaz de perturbar lo ya sabido, el libro de Rabinovich lo logra con creces. Por eso, atravesando el amontonamiento, merece ser leído, en el sentido más fuerte que Lacan le daba a este verbo.
Las discrepancias que cada uno pueda tener, forman parte de la riqueza que abre, la investigación psicoanalítica que el libro es.



[i] Página 137. En alemán quiere decir: Represión Primaria.
[ii] Página 33
[iii] Capítulo VI HOMBRE DE LAS RATAS: del significante original y sus retornos sintomáticos, uno de sus apartados más apasionantes.

Una herramienta para analizar el malestar en la cultura

Una herramienta para analizar el malestar en la cultura

Autores: Sergio Rodríguez. Teléfono: 4776-0959, e mail srodrig@fibertel.com.ar
Alejandro del Carril. Teléfono: 4783-6676 e mail
aledelcarril@fullzero.com.ar

1. De los fundamentos

Freud, con el descubrimiento del Inconsciente y la invención del psicoanálisis produjo una ruptura epistemológica de una dimensión de la que aún no tomaron nota suficiente aquellos interesados en discernir el funcionamiento humano e incidir en él, incluso una gran masa de psicoanalistas. Los que nos hicimos cargo no sólo intelectualmente de ese descubrimiento, fue porque el análisis de nuestro propio Inconsciente nos dejó en posición de soportarlo. De sostenerlo y de digerir la herida al amor propio que dicho descentramiento produce.

La importación hecha por Lacan desde la ligüística del concepto de significante, redefinido como “lo que representa a un sujeto para otro significante”[1], forjó el instrumento necesario para sostener científicamente[2] la teoría del Inconsciente. A lo que ya se había acercado mucho Freud con su teoría de las representaciones y su función en el delineamiento de lo no conciente[3]. Lacan, no sólo redefinió el significante para utilizarlo en la lectura de las formaciones del Inconsciente, también indicó su primacía como herramienta para situar al efecto sujeto ante lo real de su vida, ante lo que se le presenta desconocido pero operante sobre él. Lo que lo llevó a discernir los efectos de estructuración, que su lugar central produce sobre la experiencia de los seres hablantes. Ese discernimiento le permitió advertir que 1) el significante no sólo produce significación –efecto de sentido por articulación al menos a otro. 2) También está condenado a no poder significar todo lo que demande ser significado. De donde lo que cae fuera de la significación produce lo real, lo no significado. 3) Su condición fundamental: aislado no produce sentido, solamente lo hace articulado a otro u otros. El significante solo, no significa nada. Es un puro sin sentido, pero condición necesaria para que combinándose con otros lo produzca.

De la primer función antedicha, no por orden de importancia, deviene la producción y reproducción del registro Imaginario, en el que predominan la imagen y la univocidad del significado. De la segunda, lo Real, su imposibilidad de saber todo. De la tercera, que conlleva la posibilidad infinitamente abierta de producir nuevos sentidos, surge una condición básica del lenguaje debido a la cual no se interrumpen los deseos inconscientes, entre ellos el deseo de saber, particularmente de saber hacer. En síntesis: Los tres registros de la experiencia humana discernidos por Lacan, -Real, Simbólico e Imaginario- son efecto del significante. Consecuencia de lo cual, lo es también el sujeto en sus tres manifestaciones –real (como puro corte), simbólico (como representación fallidamente representativa), imaginario, representado por un aspecto aparentemente transparente como consecuencia del efecto de sentido.

2. Políticamente correcto

El 16 de junio fueron publicados en la sección Psicología de Página 12 dos artículos (“El zappingántropus está entre nosotros” de Yago Franco y “Llenos de nada” de Mariela Castrillejo) que hacían referencia a lo que podríamos denominar la determinación de la época sobre los síntomas que se nos presentan en la clínica analítica. Se entiende por época en ambos escritos, al sistema económico- político denominado capitalismo. Es nuestro interés, despejar algunos malentendidos que han quedado ocultos bajo lo que podríamos denominar ideas “políticamente correctas”. Creemos que los autores sostienen algunas de estas ideas-fuerza que se han impuesto en no pocos colegas, en función de la dificultad antes señalada de soportar el concepto de Inconsciente y la estructuración discernida por Lacan como condicionada por los tres registros del desenvolvimiento humano. Si bien es innegable la influencia del capitalismo en la subjetividad, como el de cualquier otro de los sistemas que dominan en diferentes lugares o dominaron en distintas épocas y regiones, en él no dejan de funcionar los otros cuatro discursos –del amo, de la histérica, de la universidad y del analista- y no sólo el discurso capitalista tal como lo matematizó Lacan = Es más, es condición de existencia de este discurso la presencia de otros, particularmente el de la histérica que desde su deseo de deseo insatisfecho sostiene a los discursos amos. Eso se hizo patente cuando en diciembre del 2001 un gran número de seres parlantes amasados, ganaron las calles argentinas con la consigna: ¡qué se vayan todos!

El resultado fue que volvieron todos, aunque algunos con modificaciones. Sostenemos que solamente denunciar a cualquier discurso como la causa de todos los males no sirve para otra cosa que para reforzarlo, normativizarlo, a saber, perfeccionarlo, tal como advirtió Lacan en “Televisión”, “El reverso del psicoanálisis” y otros trabajos.

3. El individuo amasado

Yago Franco atribuye por un lado al capitalismo un efecto de arrasamiento del sentido para luego decir que “la significación imaginaria del capitalismo, (es) aquella que compele a producir más, acumular más, ganar más, consumir más”. Si el capitalismo tiene significación imaginaria, tiene entonces sentido, por lo que atribuirle la producción de un sin-sentido como hace el autor es un error. Como dijimos antes, la práctica con el inconsciente enseña que el que carece de sentido es el significante, que los va produciendo en la medida en que, en discurso se va articulando con otros. Dicha articulación produce simbólicamente un efecto imaginario al que llamamos sentido.

El capitalismo, como sistema económico-político origina muchos. Por ejemplo, “que el dinero hace la felicidad”. Una pregunta factible de ser formulada es la siguiente ¿Qué modalidades de goce diferentes soportan sentidos diversos? Uno fundamental, es que el cliente, creyendo consumir es consumido por las mercancías, los objetos de mercado. Desde el rico y los no tanto, que compran infinidad de objetos que no lograrán consumir nunca pero que los consumen (a los consumidores) en su pasión por acumularlos, hasta el pibe chorro que mata por un par de zapatillas de marca.

Agentes del discurso de la histérica, viven insatisfechos en función de la estructura de su deseo y de los señuelos conque la máquina desquiciada de la producción capitalista los tienta. Resultan sujetos, cuya verdad es la de estar en posición de objeto para el consumo del amo que detenta el significante que encandila a dichos agentes, produciendo un saber incapaz de satisfacerlos. Posición que impotentiza a ambos, como se está haciendo manifiesto a través del conflicto traído por las nuevas tecnologías que dicho discurso capitalista utiliza para promover una desocupación que expulsa a sus propios clientes, del consumo que les propone, reduciendo así su mercado. Los clientes desean cada vez más y proporcionalmente gozan cada vez menos, de objetos investidos fálicamente. Son arrojados así, a ese Otro goce que no debería haber, por no limitado por significantes.

La imprescindibilidad de funcionar en lazo social para hacer vivible la vida, obliga al ser hablante a hacerlo en discurso a través de significantes. En esa relación, a veces agenciará otras será el otro de dicha relación. Mientras algunos seres parlantes centran su goce en funcionar como agentes, otros prefieren acomodarse a ser los otros que soportan lo que viene de dichos agentes. Unos pagan su goce de dominio con el riesgo y el trabajo de ejercer dicha función. Y los otros el suyo de acomodarse, con su trabajo y el producto en plus que entregan para que el amo lo usufructúe, lo reinvierta, lo recicle, lo distribuya.

Marx develó que toda producción de valor provenía de la fuerza humana de trabajo. Supuso que la misma sólo se tornaba calculable con el advenimiento del capitalismo que necesitaba de la circulación libre de dicha fuerza, lo que trajo como consecuencia que ni el esclavismo ni el régimen feudal de servidumbre, le resultaran funcionales. Sin embargo, Lacan trasladó dicho cálculo a las sociedades previas, las del Discurso del amo antiguo. Lo que no fue desacertado, en tanto con el mismo también se producían valores encarnados en mercancías fetiches que velan, disimulan a la fuerza humana de trabajo (esclava o sierva) que las produce. A nuestro modo de analizar fue un error tanto de Marx como de Lacan, suponer que dicho valor es producido sólo por el otro de cada discurso. El agente en los discursos amo también trabaja, y a veces más que sus trabajadores, otras no, pero además arriesga, mientras la mayoría de los trabajadores cree que no. En verdad, como dice Lacan en Radiofonía[4] “Todos quedamos en las costas del goce”.

Nadie arriba a su mar o a su tierra, y todos pagan con insatisfacción. Pero si la producción de mercancías por parte del trabajador en relación a sus horas de trabajo es relativamente calculable, no lo es la función del agente. Esta sólo es mensurable por el éxito o fracaso y con referencia al destino de empresas de la competencia. Esta imposibilidad de calcular el valor de la relación entre cada función como resultado de que una de ellas no es calculable, torna imposible calcular el valor en general. Dicho cálculo es encubierto en cada sociedad por el precio, que es una resultante de la relación entre el deseo de consumo que pueda despertar una mercancía –su valor de uso-[5] y la fuerza humana conjunta (agente + trabajadores) de trabajo necesaria para producirla. Como consecuencia de esta imposibilidad de calcular el valor también resulta imposible calcular a partir del concepto de justicia, la distribución de la ganancia. Este punto es el que funciona básicamente como mal encuentro social irreducible en toda Cultura. De ahí que la humanidad esté condenada a que la redistribución del plus de goce (plusvalía) que cada discurso produce, se realice según la resultante de la correlación de fuerzas entre los productores (agentes y trabajadores) siempre en conflicto.

Por otro lado el autor (Y.F.) cae en una aporía a partir de pretender dilucidar la subjetividad de la época ingresando en el callejón sin salida psico-sociológico de la alternativa individuo - sociedad. Para tratar de salir de ella, termina postulando la existencia de dos formas de individualismo, el aislado y el social (¿el malo y el bueno?). El individuo, por definición es asocial. Sólo la división entre sus propios significantes y aquellos conque el Otro lo interpreta en discurso, lo transforman en un sujeto del Inconsciente que gira por los diversos lugares de discurso a que lo va llevando la necesidad de entrar en lazo social.
Finaliza el mismo con la siguiente afirmación: “Se confunde así el individualismo con lo que realmente es: un aislamiento que no hace más que profundizar el sinsentido, la fragmentación de la sociedad, y que muestra que se ha erigido un nuevo modo de dominio sobre los sujetos…”

Cuando dice "lo que realmente es" su inconsciente da cuenta mejor que su conciencia de por donde va la cosa. No hay individuo aislado y social. El individuo (no dividido) es aislado y asocial. Al rechazar su división subjetiva, la que resulta de ser representado por un significante para otro significante y de la pérdida de objeto, no le queda otra posibilidad que formar, junto a los otros individuos, una masa, por identificaciones recíprocas con los mismos y sometidos al ideal del yo representado por el líder. El individuo decimos entonces, es puro goce masificado. Es un ladrillo más en la pared. Queda así diluido en la masa y aislado de sus deseos y sus goces más genuinos.
La noción de sujeto dividido teorizada por Lacan es un gran acierto que permite una salida al círculo vicioso constituido por el par individuo-sociedad. Este sujeto, no pasible de ser significado por un significante solo, que no hace signo, ex-siste íntimamente a la masa-individuo (está íntimamente por fuera). En tanto puro corte es real, es decir, carece de sentido, de atributos o propiedades; imaginario, por su apariencia de individuo; y simbólico en tanto que es no-todo representado por un significante para otro significante. Es por la producción del mismo, que el método analítico pone a jugar deseos y goces que no hagan masa. Como real, el sujeto del inconsciente escapa a cualquier cálculo y control.

Cuando esto no sucede, las sociedades masificadas por el goce del sentido suelen subir la apuesta hasta que un real les agujerea dicho sentido. Ese real puede ser, según las épocas, más o menos catastrófico. Pero invariablemente, factura en vidas humanas. Mencionemos los sacrificados en Malvinas y su efecto en la recuperación de la democracia. Real exceso de goce porque desborda el sentido, puede funcionar también como un límite al mismo, ya que exige a lo simbólico un trabajo de tramitación del mismo. Que se logre o no dependerá del bagaje significante del cuerpo social en el momento determinado.

4. ¿Nuevas patologías?

En el segundo artículo, María Castrillejo, intenta dar cuenta de lo que denomina los nuevos síntomas atribuidos a “la época en que el Otro no existe”, lo que daría lugar a la denominada “clínica del vacío”. Según la autora “La “clínica del vacío” es fundamentalmente la clínica donde falta la falta, es la clínica opuesta a la clínica de la falta, es la clínica de lo demasiado lleno. La contraposición entre clínica del vacío y clínica de la falta(…) indica una nueva configuración del lazo social en la época contemporánea, en la que vacila o fracasa la relación del sujeto con el Otro.”

Según lo que veníamos diciendo más arriba, el individuo se sostiene como tal porque desde esa posición soporta la ilusión de su autonomía mientras da consistencia al Otro tapándole la falta. Y esta si es una característica del discurso capitalista. En él, el que cree saber consume al objeto de consumo que produce (incluso los desempleados como objetos excluidos) transformándose en consumidor-consumido, fascinado por las mercancías y con temor a ser segregado. Es por eso que los terroristas fundamentalistas islámicos atacan a la población civil (Torres gemelas, Atocha, Londres). Lo hacen sobre el eslabón más débil de la cadena: los votantes-consumidores, agujereando con un real lo que el discurso capitalista tapona imaginariamente con la superproducción de objetos. Transforman con sus bombas a los objetos de goce (los consumidores-consumidos y ellos mismos) en deshecho.

Las nuevas patologías, propugnadas por la psiquiatría globalizada por el DSM (Manual Diagnóstico y estadístico), surgen de una regresión epistemológica realizada por sus ideólogos respecto de antecedentes tanto psiquiátricos como psicoanalíticos, y se apoyan en un fundamentalismo que jerarquiza al indicio como síntoma, al síntoma como síndrome y a éste como entidad nosológica, para dar dirección y sentido a los datos numéricos recogidos en estadísticas. Dicha ideología aporta fundamento supuestamente científico a una clasificación de apariencia prolija y sencilla que serviría para facilitarle el trabajo al profesional. De hecho lo hace, en desmedro de su eficacia. Lo hace porque el paciente gracias a la divulgación que realizan los medios suele llegar con el diagnóstico hecho por sí mismo o algún amigo, e incluso sabiendo muchas veces que medicación debe tomar. Con lo cual el médico, cuando no trabaja en serio, queda reducido a ser un mero hacedor de recetas: un burócrata al servicio de sostener el negocio de los laboratorios. Hemos visto recetarios que en su reverso traen cuestionarios para auto diagnosticarse. No es casualidad entonces que divulgadas las nuevas patologías, sirvan como etiquetas identificatorias con las que el ser hablante intente suturar su falta en ser. Establecida su existencia y difundido el saber vulgarizado solo habrá que sentarse a esperar que aparezcan. El autodiagnóstico y la automedicación no hacen otra cosa que reforzar el aislamiento individualista y el negocio de los laboratorios farmacéuticos en la aldea global.

La lógica del DSM rechaza cualquier saber que no sea el de la conciencia para clasificar todo malestar como trastorno, ya sea clínico o de la personalidad. La gravedad de los mismos suele medirse de acuerdo a las dificultades que le impongan al paciente para adaptarse a las exigencias de la cultura social en la que vive. Es decir, para ser un individuo hecho y derecho. Por eso las neurosis, como efecto del malestar que el sujeto padece por estar inserto en la cultura, ya no figuran en el manual. Aquí la cultura es sin falla (consistencia del Otro a la que aludíamos anteriormente) y el sujeto debe adaptarse renunciando por ello al saber del inconsciente.

Los efectos de la salud mental globalizada son tan fuertes que incluso muchos psicoanalistas hoy se presentan como especialistas en diversas patologías (ataques de pánico, toxicomanías, anorexias, etc.). Como el DSM, tienen un casillero para cada individuo, transformándose así en especialistas del puro sentido (simbólico-imaginario) y perdiendo con ello lo más rico de la clínica analítica y lo que caracteriza a su eficacia: el tratamiento de lo real por lo simbólico.



[1] En su seminario Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (año 1964)
[2] “Según los preceptos de una ciencia o arte”, definición del diccionario de la Real Academia Española
[3] Ver Lo Inconsciente en la Metapsicología (Sigmund Freud)
[4] Radiofonía y Televisión (editorial Anagrama)
[5] El Capital (Capítulo 1 del tomo I) de Carlos Marx

Spaguetti


Este es un cuento que tiene que tener un sentido que precisa de ser descifrado, pero que tiene cara de fábula lafontainica posmoderna.
La escena verídica acontece el 31 de diciembre de 2007 a las 6 de la tarde cuando decido bajar a la piscina de mi hotel Ondina Apart. Iba con mi spaghetti para hacer un poco de hidrogimnasia. Una media hora, calculé. ¿Cómo estaba? Este es uno de los puntos a descifrar porque no sé bien como estaba. La mejor aproximación sería decir que andaba entre fascinado y espantado. Me atraía la idea de pasar Reveillon solo como una ostra, pero esa soledad me metía miedo, casi supersticioso. En los tiempos solitarios el tiempo se alarga increíblemente, el minutero del reloj se traba.

Bien, bajo a la piscina con una toalla, el spaghetti y las llaves de mi apartamento. Tiro el spaghetti en la piscina, me doy vuelta para colocar las sandalias junto a la silla y, cuando levanto la mirada, constato que el spaghetti desapareció, como por arte de magia. Miro y miro y nada y comencé a rascarme la cabeza. No estaba preparado para un pase de magia. ¿Será que 2007 quiere despedirse con una pirueta abracadabrica? Pero de pronto constato que un muchachón gordo y grandote me sonríe con una amplia sonrisa. Él estaba sentado a caballo sobre mi spaghetti.

¿Qué hacer?
Me zambullo, doy un par de brazadas y me acerco. Visto desde el nivel de la piscina el tipo parecía más grande y gordo. Su envergadura escondía mi spaghetti.
Dámelo, dije, entre serio y sonriente.
Él sonrió y no me dijo nada. Se acercó y amplió su sonrisa. De cerca tiene más de 20 años.
Dámelo, repetí.
Él no dijo nada y nuevamente se acercó, casi cheek to check, con una sonrisa cada vez más extraña, posiblemente boba.
Mi saber psiquiátrico me alertó que el tipo podría ser más loco que una piedra.
¡Dámelo!
Nada.
¿Qué hacer?
Mi desconcierto era total. Tomé distancia, me alejé hacia el centro de la piscina. Había algo familiar en esa escena y de pronto recordé. Yo con siete u ocho años, en la Plaza San Martín. Estaba jugando con unas figuritas y de pronto dos chicos llegan y se llevaron mis figuritas. Sensación de despojo, de así-no-vale.
Me acerco, dámelo, nada.

Era un crepúsculo tropical. El agua de la piscina estaba casi caliente. Una luna llena iluminaba la arena.
¿Qué carajo hago? ¿A quién recurrir?
Al lado hay un bar en forma de cabaña. Salgo de la piscina, voy al bar y le digo al barman que quiero hablar con un agente de seguridad del hotel. Me pasa el teléfono y dice: “Disque 9”. Antes de discar hago una pausa porque la situación esta vez me recuerda una historia tal vez verídica. Ocurrió en la frontera de Francia con Suiza. El motorista conducía un volkswagen rojo. Las barreras del tren estaban cerradas. Parece ser que hubo un accidente en el tren. Pasaron más de 10 minutos, las barreras seguían cerradas y el tren sigue estacionado. De pronto el motorista ve a un elefantito caminando por las vías del tren que viene y se sienta en el capot de su volkswagen rojo, abollando la carrocería y quebrando un faro. El accidente fue en un vagón del circo donde estaba el elefantito. Éste finalmente es retirado por el personal del circo y las barreras se levantan. Cae la noche, el motorista reanuda su camino. Poco kilómetros dentro de Suiza un policía para el coche por sólo tener un faro encendido. Frente al policía el motorista se dispone a contar lo ocurrido, pero su buen tino lo lleva a callarse. ¿Qué pasaría si explica que un elefantito se sentó en el capot de su coche? Hay cosas que son indecibles.
Me parece indecible decirle al agente de seguridad que venga porque un hombrón no quiere devolverme mi spaghetti.

Me zambullo una vez más en la piscina. El loco de piedra sigue a caballo en mi spaghetti. Hay una media docena de chicos que han seguido todas las peripecias de cerca. Una niña de unos 10 años viene y me dice: “Él no es muy normal”. Pero duda, no quiere entrar en el enredo. Mi lado astuto percibe el dilema que podría dirimirse de la siguiente forma: ¿quién esta más rayado, el muchacho que robó el spaghetti o el abuelo que lo usa?
Quedamos en silencio. Para quebrarlo le pregunto a la niña: “¿Qué hago?”
La madre está ahí, ella me dice, mostrándome la Sala de Juegos que linda con la piscina. Voy a la Sala y, cuando entro, una señora cuarentona está jugando al snooker. Cuando me ve corre a mi encuentro y me abraza diciendo: “¡Querido doctor Rodrigué, cuantos años!
La miro absorto.
¿No se recuerda de mí?
No, no me recuerdo de ella.
Su hijo, comienzo a decir…
¿No se recuerda de él?
No.
¿Cómo? Si usted lo analizó. Era un caso de autismo. Usted publicó el caso de mi hijo Raulito. Su memoria está fallando, doctor. ¿Cómo es posible que no se recuerde de él?
Autismo versus Alzheimer.

Fin de la historia. Fábula sin moralejas, pero con resonancias. Una de ellas es las vueltas de la vida. Otra, soledad e ironía. Otra, la mamá de Raulito resultó ser sexy. Así hablaba El Solitario del Spaghetti casi Perdido.

Sobre las sesiones breves


Un nuevo “pattern”, al que llaman “sesiones breves”, se “naturalizó” entre algunos psicoanalistas de origen lacaniano. Toman como referencia particularmente a Miller (Jacques Alain) y a determinados seguidores de éste. Se apoyan también en lo que varios pacientes de Lacan, hicieron saber sobre su manejo del tiempo de las sesiones en la práctica de sus últimos diez años. Cierta vez, Jacques Alain Miller publicó un interesantísimo artículo llamado Despertar. Muchos lo tomaron como la fundamentación adecuada para sostener la práctica de sesiones breves. Sin embargo, cualquiera que lo lea sin prejuicios, podrá reconocer en él un excelente razonamiento para fundamentar la función del psicoanalista de enfrentar al sujeto con su real. Pero no encontrará una sola línea que diga porque el camino para eso sería la estandardización de las sesiones breves. Lacan mismo no ha publicado, que yo sepa, ningún escrito en defensa de estandardizar la brevedad de las sesiones.

En cambio publicó en los albores de su enseñanza: “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma”. Desde entonces, insistió en que la certidumbre de interpretación del Inconsciente surge en tres tiempos que se producen en la relación entre analista y analizante: el instante de ver, el tiempo de comprender y el momento de concluir. Y prefirió ser expulsado de la Asociación Psicoanalítica Internacional, antes que desertar de manejar el tiempo de las sesiones según la lógica conjetural de los tres registros en los que se articula la experiencia humana: Imaginario, Simbólico, Real.

Dichos tiempos reformulan, precisándolas y dándoles posibilidad de ser utilizadas como herramientas, dos observaciones de Freud. La de la atemporalidad del Inconsciente, y la de la producción de sentido de sus formaciones, por retrosignificación. La primera, señaló la substracción de las producciones del Inconsciente al tiempo cronológico. La segunda, afincó dicha producción en dependencia de la lengua. Fue él quien advirtió que para que se produzca significación, hacen falta al menos dos escenas significantes, de las cuales la segunda va a significar a la primera. Y también que dicho significante es emitido desde quien queda constituido como Otro. Recuerde el lector, las dos escenas descriptas por Freud en el “Proyecto de Psicología para neurólogos” como necesarias para la constitución del síntoma.

El primer gran acierto de Lacan consistió en captar la relación estrecha que había entre las teorías de Freud sobre las representaciones, la producción de sueños, de síntomas y actos fallidos, con las elaboraciones de Saussure sobre: signo, significante, significado, significación. Su esquema de los tres tiempos para la lógica del acto, no hace más que atenerse a esas elaboraciones conceptuales de Freud y de Saussure. De ahí su obstinación en defender su modo de manejar el tiempo de las sesiones. Se le transformó verdaderamente, y con razón, en una cuestión de principios para el ejercicio de su práctica. Una interrupción de sesión en el momento acertado, produce la escansión, el corte necesario, la puntuación adecuada, para que ocurra la retrosignificación precisa de la enunciación emergida. Ese momento, a partir de una certidumbre anticipada, no puede renunciar a la función de la prisa. Dicho en criollo, “no se debe dejar escapar la liebre cuando salta”. Es importante no confundir esta función de la prisa, con estar apresurado.

Esto les ocurre a los analistas breves. El tipo de intervención del analista preconizado por Lacan, deja sin lugar a la producción de enunciados que velen, oscurezcan, lo que aquella enunciación metaforizó del sujeto del Inconsciente: su deseo. Corta el goce del significante (del hablar por hablar, por pura satisfacción narcisista). Fenoménicamente, el resultado es advertible por el cambio de posición de dicho sujeto, entre el comienzo de la sesión, copado por enunciados que distorsionan y velan sus deseos, y ese preciso instante en que la metáfora atraviesa la barrera resistencial indicando el momento de concluir. La interrupción, a través de la pérdida de la comprensión que le daban aparentemente los enunciados “armaditos”, lo lleva a volver a buscar una comprensión que se le escapa.

A partir de “esa base más estrecha, pero más segura[i]” , Lacan inicia un recorrido. En él, irá desbrozando las consecuencias de que la experiencia humana se vaya dimensionando entre los registros nombrados supra, sobre la base de la primacía del significante. Esa primacía resulta, de que sólo a partir de la posesión de éste por el ser hablante, dichos registros se constituyen. Real, Simbólico e Imaginario son consecuencia de que “un significante es lo que representa a un sujeto para otro significante”. Esta definición de significante a la que Lacan arriba avanzada su enseñanza (1964), diferencia al significante como concepto psicoanalítico, de las definiciones lingüísticas, dándole función precisa en su relación con el Inconsciente. Se diferencia así, a la “lingüistería”[ii] de la lingüística, sin que eso signifique diferencias de valoración sobre los territorios que demarcan.

El camino que Lacan venía recorriendo a partir de su discriminación de los tres registros en 1953, toma en ese año 64 un derrotero fundamental a partir de que precisa -en lo que se ausenta- la definición del objeto “a” como causa del deseo, y de la causación del “a” por la castración (insuficiencia) del significante para recubrir lo real. Ese derrotero le permite discriminar, particularmente en “Encore” –1972- otra función del mismo, la de objeto de goce en lo que se presenta encarnado en el cuerpo y/o en los significantes. Tenemos entonces al “a” funcionando atrapado entre los tres registros: en lo imaginario, recubierto de vestiduras que encubren lo radical de su falta, en lo real, siendo esa falta misma, y en lo simbólico, tomando funciones de representar valores imposibles de mensurar y desde los que, fallidamente, intenta significar a lo real.

Llegado a ese punto, el manejo del tiempo en las sesiones deja de ser herramienta exclusivamente de puntuación y pasa también a formar parte de estrategias y tácticas para construir la apariencia adecuada del analista (“semblant”), para que resulte causante del deseo de analizarse. Y, en las circunstancias convenientes, obstáculo al goce del significante cuando éste se transforma en valla para el deseo de analizar. Definamos al deseo de analizar, no simplemente como el de ir a llevar quejas al analista o el de recibir pacientes en consulta, sino como el más duro para el sujeto, el de ir a encontrarse con su real, con el deseo desconocido, con lo que genera la angustia. Para el psicoanalista ya no se trata sólo de saber puntuar, sino también manejar la presencia del analista y por lógica su substracción y su ausencia, ante la resistencia más difícil, la de lo real soportada en lo no simbólico del Ello. Lo que se hace a través de silencios, de la duración de las sesiones, de la frecuencia y la regularidad o irregularidad de estas, como vestiduras de ese objeto que se escurre en presencia. Se puede preguntar ¿si lo real es incognoscible, como el analista puede apercibirse de su presencia?. Es incognoscible pero presenta indicios. Formará parte de la habilidad del analista detectarlos para pasar al acto necesario que facilite que lo real vaya presentando formas con escrituras trabajables. Poco de esto pueden hacer los analistas estandardizados, sigan los “pattern” de la I.P.A (50 minutos) o de los analistas breves (10’).

Por otro lado los estándares dejan de lado una cuestión inalienable planteada por todos los grandes maestros del psicoanálisis. Cada paciente y cada sesión deben ser tomados según la singularidad con que se presentan. Lo mismo es aplicable al analista. En cada sesión y con cada paciente atravesará circunstancias particulares. Lo que surgirá entre ambos, y como cada uno se articule a eso que surja, dependerá de como estén situados en su articulación borromeica.
Toda esta riqueza, es la que se pierden los estándares, décimo o quincuagésimo minutados y es la que le hacen perder a sus: excesivamente pacientes.

Los breves, generan la ilusión de que hay analistas que atienden 10’ y cobran mucho menos que los que se rigen por la lógica de la estructura. O sea: la lógica que rige el tiempo del sujeto en cuestión, en cada única, e irrepetible sesión, condicionando a ese seguimiento los límites horarios de la misma. Sin embargo cuando se llega al balance final, si se suma lo que pagaron los seis pacientes que atendieron en una hora los décimo minutados, cobraron mucho más que los que se responsabilizan en seguir la lógica inconsciente del analizante. A la vez, aquellos pacientes pagan mucho más, porque quedan tan marginados de su inconsciente, como lo estaban cuando eligieron al analista breve. Por eso mismo también, muchos analistas producidos por la brevedad, no pueden hacer otra cosa que “surfear” levemente el Inconsciente de sus pacientes.

La de las sesiones breves es una tendencia que se ha identificado a los nuevos ideales de esta cultura: hacerle creer al cliente (al yo) que se hace lo que él quiere, para extraerle más plus de goce, plusvalía. Tal vez el lector esté pensando –“se equivocó Rodríguez, la plusvalía se le extrae al trabajador, no al cliente”. Lo que ocurre es que el capitalismo actual hace trabajar al cliente. Es éste, o sea ustedes lectores, el peón que recorre las góndolas de los supermercados con los carritos, o que pierde horas trabajando para que las telefónicas o las tarjetas de créditos corrijan el ¿error? de factura, o haciendo cola y operando ante los cajeros automáticos para retirar dinero de los bancos, etc.... “Pero Rodríguez... igual se equivoca, ya Lacan nos decía que el análisis es el único lugar en el que paga el que trabaja”. Sí, pero era una referencia al analizante trabajando para sí, para reconocer la existencia y las producciones de su Inconsciente. En la tendencia que nos ocupa, como en el caso de los supermercados, el cliente trabaja para el patrón que le vende. Además, aquel fue uno de los tantos chistes de Lacan. El sabía como trabaja el analista con su cuerpo y con su alma, para causar el trabajo analítico del analizante.
La identificación de algunos psicoanalistas al “todo por dos pesos”, los conduce a una degradación equivalente a la de la cultura “merchandising”.

Sergio Rodríguez 2 de marzo del 2001



[i] Ver Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis: Jacques Lacan
[ii] Así definió al territorio que demarca la relación la lengua con el Inconsciente, conduciendo a un corte epistemológico con la lingüística.

Sobre la preparación de los psicoanalistas

La práctica del psicoanálisis, su capacidad para curar, se alimenta de 4 fuentes. 1) El deseo que motorizó al practicante de hacer con sus síntomas algo distinto a su sufrimiento repetido 2) Deseo que lo llevó a analizarse hasta el punto en que su estructura, su decisión, y lo estructurado en su analista, soportaron su análisis. 3) El análisis de la experiencia de trabajo con sus analizantes 4) El estudio de los escritos producidos por Freud y grandes psicoanalistas que lo siguieron, afilaron y mejoraron sus formulaciones teóricas.
Los dos primeros puntos proceden como instrumentos que liberan al futuro psicoanalista de obstáculos que le significan enunciados que le reprimen, le impiden advertir sus deseos inconscientes. Lo hacen también de vertientes imaginarias de sus ideales y de fusiones entre ellos y supuestas encarnaciones de los mismos en determinados objetos. Reducen hábitos de goce que sostienen repeticiones de lo no deseado, en pro de los “beneficios” de lo ya experimentado.
El análisis de la experiencia de trabajo del practicante con sus analizantes a la vez que contribuye a la labor de vaciamiento y liberación descripta en el párrafo anterior, va precipitando también en el Inconsciente del mismo una serie de articulaciones significantes y de experiencias reales que vuelven a emerger como insumos, cuando circunstancias sucedidas en análisis de otras personas las convocan . La formación teórica funciona paradojalmente. Por una parte señaliza rutas convenientemente, al dar cuenta conceptual de causas, razones y límites de la operación psicoanalítica. Pero por otra, fija enunciados que a la hora de la práctica pueden estorbar la atención libremente flotante del analista sustrayéndola de las letras, significantes, elisiones, fracturas lógicas, con que las enunciaciones del inconsciente balizan los enunciados de los analizantes. Es más, no solamente pueden sustraerla, sino que además pueden presionar, forzar interpretaciones u otras intervenciones que resultan tributarias de la deuda del practicante con el teórico de su preferencia, en lugar de con el Inconsciente de su analizante.
Teniendo en cuenta estas apreciaciones resulta fácil entender porque las diversas vertientes del movimiento psicoanalítico han privilegiado explícitamente para la preparación de sus oficiantes el análisis personal y el llamado por algunos de control, por otros supervisión. Sin embargo, estos mismos nombres aplicados a la revisión del trabajo entre analista y analizante, indican que inconscientemente, dotaciones importantes de analistas han depositado su confianza en el control (típica fantasía obsesiva) y en una visión superior (coetánea ilusión paranoide).
Lo que ocurre en las situaciones en que ambos partenaires se entregan al trabajo del inconsciente, es una transferencia de la articulación producida como efecto de las transferencias recíprocas ocurridas en la situación analítica, a la interrogada por el psicoanalista que la condujo y por el tercero consultado. Éste debe analizar la transferencia en que quedaron involucrados el analizante primigenio y el analista que lo recibió. Pero también forma parte del trabajo de consulta sobre la marcha de dichos análisis, que se tome en cuenta y trabaje, los fenómenos de transferencia que se van produciendo en el mismo. Esa es la razón por la que no está contraindicado y hasta es recomendable que quien se está preparando como psicoanalista consulte sobre su trabajo con el mismo analista con que se analiza. Otra razón reside en que cuando se disocia el análisis personal del de consulta sobre el trabajo como psicoanalista, el análisis de la vida laboral, objeto de tantos y tan importantes relatos en la mayoría de los análisis, queda renegado.
Atendiendo las observaciones anteriores se puede volver a entender que los resultados de los análisis se producen por “vía de porre”, de sustracción como planteó Freud en “Leonardo” y no por “vía de levare”, de agregados, de enseñanzas. El “vaciamiento” que todo buen análisis va produciendo, reordena las relación del sujeto con lo real, de una forma no menos apasionada pero sí más sobria, más templada. Lo que se transmite es dicha posición básica, que le permite al oficiante sostener flotante su atención, para que la misma sea reclamada por lo que desentona en el ronroneo de la rutina imaginaria.
Es así que , contrariamente a las suposiciones de algunos antropólogos y algunas psicólogas sociales o sociólogos psicologistas, no hay nada de esotérico en la transmisión de psicoanálisis. La misma quedó claramente formalizada con el discurso del analista formulado por Lacan a $
S2 S1
En él hacen apariencia de comandar el vínculo, las vestiduras de objeto que encubren el vacío que causa el deseo.
Del mismo modo, se evidencia que a la transmisión del psicoanálisis es más lo que le molesta su enseñanza en la universidad S2 a
S1 $ que lo que le aporta. Es la abstinencia del analista, “semblant” del vacío de la causa del deseo, el que hace enunciar a la división del sujeto un significante nuevo para tratar a su síntoma. A la inversa del “todo enunciado” del discurso universitario que cosifica al alumno favoreciendo su angustia, su minusvalía, su dependencia y su agresividad. La enseñanza universitaria es útil cuando se trata de transmitir lo ya sabido. La medicina es una profesión clásicamente beneficiada por la misma, pues al enseñar técnicas ya adquiridas, los profesores se las trasmiten a los alumnos utilizando el cuerpo de los pacientes (¡infinitamente tales!). Les hacen percibir lo que el tacto, la visión, el olfato, el oído y hasta el gusto de los alumnos, tendrán que retener en sus memorias para repasar y recordar en nuevos actos semiológicos. La psiquiatría, especialidad desprendida de la clínica médica general y de la neurología, mantiene dicha metodología de enseñanza en tanto y en cuanto para la terapéutica, básicamente psicofarmacológica, se guía por una serie de modalidades de enunciados para agrupar las quejas en síndromes (paranoias, melancolías, bipolaridad, depresiones neuróticas, neurosis obsesivas, neurosis histéricas, fobias). La psiquiatría norteamericana con sus fatídicos DSM, tiende a subrayar monosintomáticamente. Lo que seduce a pacientes y psiquiatras pues les genera la ilusión de que con yugular ese síntoma que más molesta (ataque de pánico, trastorno obsesivo compulsivo- TOC- por nombrar los dos más de moda) todo va a andar bien. Para esas concepciones de la psiquiatría, la mostración de enfermos tiene la misma virtud que para la medicina en general.
En el psicoanálisis se trata radicalmente de la transmisión de otra cosa. Lo que debe aprehender quien se está capacitando como psicoanalista es un método operativo para captar y hacer trabajar con modos diversos, según se trate a una neurosis o a una psicosis, las fallas en un discurso convocado a la asociación libre. Esta condición exige privacidad, resguardo de la intimidad del acto y obligación del psicoanalista de no utilizar la transferencia para ningún otro fin que los enmarcados por las finalidades de la cura. Para eso el paciente paga y el analista cobra para ejercer su función en la que cede un plus de su trabajo. Es en razón de estos condicionantes que el trabajo de consulta sobre la dirección que van tomando análisis conducidos por analistas en preparación se desarrolla en la intimidad de los consultorios.
La llamada “presentación de enfermos” que llevan adelante algunos analistas que han leído a Lacan y se han identificado a un imaginario vigente en algunos sectores del lacanismo parisino, no hace otra cosa que copiar las formas psiquiátricas de la enseñanza, para transmitir modalidades de trabajo sobre un objeto distinto al de la psiquiatría. Este movimiento genera condiciones de posibilidad favorables a la psiquiatrización del psicoanálisis. En Lacan, el hábito de la “presentación de enfermos” representó un punto en el que no logró romper con su origen psiquiátrico para refundarse como psicoanalista.
Cierta vez reporteé a un colega francés y le pregunté sobre qué razones daba a esa práctica de enseñanza. Respondió con un argumento previamente esgrimido por Miller, el factor benéfico que ejercería en el tratamiento de las psicosis la función del público como tercero. Le pregunté entonces si él llevaba a las presentaciones a sus pacientes del consultorio privado. En un salto reflejo me dijo ¡ más... no...! Con lo que se evidenció que “el beneficio” de la presentación de enfermos quedaba reservado sólo a los pacientes pobres, mientras los económicamente pudientes seguían usufructuando de la reserva a la mirada y el oído del público, en el consultorio privado. Es cierto que la función de terceros puede resultar beneficiosa en el tratamiento de muchas personas afectadas por cuadros psicóticos. De ahí el valor de enfermeros, terapistas ocupacionales y acompañantes terapéuticos convenientemente preparados, de comunidades terapéuticas con funcionamiento adecuado, casas de medio camino, hospitales de día, etc.. Pero son todos dispositivos que deben responder al “caso por caso” y a promover una posición activa en el enfermo.
Con el enfermo “presentado” como caso al público, ocurre lo contrario. Queda reducido a ser un objeto pasivo del “saber” del presentador para la mirada y la audición del público. Con lo que se reproduce lo peor de algunos discursos universitarios. En consecuencia, la presentación de enfermos no es más que la degradación del psicoanálisis a una práctica psiquiátrica creyente como ella en las “virtudes” de las cosificaciones nosológicas. Además, es una obscena puesta en escena de la dolorosa alienación de un sufriente.
Sergio Rodríguez

Sobre la guerra

El entontecimiento de la masa, habitual cuando se identifica a líderes con escaso coeficiente mental, cometió y está por volver a cometer una gran tontería. Uno de esos líderes opera en nombre del fundamentalismo dentro del Islam, su religión verdadera. El otro en el de la suya, el u$s bendecido "democráticamente" por centenares de sectas protestantes, la iglesia católica y el gran rabinato. Ambos, se aprestan a acometer una tercer guerra planetaria de incalculables consecuencias.

Se tensa lo peor de la humanidad. Unos y otros claman venganza (algunos advierten el despropósito y barnizan su grito con justicia). Bush, desde la lejana historia del far west cuelga el cartel de: Buscado -vivo o muerto-. Y dispara la guerra por "La justicia infinita". Cualquiera que curse la escuela secundaria y no carezca desmedidamente de neuronas, sabe donde termina el infinito. En volver al inicio. En este caso, la injusticia.

Como en las peleas de chicos, cada uno dice que el otro empezó primero. Pero de lo que se trata es del malestar en la Cultura. Y sabemos que éste es consecuencia de la necesaria inhibición de la anarquía pulsional. Sin embargo, la "civilización" monoteísta vive el malestar como causado por la pérdida del paraíso. Que según el Génesis[1], habría ocurrido porque Eva tentó a Adán a comer de la manzana de la sabiduría. Por lo que la cadena puede remontarse hasta echarle la culpa de todo a las mujeres, justificando hacerlas objeto de violencias, en la que son tan expertos muchos cowboys y talibanes. Pero es preferible imaginar la castración en el otro sexo, que hacerse cargo de que todos somos insuficientes.

Claro que ese relato bíblico encubre que si eso ocurrió así, fue porque el omnisciente, omnipresente y todopoderoso lo permitió. Y si no fue así, quiere decir que vino omnifallado. Encubrimiento y falla que se repitieron cuando mandó a su hijo a la cruz para lavar el pecado cometido por las criaturas que él creó, todas falladas. Que se trató de una falla del padre se tornó evidente por la última frase de Jesús a punto de expirar: "¡Padre! ¿Por qué me has abandonado?" Nuevamente estos padres están mandando sus hijos a la cruz.

Padres de pacotilla por no dejar de ser: hijos malcriados. Típicos dueños de la pelota. Siendo los peores jugadores, deciden como se juega y con quien. Basta mirar las caras de resentidos por no saber jugar, de "No os ama bin Laden" y de "chiquitito Bush". Este, con sonrisa de costado, comisuras caídas, ojos de inseguridad, chuequera de mal jinete, manos prestas para ir a las cartucheras. Uno millonario escondido entre famélicos, el otro hablando tras un escritorio en un refugio antiatómico y gritándole cobardes a los que ofrendaron su vida en su pasaje al acto. Cuatro pilotos y pocos acompañantes, volvieron a mostrar que hay quienes están dispuestos a llevar hasta sus últimas consecuencias la máxima cristiana: ama a tu prójimo como a ti mismo. Se amaron, hasta morir para matar. Vueltas moebianas del narcisismo.

En todas las guerras se mata para no ser muerto. En ésta están quienes mueren para matar. A diferencia de los Kamikazes japoneses no usan uniformes ni aviones de guerra. Se aparecen como uno más entre nosotros. Y a no confiar, que también pueden ser blancos y hablar inglés, como aquellos muchachitos del IRA irlandés que prefirieron morir ayunando que dar su brazo a torcer ante Margaret Thacher. Lo familiar, se torna extraño. Por eso un fuerte sentimiento de siniestro recorre a la especie. Se ha producido un profundo cambio de concepto en la práctica de la guerra. Mientras USA desarrolla armas para que sus soldados maten sin correr el peligro de ser muertos, los "otros" logran hombres dispuestos a morir para matar. Y esto ocurre en parte de una población que está desparramada por el planeta como efecto de la miseria que diseminaron los cow boys para hacer negocios, según lo proclamó cínicamente el tío Tom de hoy, que algunos llaman Colin Powell. Por efecto migratorio, los suicidas mortíferos se tornan invisibles en la "aldea global". Efecto que con cuatro aviones secuestrados con algunos cuchillitos, llevó la "aldea" al corazón de Nueva York: sus torres de hacer negocios.

La decisión de esas 12 personas que secuestraron los aviones, y sus cuchillitos, que podrían haber sido simples golpes de algún arte marcial, producen una sorpresiva y violenta inflexión, en el momento en que en la Cultura se había instalado una nueva creencia religiosa: la de que la tecnología podía ser omnipresente, omnisciente y omnipotente. O sea: un nuevo dios. Dicha inflexión mostró al mundo, que el nuevo dios puede ser derrotado por el suicidio de su oponente.
La humanidad siempre necesitó creer en la omnipotencia de algún imperio. Que en algún Otro lugar había garantías. Era creer que había algún sitio sobre la tierra que era invulnerable, algún posible refugio hacia donde emigrar de tanta desgracia. El 11 de septiembre junto con las torres, colapsó en la sociedad pos industrial el blasón principal en que se había asentado tal necesidad de creer. Esto puede derivar en terror, o en sabiduría. La sabiduría de saber (valga la redundancia) que el falo, no es más que un muñeco de aserrín.

Mientras, estos dos fanáticos irresponsables, -representantes de grandes corporaciones capitalistas- disputan por "quien mea más lejos"; miles de historias de amor y de traiciones, pero en el campo libidinal, puede ocurrir que dejen de escribirse. Que se tornen imposibles, aplastadas por esta cara mortífera de la pulsión de muerte.



Sergio Rodríguez Psicoanalista, autor de "En la trastienda de los análisis"
[1] Primer libro del Antiguo Testamento en la Biblia

Respuesta de Sergio Rodriguez al artículo del Dr. Eduardo Mauricio Espector


El Dr. Espector nos plantea tres temas. 1) El nuevo giro que han ido tomando los juicios a trabajadores de la salud mental por mala praxis. 2) La evaluación de la función de los medicamentos para el tratamiento de las dolencias psíquicas, y de su combinación con lo que define como “psicoterapias”. 3) La exigencia de lograr el consentimiento por escrito del paciente sobre el tratamiento que está recibiendo, a la vez que llevar una historia clínica según las prescripciones de la técnica médica.
Partiré de señalar aquellos puntos en que acuerdo con su artículo, para luego marcar algunas diferencias de fondo en función del mismo interés que parece animar sus líneas: llevar adelante el trabajo con los pacientes, de la manera que resulte más eficaz para su mejoría.
Acuerdo con que es imprescindible que cualquier profesional que se haga cargo de un caso, debe saber distinguir si la dolencia que lo afecta es estrictamente psíquica o efecto de algún trastorno orgánico. La sospecha de que esto fuera así, obliga inmediatamente a la consulta con el médico clínico o especialista adecuado. Señalo de paso, que la mala praxis está ocurriendo no sólo con psicólogos. Son muchos los casos de sufrimiento psíquico tratados por neurólogos, neurocirujanos y psiquiatras, con el exclusivo recurso de la medicación. Muchos también, en los que esta no es necesaria, contraproducente, o que exigiría como recurso asociado y prevalente, la intervención del psicoanálisis. Lamentablemente en todas las especializaciones “se cuecen las habas de los fundamentalismos”.
Me interesa el debate, y mejor aún, el intercambio de conjeturas y experiencias con aquellos que no cuecen dichas habas. Parto de que todos diferenciamos, aunque sea intuitivamente, a los hombres de los animales.
Dos cuestiones resultan definitorias para armar una estrategia de tratamiento: 1) La causa del funcionamiento psíquico. 2) que se puede, y que se busca obtener con los tratamientos.
La estructura que mueve (para bien y para mal) a los seres humanos, se distingue, por su dependencia de lo que los distingue de los animales: el uso de un lenguaje, complejo y articulado. Lenguaje que es adquirido por cada uno, a través de los cuidados que le brindan quienes funcionen como madre y familiares cercanos, desde antes de la concepción y por muchos años. Cuidados y lenguaje que al futuro sujeto le llegan por la voz, la mirada y la piel a sus oídos, ojos y piel, y como tratamiento de los agujeros destinados a recibir los alimentos y eliminar los residuos metabólicos (boca, ano, uretra y piel). Dichos cuidados les dan potencial erótico, y encarnadura para las metáforas amatorias. En consecuencia el lenguaje, no es un simple código de inteligencia conductual, como plantean algunas psicoterapias, sino que es trasmisor y receptáculo, de odio, amor, deseo, y goce erótico (en exceso y en defecto). Como consecuencia, el funcionamiento neuronal y endocrino queda en dependencia, de las relaciones erotizadas del sujeto del inconsciente con el lenguaje y no a la inversa. Por supuesto y quedó aceptado en el inicio de este artículo, dicho funcionamiento también puede quedar agraviado por fisiopatologías producto de tumores, degeneraciones, lesiones vasculares, etc con diferentes etiologías. Pero en relación a los sufrimientos del espíritu humano tienen una incidencia estadística mucho menor que aquellas que resultan efecto de las dificultades de los sujetos para arreglárselas en las relaciones afectivas y eróticas con sus congéneres. De esta causación del sujeto y sus sufrimientos, deviene que el tratamiento más adecuado para los mismos es el de la palabra y particularmente el psicoanálisis, capaz de atender las relaciones inconscientes de las funciones de dichos sujetos con sus conflictos afectivos y eróticos. ¿Cuál es el lugar de los psicofármacos en el mismo?. El de auxiliares importantes, cuando


Las mujeres

Reportaje a Emilio Rodrigué hecho por Sergio Rodríguez

P: En tus recuerdos más tempranos de niño: ¿sólo veías a las mujeres o también te las imaginabas?
E: Sobre ver o representar, me imagino que lo preguntas en serio, es decir ver o representar lo que mas vale la pena en la mujer. Va un viejo chiste: dos amigos están en un vagón de tren y a la mujer enfrente se le suben las polleras. Un amigo suspira y dice: "C'est la vie". El otro lo reprimenda: "Yo también se-la-vi, pero, por educación, no digo nada".
Yo también se la vi a los ocho años y fue como un fogonazo de magnesio. En cuanto a representación: la imaginaba como una exótica orquídea carnívora que me atraía y me metía miedo.
P: ¿Imaginabas algún futuro con ellas?
E: Pibe feo y tímido, las imaginaba inalcanzables. Les tenía miedo. Cuando una chica atacaba no sabía defenderme. Una escolar me quebró la tibia en un recreo. Las mujeres son todo uñas y codos puntiagudos. Cuando golpean, duele, porque no tienen el training de los chicos, con sus fintas y escaramuzas, no miden el calibre de sus golpes. Uno sólo puede contragolpear en extrema unción y no queda bien. Les sigo teniendo miedo.
P: Feo, tímido y con miedo, anduviste con unas cuantas. ¿Para perderles el miedo, o por qué te gusta que las flores te devoren?
E: Sí, doctor, creo que fue para perderles el miedo. Pero creo que también fue por una especie de "service oblige". El joven feo era despreciado por las jóvenes bonitas y también por las jóvenes no tan bonitas. Entonces, cuando una mujer me mira, me asombro y me convierto en su humilde servidor. Sergio, como tu bien sabes, el esclavo no perdona su humillación de ser un malquerido. Menos mal que mi mamá me amaba.
Junto a eso me convertí en psicoanalista, lo que me facilitó la ganzúa para abrir los secretos femeninos.
P: ¿Consideras tan poderoso al psicoanálisis?
E: Tienes razón, los secretos femeninos son realmente formidables, como el más clonador de los virus internéticos. Lo de ganzúa lo saqué de Freud, que en carta a Fliess, dice que va a abrir con su ganzúa los secretos del Caso Dora. Como bien se sabe, aquí cabe ese verbo tan criollo: "abriola". Todavía no se inventó un programa Norton para neutralizar los efluvios medusentos de ciertas femmes fatales.
P: En el caso Dora, Freud se obsesiona con la llave y le da representación de pene. Si en la carta habla de ganzúa quiere decir que creyó que iba a tener "la llave de todas las llaves", el pene sólo sería una. Dicho deseo de Freud ¿debería hacernos suponer que las mujeres le resultaron impenetrables?
E: Volví a leer la carta a Fliess. Freud habla de "una joven de 18 años, quese abrió suavemente con la colección existente de ganzúas", lo que da parapensar que la fantasía de penetración fálica estaba, estaba. Y creo que fue laatmósfera sexualizada del caso, lo que le impidió ver el deseo rizomático deDora. El propio Freud se da cuenta de esto, cuando reconoce: "En este casoestaba ansioso por someter mis suposiciones sobre la cuestión sexual a unarigurosa prueba". Dora fue una cobaya sexual.

Creo, sí, que Freud no comprendió a Dora, del mismo modo que nocomprendió a Dora II, esa paciente homosexual de 20 años analizada en losaños 20. Y eso me lleva a preguntarme: cómo se atrevió a analizar a su hijaAnna, no como crítica [esa ya fue requetehecha], sino casi con admiración,ya que, una vez que todo fue dicho, la analizó con buenos resultados. La correspondencia de Freud con su novia Martha es un tesoro y revela mucho de los prejuicios de Freud que eran los prejuicios de la época. Freud es el tipo de hombre quees mejor como marido que como amante.

P: ¿Estás seguro? Minna ¿diría eso?¿O será que el embarazo del que nació Ana lo hizo recular como amante?
E: Sos terrible, Sergio, me leiste y la palabra con tinta entra. No sé que me pasaba esta mañana, porque ahora de tarde creo que Sigmund fue un marido mediocre y un amante también mediocre.
P: ¿Fueron buenos los resultados del análisis de Ana? En la biografíadijiste que Ana fue el síntoma de Freud y la invención del psicoanálisis susinthôme. ¿No sería esto contradictorio con los resultados que creés?E: Creo que el embarazo de Anna coincide con el nacimiento del psicoanálisis y tomamos el sueño de la Inyección de Irma como referente. Por otra parte. ¿Qué te parece ser el síntoma de Freud? Algo vale. Creo que hay que darle a Anna Freud lo que es de Anna Freud. Considero lo positivo dicho sobre Anna, fruto de la sabiduría de la Tercera Edad, no te olvides mi pasado kleiniano. Yo presencié una conferencia de Anna en Copenhagen brillante en cuanto a retórica se refiere.
P: Un síntoma es saber hacer lo peor con el propio goce. Un sinthôme, mejora lacosa. El análisis con papá mejoró a su síntoma como jefa de organización artificial de masas (retórica en la conferencia de Copenaghen) No la mejoró para el lazo sexual. Soltería empedernida a la sombra de Mrs. Bur. ¿Identificación al síntoma del analista? Ella intenta quedar como padre de la horda, mientras él le siguió funcionando como padre ideal.
E: En la época en que Freud escribe Totem y Tabú, él efectivamente era elPadre de la Horda, metido en relaciones triangulares múltiples: Freud-SabinaSpirlein-Jung; Freud-Lou Andrea-Tausk; Ferenczi-ElmaPalos-Freud y eltriángulo Jones-Loe Kann-Freud. El terrible padre con cocaína en el cuerpo.Los desmayos de Freud tenían que ver con el tema del Padre de la Horda, miedode ser liquidado por sus discípulos. Jung, que no era fácil, interpretó laslipotimias como "cosas de mujer".

Porque no hay relación sexual: se coje

José L. Slimobich desgranó reflexiones en torno del análisis de un sueño publicado el 9 de agosto, y extraído del libro de mi autoría: En la trastienda de los análisis. Agradezco la atención, coincido con varias de sus apreciaciones, pero no con otras. Me parece conveniente debatirlas, para mejorar nuestra eficacia en la dirección de la cura.

Interpreta erróneamente la pregunta del paciente pos carcajada ¿"Lo único que no sé es de donde saca arma"? La risa fue, no sólo indicio de alivio, sino también de momento de concluir. El deseo mortífero del odioamorado[1], rebelde a los engaños del amor, había detectado en su madriguera, los objeto a que tras vestiduras imaginarias -orales, anales y sádicas- lo soportaban. La distensión risueña provino de acceder a un saber que al no saberlo, lo malhumoraba. Saber que más allá de su amor, el deseaba de su amada un sufrimiento gozoso, y con esas formas.

Distensión, porque saber, no es lo mismo que hacer. El analizante: ¿por qué preguntó? Porque cursando los tiempos iniciales de su análisis, se pregunta por la capacidad de éste para saber sobre sus "sueños". Se estaba instalando el Sujeto supuesto Saber. Por eso el analista -al modo del ilusionista- decide mostrar su "truco". Tiempos iniciales, necesidad de reforzar el SsS, para que llegue el momento donde la maniobra será inversa, aunque iniciada desde los comienzos. El analizante recorrerá la desnudez del tramoyaje y se encontrará con que el analista es "tan pobre diablo como él".Sólo qué, con menos miedo al despojo del escenario y hacer funcionar su vaciedad como insumo creativo, en las contingencias de lo real de la vida.

Lacan nos enseñó a dejar en "stand by" saberes previos, y guiarnos sólo por las letras de las enunciaciones de los analizantes. Lo que debemos subrayar cuando el saber previo al que se apela es erróneo. La ética del psicoanálisis no es trágica. La tragedia griega se distinguía por sostener en el teatro, que cada sujeto tiene su destino prescrito y que mientras más trate de apartarse de él, peor lo sufrirá. El ejemplo paradigmático fue Edipo huyendo del vaticinio de Delfos, para acudir a Tebas a ejecutarlo. La ética del psicoanálisis ayuda al sujeto a enfrentarse con su real. A que leyendo las letras de su propio decir y hacer, y hasta donde sus "series complementarias" lo permitan, se responsabilice por encontrar y realizar su mejor destino.

Lacan planteó en varios lugares, entre ellos "El sinthome", que justamente porque no hay proporcionalidades entre los sexos: se coje. El goce, cuando es adecuado a la castración y genera la ilusión de entendimiento, facilita sortear las "galletas" generadas por los "malentendidos" y la inexistencia de relación sexual.

El drama de ese paciente residía en su creencia de que podía ser el falo. Ser de tal manera, que todo él fuera reconocido y amado por su esposa. Con lo que lo único que lograba, era una mayor reticencia de su "amada" y una mayor pena para su pene. Pene que no aparece en la letra del sueño, sino como -mar, arma- degradado de la suposición fálica, absorbida por la pretensión de ese hombre de ser todo él, falo. Sólo la "tontería" neurótica hace suponerse otro ser, que el de gózase. De ahí también la inconveniencia de confundir, como le ocurría a Juanito, pene con falo.

Sergio Rodríguez



[1] Neologismo acuñado por Lacan en Encore

Perversión-es


El psicoanálisis no tiene ideología, pues como método de cura y de análisis de la sociedad se basa en hacerle saber al paciente y a la sociedad que enuncia el Inconsciente cuando aparecen fallas en los enunciados de quienes hablan. Los psicoanalistas sí, proponen ideologías cuando hablan. Pues vehiculizan en sus enunciados sus productos ideológicos obligados por la exigencia estructural del imaginario de darle sentido a las cosas. Especialmente, cuando para explicar nos sentimos obligados a abandonar la operación formal. Cada uno tuvo su, o más precisamente, sus ideologías. Me refiero a los muertos incluido Freud, o tiene la suya. Su "utopina", como dijo el lapsus de un analizante . Su utopía con opinión, como cualquier utopía.

Las ideologías de los analistas suelen estar muy marcadas por los discursos de cada época y por la posición discursiva de cada uno. Freud, a pesar de su genialidad y desprejuicio, no pudo sustraerse en algunos terrenos y/o artículos al peso victoriano, a una antirreligiosdad liberal -El porvenir de una ilusión- y hasta cuestiones ligadas a las tradiciones judías. Ninguna de estas cuestiones desmerecieron lo fundamental de sus análisis, frescamente investigadores. Distinta es la posición universitaria, que haciendo honor a su función de guardadora del orden acumulado del saber, en vez de analizar cita farragosamente. Esa posición busca saldar los debates, en nombre de la autoridad del citado. Cercena la investigación, congela el pensamiento promoviendo la debilidad mental.

Cien años de psicoanálisis merecen ser tratados con respeto. Para ello lo primero es someter lo dicho en épocas diversas de ese siglo por diferentes psicoanalistas a la prueba de analizarlo con las herramientas que ellos mismos fueron construyendo. Frente al tema de la perversión no es lo mismo lo que dice Freud en Tres Ensayos que en Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica. Contextuar, situar la cita es de importancia supina para hacerla producir. Lo contrario la torna inhibitoria.

Paradojas

Paradoja de los medios de comunicación masiva[1]

Deseos inconscientes causados por lo que gozando se pierde, son los que mueven a la mayoría de los hablantes a mirar televisión, a mirar (a propósito no escribo leer) diarios, revistas y escuchar radio.
Los mismos cuando son homicidas, así como los goces asintóticamente convergentes o crucialmente resistentes a las legalidades, encuentran su límite en la posibilidad de la muerte y en la civilización por el significante como pobre recurso contra ellos. Son dichos deseos y goces los que sostienen el negocio de los medios, en tanto estos ponen en escena aquello de lo que no se puede gozar sin límites: sexualidad, violencia, asesinatos. Los medios masivos de comunicación dan lugar, escenario, a un goce en plus; a través de la mirada y la audición. El consumidor, más que consumir, se consume pasivo, mirando televisión, escuchando radio, mirando algún medio gráfico, que le sirven de exutorio para derivar un plus de libido que sino tendría que ser consumida en la actividad sexual directa y/o, en derivaciones agresivas.
¿El hablante, consumido por los medios, sublima? Creo que en general no, sólo adormece sus pulsiones. Sublimar lleva a crear. El desvío sublimatorio, exige letras[2] y significantes que lo hagan posible y generen otra cosa. Esto ocurre incluso en artes aparentemente iletrados como l pintura, la escultura, la música. Siempre están sostenidos por algún sustento inconsciente de letras y significantes que estimularon la generación de sus productos.
La emisión mediática tiende principalmente a abrochar significados, sentidos. De eso dependen los ráting, share y especialmente el recién llegado ráting minuto a minuto[3]. Y de estos dependerán las ganancias dinerarias de las corporaciones propietarias de los medios. Paradojalmente las emisiones de los medios masivos aletargan las pulsiones, al mismo tiempo que las excitan, incitándolas a actuar según el imaginario predominante en esta época. Hoy, el de la Cultura hegemónica en los Estados Unidos de Norteamérica. En él, según lo ilustran sus series, películas, noticias y accionar como nación; las escenas más insistentes son las de persecuciones, violencia en general y guerras en particular, sean de pandillas o de invasiones a otros países. Dentro de esa tónica, también toman una dimensión cada vez mayor, la presencia de asesinos y violadores seriales, y los desanudamientos, en mayor número de adolescentes y jóvenes que desembocan en matanzas masivas. Imaginario que tras una supuesta libertad de información, transparencia e idealización de La Transgresión, mete en las pantallas de los televisores una ejercitación de la sexualidad, obscena, promiscua y arrasadora de las diferenciaciones sexuales. Nuevos productos son volcados a la aldea global, los talk show y más sofisticadamente los reality show. Se ha repuesto con nuevos objetos a ser devorados por la corporación y pasivamente por la mirada de los espectadores, la por ahora, guinda del postre: Gran hermano. Sobre él, no quiero abundar. Ya lo he analizado en el artículo citado en pie de página y publicado por Página 12 de entonces. Sí quiero agregar algunos “detalles” más evidentes en esta nueva emisión. Toda la publicidad del este producto, acentúa el carácter de gente común de sus protagonistas. Este “detalle” tiene importancia pues apunta a hacerle creer a la gente común, que cualquiera de ellos puede vivir lo que en el laberinto para ratas[4], viven sus habitantes transitorios. Estos han sido seleccionados en un casting al que efectivamente se presentó gente común. Pero no fueron seleccionados con cualquier criterio. Un equipo de técnicos usó criterios convenientes al tipo de emisión que querían lograr. Empecemos, porque sólo se seleccionó jóvenes. Seguramente fueron tenidos en cuenta además juicios estéticos y psicológicos. Elaborada esa “pre pizza” se los encerró por un, en términos relativos, largo periodo de tiempo a que actuaran según sus impulsos. ¿Lo hicieron, lo hacen así? Afirmo que no. Observándolos se torna evidente que sobreactúan personajes que suponen van a impactar a los televidentes. Tal vez el episodio más claro de eso, pero no el único, fue el coito desplegado ante las cámaras por la que era novia de Sergio Denis con uno de los jóvenes del “Truman show”. De paso digamos, como es un buen ejemplo de las falencias de muchos experimentos de psicología, que simplemente al colocar a sus objetos en condiciones especiales ya invalidan la experiencia. Pero si traigo a cuento esta cuestión del Gran hermano en curso, no es tanto por los objetos de experimentación, como por los otros objetos participantes del experimento, los televidentes particularmente los más jóvenes. La pantalla televisiva, el supuesto saber de la misma, oferta a la identificación particularmente de los más jóvenes, dichas sobreactuaciones. Entonces, ya no queda en un circuito de retroalimentación como otros programas, sino que impulsa la genración de nuevos rasgos culturales, cada vez más confrontados con los necesarios rasgos inhibitorios de cualquier Cultura. Dicho sencillamente, es un programa venenoso.
A partir de lo dicho, me re instalo en una disyuntiva y una discusión tan antigua como la historia. Panem et circenses, exclamaba peyorativamente Juvenal ante la decadencia del imperio romano y sus espectáculos sanguinarios en el Coliseo. Pregunto: ¿Se puede suponer una sociedad sin panem et circenses incluidas las “barras bravas” de los espectáculos masivos, llámense fútbol o rock? El totalitarismo fascista ofreció privilegiadamente, ascéticas escenas deportivas en pro de la superioridad aria o del "risorgimento romano". Desembocó en provocar una de las guerras más crueles, contra el capitalismo liberal en alianza con el de estado totalitario comunista que había sido ungido por los deseos de paz, pan y tierra de masas hambrientas y desangradas y los ideales de políticos que creyeron que constituyéndose en dictadura los iban a hacer posibles. Su "realismo socialista" pretendió erradicar de los "medios" al erotismo y la violencia (a menos que esta apareciera al servicio de fines "nobles") Sólo logró tornarlos aburridos, in-mirables e in-escuchables, o sea, inviables. Al mismo tiempo, con represión violenta y constante, acallaban toda disidencia. Hasta que el muro que ocultaba la insatisfacción, entre otras cosas con la ayuda de los medios masivos de comunicación de propiedad estatal y su manipulación cayó, abriendo la vuelta de un capitalismo salvaje inmisericorde, apenas oculto tras un barniz democrático.
¿Qué trato de plantear? Que pareciera haber una relación entre retirar la violencia y la trasgresión del espectáculo, y facilitar que ésta se haga realmente presente en la vida social. Lo que a la vez no excluye que su presencia en las pantallas, radios y diarios la estimule. Llamo la atención sobre el carácter sintomal de los medios. El ejército israelí, el norteamericano, y los fundamentalistas islámicos, censuran mostrar las imágenes más terribles de su guerra, las de exterminios masivos, genocidios. Pero no excluyen las que buscan aterrorizar a los enemigos: decapitaciones, campo de concentración de Guantánamo, torturas, bombardeos masivos etc.
En esta paradoja, los medios electrónicos cuentan con el aura de la tecnología y la sensación de saber universal que produce la contemporaneidad omniabarcativa que logran con la trasmisión satelital, en lo que llaman tiempo real. A partir de dicho efecto, generan la creencia de que trasmiten toda la información al instante. Lo que les facilita construir hipnóticamente dichos imaginarios. Consiguientemente, engendran identificaciones que hacen de soporte a nuevas violencias.
Los objetos perdidos o nunca tenidos, siempre remiten a escenas en las que no se accedió a lo anhelado y que quedaron bajo represión primaria o secundaria. La pantalla televisiva, las voces radiales, las fotos en diarios y revistas, resuenan en lo reprimido y con cierto parentesco con los restos diurnos que disparan sueños, abren vías de realizaciones de deseos, desnudan claves de goce. De ahí que le sea tan difícil, sino imposible, al consumidor de medios apartarse de ellos. Los que en verdad lo consumen, al aplastarlo contra los sillones de la pasividad.
A este recorrido moebiano[5] humanamente afirmado en lo imaginario y en la pulsión, -de muerte al final de su tour-, está atada la paradoja de los medios masivos de comunicación.

SERGIO RODRIGUEZ Consultor en Psyche Anudamientos Psicoanálisis-Cultura-Sociedad

[1] El 12 de mayo del 2001, a pedido de Página 12 escribí algunas observaciones sobre Gran Hermano. Reciclado el programa por Telef., agrego algunas cuestiones.
[2] Letra como litoral entre lo real y lo simbólico, tal como lo discernió Lacan en su artículo Literaturre
2 Sistema de medición a través del cual calculan minuto a minuto la cantidad de televidentes de un programa en particular.
[4] No me refiero con esta metáfora a las personas encerradas en él, sino al artificio inventado por los cerebros corporativos.
[5] O sea: según la torsión de la banda de Moebius que torna imperceptible el pasaje de una cara a la otra de dicho artificio topológico.

Nuevas ofertas tecnológicas + voracidad = cansancio y fallas de memoria

Dos fenómenos han ido extendiendo su presencia en nuestros consultorios en estos tres últimos años, aproximadamente. Ya en los comienzos de las actividades anuales, recién terminadas las vacaciones y casi sin distinción de edades, se manifiestan quejas por cansancio y contracturas de diversas partes del cuerpo; en particular cintura escapular, sumada a veces a lumbalgias y bruxismo acompañados en ocasiones por cefaleas a consecuencia de pinzamientos cervicales. A la vez, las dificultades con la memoria de nombres propios y de compromisos o acciones recientes – elemento que solía aparecer más o menos a partir de los 60 años – se empieza a hacer presente a partir de los 40 años o un poco más. Los médicos, rápidamente tienden a atribuirlo al estrés descripto por el Dr. Hans Selye en 1936. Sin embargo, Selye lo presentó como Síndrome de Adaptación General (SAG) en tres estados: Alarma de reacción, cuando el cuerpo detecta el estímulo externo. Adaptación, cuando el cuerpo toma contra-medidas defensivas hacia el agresor. Agotamiento, cuando al cuerpo comienzan a agotársele las defensas[1]. El “sin embargo”, lo escribo porque como se puede advertir, el estrés es una medida de alarma y defensa del organismo ante lo que percibe como agresión. Hay psicólogos, a veces psicoanalistas, que tratan de seguirlo por psicopatologías conocidas como la depresión u otras en tren de ser bautizadas: “de fin de siglo”, “de borde”, “de época”. Todos ellos, encubrimientos lacaneadores vergonzantes, para no usar vituperados motes ingleses como borderline. Cuando dicen “de época”, dicen mucho y no dicen nada, en tanto sólo registran efectos sin rastrear en causas y razones.
El estrés fue descrito a principios del siglo XX, pero acompaña a los seres parlantes desde antiguo. Los cansancios crónicos que describo al inicio, asociados a defectos en la memoria, no tienen como base, por lo menos única, dicha alarma. Lo nuevo, lo epocal, no determina necesariamente estrés ni depresiones. Cansancio y dificultades de memoria, las observo en todo tipo de psicopatologías y más aún, en gente que lejos de estar deprimida, suele estar sobre activa y no como reacción.
¿Entonces de qué se trata? El desarrollo combinado de las nuevas tecnologías de informática y comunicaciones han generado condiciones de posibilidad para multiplicar a niveles inesperados el trabajo cerebral. Nuevamente la letra y el significante, sostenes del trabajo científico y sus derivaciones tecnológicas, han favorecido no sólo producir mercancías que alivian el trabajo muscular y multiplican su eficacia y productividad. Producen además, restos sin significar, nuevos reales que se inciden sobre el cuerpo y la mente. O sea, ampliaron los registros simbólico e imaginario y sus producciones al tiempo que, imprevistamente, generaron reales, inesperados y radicalmente no sabidos.
Mi intento es comenzar a desbrozarlos. Resolverlos, resultará más difícil.
Parto de la siguiente observación: En estos tres últimos años, se ha extendido y diversificado de diversas formas la utilización de las computadoras, Internet, correos electrónicos y chats a lo que se agregó en este último período, el uso intensivo de los teléfonos celulares no sólo con su función de voz, sino también de mensajitos de texto, de recepción y contestación de correo electrónico, fotografía, videos y otras que se me escapan. Sumémosle a eso que, por lo menos hasta el momento, la política neoliberal, aprovechando estos avances tecnológicos y muchos otros en provecho de las grandes corporaciones, la concentración financiera y la superexplotación laboral, logró extender la jornada de trabajo a 10 horas y más. Complementariamente instaló la desocupación estructural, radicalmente diferente del ejército industrial de reserva de las crisis cíclicas de diferentes modos de producción. “Diferente”, porque es una desocupación insalvable en tanto las nuevas máquinas suplen cada vez mayor cantidad de mano y seso de obra y facilitan que cuando los asalariados se defienden, las empresas se “des-localicen”, trasladándose a países pobres donde mano y seso de obra, resultan mucho más baratos.
Recapitulando: mayor cantidad de horas de trabajo y mayor concentración de actividad por hora, no sólo en el horario laboral sino también en los “descansos”. El fenómeno es de tal envergadura que se ha producido un nuevo significante para los niveles directivos de muchas corporaciones. En las búsquedas laborales, escriben: -director de sección x-, con dedicación “full life”-, en vez del antiguo “full time”. La lalengua[2] corporativa, se adapta a estos nuevos fenómenos. Esta mayor actividad es de acumulación de enunciados, casi sin enunciación, a la vez que rutinaria y predominantemente repetitiva. Lo típico aparece en la emisión de noticias, tanto en TV, como en radio y gráfica. Los efectos sujeto, quedan aplanados por las generalizaciones, las identificaciones histéricas, y actuaciones ante las cámaras. A la vez, para ahorrar tiempo y dinero ¿se destruye, se transforma? la lengua. Tanto en su gramática y ortografía, como por el exceso de apócopes, más la infición e inflación de términos “spanglish”.
Un ejecutivo que atiendo, recibe de promedio 70 llamadas diarias, a lo que se le suman los mensajes de texto, los e-mailes, además de las reuniones presenciales y almuerzos, cenas y reuniones sociales de trabajo y representación. Otro que trabaja para una trasnacional me contaba que se les han trastocado los tiempos, pues si algún colega advierte una dificultad en la subsidiaria inglesa o taiwanesa, o cualquier “esa”, levanta el teléfono y le habla, encontrándolo muchas veces en pleno sueño. O sea, no solamente trabajan mucho más, sino que descansan peor. Además, en cada unidad de tiempo de trabajo desgastan mucho más energía metabólica cerebral, y como efecto de la discontinuidad e intranquilidad del descanso, éste se les puebla de contracturas musculares. Entonces los médicos les recomiendan actividades corporales. etc. que a la vez que resultan efectivamente útiles contra el sedentarismo, desgastan más energías y metabolismo. Hasta aquí, casi un panorama neurolingüístico descripto por supuesto, no por alguien formado en cursos breves y acelerados de los que se pueblan los “new letters” de psicoterapias, sino que toma serimente aportes de las neurolingüísticas.
¿Qué puedo decir de esto como psicoanalista? No pretendo decirlo todo, ya que como todo psicoanalista soy limitado. Tampoco tratando de usar herramientas de otras disciplinas que no domino. Pero sí, puedo decir algo. Utilizaré conceptos fundantes de nuestra teoría, que han resultado del análisis de las prácticas iniciales y posteriores.
El primero de ellos es la represión. Mecanismo que se sostiene en el desplazamiento, la metonimia, las sucesiones de palabras en el eje horizontal diacrónico de los enunciados que articulados a lo metafórico o sea las obligadas elecciones de palabras en el eje vertical, sostiene olvidos, origina desechos, y da a leer “entre líneas” significados ocultos. Funciones del lenguaje que nos imponen elegir una palabra y no otra para decir lo que queremos, a la vez que nos hacen pagar el precio de no disponer exactamente de la palabra que queremos, para decir exactamente lo que deseamos. Como consecuencia, mientras mayor es el bombardeo de palabras sobre nuestro sistema perceptivo, menor es la posibilidad de entender a fondo lo que se nos dice y mayor la de olvidar. Es por eso que la exponenciación de la información desinformante de los medios masivos de comunicación, más la transformación de los celulares y las computadoras en elementos para mantener ocupadas las manos y la mirada, de por sí, amplían tempranamente el campo de los olvidos en términos relativos al pasado reciente.
¿Pero por qué estas nuevas tecnologías succionan rápidamente la atención y la ocupación de cada vez mayores masas de hablantes, particularmente jóvenes? En este punto interviene otra de las primeras cuestiones que advirtió Freud, reforzado por Abraham, Wilhelm Reich, Winnicott y Lacan, como resultado de analizar la experiencia psicoanalítica. El lenguaje interviene desde la voz, la mirada, la piel, los gestos y los olores de la función madre sobre el cuerpecito de la criatura desde el embarazo en adelante. Dicha intervención, lógicamente, se centra en los agujeros que en la criatura funcionan como puente, entrada y salida de los intercambios fundamentales con el exterior y que durante mucho tiempo van a necesitar de ese fundamental asistente que será quien ocupe el lugar de madre. Como consecuencia, el lenguaje no sólo va a resultar ordenador y organizador (a pesar de sus fallas), sino que también, va a quedar profundamente influido en sus futuros usos, por lo ocurrido en dichos tiempos iniciales. De ahí que la pulsión, definida por Freud y no contradicho por ninguno de los teóricos importantes del psicoanálisis, funciona como borde entre lo somático (corporal) y lo psíquico (anudamiento borromeico de los registros simbólico, real e imaginario por efecto del significante). Eso determina que las primeras vivencias, experiencias, las más cercanas al nacimiento y que tienen luego larga predominancia marquen, - labios, llenado digestivo, olfato, mirada y audición-, y funcionen fuertemente como presión sobre el Inconsciente, sus deseos y sus goces.
Las innovaciones tecnológicas a las que me referí anteriormente, en su multiplicación exponencial, ofertan a las pulsiones amplias y fuertes fantasías de realización. A la mayoría de los seres humanos, los domina impetuosamente la voracidad, el mirar disecante, la escucha de lo que se les rehuye. En los labios se sostienen el cigarrillo, el “porro”, el “paco”, el mate, las bebidas alcohólicas y de otros géneros, en los dientes la masticación devoradora siempre excesiva o inhibida. La nariz aspira olores y cocaína. Como puede relatar cualquier habitante de barrio, pueblo chico, casita de villa, edificio de departamentos, la mirada y el oído curiosean filosamente rasgos de los prójimos y de los otros en general. A todo eso le dan nuevo alimento las nuevas tecnologías descriptas en los comienzos de este artículo. Lo que hace que el sobrepeso de su consumo, sea resultado no sólo de su existencia, sino también de cómo la misma se articula a la red pulsional que nos constituye y al servicio de la cual solemos esclavizarnos. La pantalla televisiva y de la computadora, ofertan permanentemente nuevos alimentos a oídos y miradas.
Vivimos enredados en una lógica de incorporación, retención y expulsión. Dicha lógica, según épocas de la Cultura sobredeterminadas por aconteceres en las economías y las relaciones sociales de poder, va tomando tendencias distintas. En algunas predominan las posiciones retentivas, por ejemplo la primera mitad del siglo XX. En otras, la propensión a incorporar, especialmente en bonanzas inmediatas a períodos de grandes privaciones. La actual se distingue por la pasión de querer incorporar todo y no perder nada. De ahí el fuerte desarrollo de industrias de reciclaje.
Pero, el enorme porcentaje de pobres, hace que éstos deban conformarse con incorporar sólo mirando. Los que tienen acceso a comprar, se llenan de aparatos con un exceso de funciones de las que usan solamente algunas. Lo nuevo, es la industria del reciclaje, que combina: incorporación, expulsión y vía el reciclamiento, nuevas formas de retención.
Entonces, la aparición más temprana de los trastornos de memoria y cansancio crónico, son indicios de una época que supuestamente simplificando el trabajo, ha multiplicado inesperadamente la actividad, sobreocupado las percepciones y tramitaciones de lo percibido y como consecuencia: el desgaste de los seres hablantes.
¿Qué rutas tomaremos para recorrer los tramos finales hacia la muerte? ¿Seguirá imponiéndose el ideal de los laboratorios farmacéuticos, sus aliados ratzingerianos del Vaticano, ciertos cirujanos estéticos, médicos de otras yerbas, y algunos “personals trainers” de prolongar sobre vivencias sufrientes, vegetativas, en nombre del Ideal Supremo de aumentar la extensión biológica de los seres humanos?
Mientras, no encontramos cómo contraponernos a los efectos arrasadores que sobre cuerpos y mentes, están teniendo las nuevas tecnologías gozadas vorazmente por las grandes corporaciones y por la voracidad de la mayoría media del sentido común.

[1] Síntesis de Wilkipedia
[2] Neologismo inventado por Lacan, para referirse a neo formaciones que aparecen en las lenguas de determinados grupos, por formaciones del Inconsciente que trasmiten deseos y claves de goce y que por condiciones socio culturales de las circunstancias, quedan socializadas.