Alcances y límites de la aplicación del psicoanálisis y los psicofármacos

Psyche Navegante N0 70
www.psyche-navegante.com
Área: Actualidad
Sección: Dossier: Ante las críticas al psicoanálisis.

Tema: La Nación, el diario conservador argentino, reanudó ataques contra el psicoanálisis a través de tirios y troyanos. 100 años, exigen responder resituando la práctica psicoanalítica en el contexto científico actual y las renovaciones de nuestro oficio.

El Diccionario de la Real Academia Española define: Alma. De Ánima Lat. 1. f. Sustancia espiritual e inmortal, capaz de entender, querer y sentir, que informa al cuerpo humano y con él constituye la esencia del hombre. Podemos suscribir esta definición para el Lugar del Otro incluyendo al Tesoro de los significantes y la Ley de prohibición del incesto. Para bien y para mal, es lo que nos diferencia de los animales. Éstos, tienen cuerpo como los humanos, pero no tienen alma que los anime, informe el cuerpo y se los haga sentir.

De origen, soy médico. La terapéutica médica reconoce los tratamientos sintomáticos como diferentes de los curativos. Sintomáticos: cuando no hay curativos, se usan para aliviar. Por ejemplo, en las mal llamadas gripes. Están tomando un lugar cada vez mayor los del dolor. Terapéuticos: curan con fármacos u otras prácticas, cirugías, rehabilitaciones kinesiológicas, etc. Los sintomáticos, si no hay certidumbre sobre la etiología están contraindicados, pues pueden encubrirla. Típico: dar analgésicos y antiperistálticos ante un dolor abdominal. Primero hay que saber de qué se trata (¿apendicitis, colecistitis, úlceras en diversas dimensiones y lugares, perforaciones, procesos neumónicos particulares?) Determinada la etiología e iniciado el tratamiento de la misma, pueden ser útiles los sintomáticos para atenuar el sufrimiento.

En función del título y de la tensión que algunos están promoviendo entre psicoanálisis y neurobiología traigo algo recientemente subido a www.televerdades.com.[1] Dice el Dr. Elías Norberto Abdala que parece haber tomado el lugar del plagiario Bucay en Viva: “Muchas personas padecen una sensación de fatiga, tanto física como intelectual, que reduce su capacidad de trabajo y le impide realizar hasta las tareas más sencillas/.../ Dos características destacan a este cansancio: la primera, que no tiene relación con la actividad realizada ni tiene una función reparadora, ya que a pesar de que se descanse, la falta de energía persiste. La segunda es que se experimenta desde el comienzo del día, aun antes de haber realizado cualquier gasto de energía (“me levanto cansado”); la fatiga normal, en cambio, se percibe al final del día, después de haber concretado la actividad.” El Dr. piensa esos síntomas desde parámetros de hace 2 siglos, lo cual hace de paso, que no piense sobre las diferencias y la relación de ellos con las causas. Lo distintivo pos. década del 80 (siglo XX) es el desplazamiento de la actividad manual a la intelectual. El 75 % trabaja en servicios, el 25 % en producción industrial pero con una parte importante haciéndolo también con actividades intelectuales (manejo de computadoras por ejemplo). A lo que se suma la condensación de funciones, lo que exige hiper-atención. Sumémosle la vida urbana: grandes distancias, transportes deficitarios, aumento de la agresividad y de la inseguridad. De arborícolas caminantes, en sólo 15 mil años, hemos pasado a sedentarios ultra pensantes. Luego agrega: “Es, además, un problema penoso, ya que con frecuencia se agrega la falta de compresión de la familia, de los amigos y hasta del mismo médico (“usted no tiene nada”). Para quien lo padece a veces lo peor es la soledad, el aislamiento y la incomprensión que tiene que enfrentar aunque, en realidad, la fatiga existe, tiene causas y, especialmente, tiene solución.

El actual conocimiento neurobiológico ha permitido descubrir que su origen radica en cambios funcionales de la actividad del hipotálamo, un centro cerebral muy pequeño pero de enorme importancia, ya que es el encargado de regular las funciones claves para nuestro bienestar.” No toma nota, de que en el violento cambio modo de vida al que me referí anteriormente, el hipotálamo sigue siendo más o menos el mismo que el de hace 15.000 años. El mismo “software” neurológico procesa actividades concentradas, lazos sociales, soledades y velocidades, completamente diferentes. El sentido común supone que el rápido y amplio desarrollo de las comunicaciones y los electrodomésticos ha simplificado la vida. Confunde en ese sentido, disminución del esfuerzo físico con disminución del esfuerzo subjetivo. En función de la simplificación de tareas y ahorro de tiempo, el esfuerzo subjetivo se ha multiplicado a niveles impensados, y aún inadvertidos.

Es innegable la multiplicación de los descubrimientos e inventos farmacológicos y la enorme utilidad de muchos de ellos. El peligro para cierto tipo de psicoanalistas que no han leído el Proyecto de psicología para neurólogos de Freud y si lo leyeron no lo registraron, está en creer que todo está como antes de 1895. Particularmente la neurobiología (con su base de biología molecular), la genética y las aguzadas técnicas de diagnósticos por imágenes, no sólo tienden a ampliar la eficacia de la medicina sino que pueden contribuir y contribuyen a que la utilización de fármacos nos facilite impedir que deriven a la demencia, patologías que antes estaban destinadas a eso, como las esquizofrenias, llamadas: “demencia praecox”. Ante una serie de cuadros, la colaboración a veces transitoria otra permanente, entre buenos psiquiatras y buenos psicoanalistas, es necesaria y beneficiosa.

Por ahora y si alguien no me demuestra lo contrario, ninguno de los psicofármacos cura la etiología de los sufrimientos psíquicos. Todos, de una manera u otra, actúan sobre los síntomas. Se argumenta que de la misma manera que en varios trastornos glandulares, de lo que se está hablando en psiquiatría es de enfermedades por privación o por exceso de producción de hormonas y enzimas y que en consecuencia, su tratamiento exige fármacos sustitutivos o neutralizantes permanentes al modo de los tratamientos hormonales cuando se producen atrofias o hipertrofias de determinadas glándulas. Para eso habría que demostrar previamente que dichas enfermedades son producto de la atrofia, disfuncionamiento o inexistencia de grupos neuronales. Es lo que ocurre a ojos vistas en las debilidades mentales profundas, síndromes de Down, demencias seniles, arterioscleróticas, etc... Pero para ninguna de ellas se ha encontrado aún, que yo sepa, fármacos sustitutivos. En cambio, en algunas debilidades mentales y Downs, psicoanálisis orientados concibiendo la estructura como Real, Simbólica, Imaginaria, y funcionante en discursos, han generado condiciones para lograr que dispongan mejor de sus dotaciones simbólicas en la medida que las poseen, y para ayudar a los familiares a usufructuar más ampliadamente de sus propias dotaciones simbólico imaginarias para colaborar con los discapacitados.

El psicoanálisis ha dotado cada vez más y mejor su espectro de sus herramientas y como consecuencia, del tratamiento de los trastornos en que las aplica. La fijación del encuadre a normativizaciones, consecuencia de la inmadurez de la práctica, la sobrevaloración de normas en el intento de hacer del psicoanálisis una práctica científica regida como las ciencias “duras” por epistemologías de corte neo positivista, y el dominio obsesivo en la mayoría de sus escuelas, le fijó límites al psicoanálisis que no respondían a lo imposible, sino a la impotencia a que dichas decisiones someten. En ese contexto, afirmaciones como las de: “Analía Dattone,[2] quien se especializa desde hace unos años en terapia cognitiva-conductual: "hay pacientes que pueden ser analizados, pero otros requieren una abordaje completamente diferente. No siempre es necesario enfocar los síntomas formando parte del sujeto, como ocurre en el psicoanálisis. A veces enfocar únicamente los síntomas brinda respuestas más concretas y rápidas, que es lo que algunas personas necesitan" podrían tener asidero. Pero gracias a la irrupción de analistas como Ferenczi, Winnicott y principalmente Lacan y de condiciones sociales que obligaron a experimentar otras relaciones entre psicoanálisis y encuadre, nuestra práctica ha ampliado su campo de aplicación a: las psicosis de diferente índole y a la intervención sobre diferentes anudamientos de los distintos registros en diferentes lazos sociales. Dependiendo de las circunstancias, a veces lo hace sólo sobre síntomas y otras llega a trabajar sobre el campo de la causa de cada sufrimiento psíquico. A diferencia de la medicina, el psicoanálisis no apunta a eliminar los síntomas y volver al estadio previo a la desestabilización de la índole que fuera, sino a trabajar el síntoma, ponerlo en forma, para que re-anude, de la manera más adecuada a su castración, la estructura del consultante. Pone al caballo, delante del carro y no a la inversa, como profesionales tipo Abdala o Dattone.

No hay que rechazar sistemáticamente las medicaciones. Desde una elaboración estratégica y táctica, cada psicoanalista debe decidir sobre la conveniencia o no de utilizar psicofármacos y convocará o no al psiquiatra. Mutatis mutandis, los psiquiatras deberían proceder igual y muchos lo hacen. Freud planteó desde sus escritos sobre técnica, que no se puede analizar alguien desbordado por la angustia, tampoco, a quien no sienta las señales de la angustia o no se haya instalado en la transferencia, en suponerle al analista que sabrá hacer con los relatos sobre sus padecimientos, para lo cual tendrá que entrar en posición de preguntarse sobre su contribución a los mismos. Las medicaciones pueden ser necesarias para acotar la angustia o para mover del negativismo a un psicótico.

Ha llegado el momento de que surjan psicoanalistas, y algunos ya surgieron, dispuestos a intercambiar información y trabajar trans disciplinariamente, o sea, no para la ilusión de sumar, sino de dialogar y experimentar con neurobiólogos y genetistas (aquellos que se avengan), para combinar las prácticas combinables, con el objetivo de mejorar la incidencia terapéutica sobre los enfermos. La advertencia de Freud sobre los malos resultado del furor curandis y la respuesta de Lacan a las estudiantes de Letras sobre que la psicoterapia conduce a lo peor no deben ser tomadas como aforismos mono sémicos, sino como enunciaciones que sitúan la función básica del psicoanálisis que puede llevar a los analizantes hasta retrabajar sus imposibles (lo que no cesa de no inscribirse) analizando los síntomas que no cesan de escribirse, necesarios, hasta poder arribar a la contingencia que se escriba algo aún no escrito, resolver algo no resuelto. Distinto de las psicoterapias que pretenden eliminar lo necesario, los síntomas, dejando intacta la estructura. Lo que genera el desaprovechamiento del anudamiento y de las potencialidades que como objeto, tiene el hablante en los “flashes” de sus efecto sujeto. Psicoanalizar “reformatea” dicha estructura.

Algunas experiencias. 1974: Rituales impotentizaban a alguien que necesitaba imperiosamente trabajar. Había empezado a formarme como psicoanalista, pero usaba aún mucho de lo practicado en psiquiatría. Más, si me hallaba ante urgencias. Le di ansiolíticos a altas dosis. Cedieron los rituales y emergió un nivel de angustia paralizante. Cualquier prospecto de laboratorio lo hubiera descrito como reacción paradojal. Mis herramientas de psicoanalista, aún escasas, me facilitaron interpretarlo desde el punto de vista económico. El apaciguamiento del goce de los rituales por efecto de la medicación, transformó libido en angustia. Antidepresivos pueden facilitar suicidios por recupero de energía que pasa a ser utilizada con ese fin. La Clozapina puede interrumpir alucinaciones, pero generar una sensación de vacío subjetivo que estimule ideas suicidas.

Psicoanalizar diversamente, precipitaciones diferentes del malestar en la Cultura.

En las primeras entrevistas y a veces en muchas más, o ante sorpresas en el decurso de un análisis, se nos presenta la necesidad de reubicarnos, de redefinir qué hacer para sostenernos en la posición necesaria como psicoanalistas, para llevar a buen puerto la cura. ¿Cómo podemos definir cómo se expresa, y desde qué posición y límites dicho malestar? A partir de ahí: ¿cuál puede ser la estrategia y las sucesivas tácticas para incidir sobre dicha posición y discurso? A través de lo que nos vayan indicando, preeminencias de registros, desanudamientos y reanudamientos, tránsitos por diferentes lazos sociales y posiciones dentro de cada uno de ellos en relación con sus síntomas y su hacer con éstos. Lo inconsciente, presionado por los reales del o los consultantes, forma las letras y los nuevos significantes que atraviesan los enunciados (imaginarios) Condición necesaria, aunque no siempre suficiente, para horadar dichos reales. Lo que no deja de desprender nuevos reales, nuevos: fuera de significados. La respuesta se nos precipitará si logramos observar los detalles que nos transmiten las relaciones que como objeto “a”, tiene eso que se nos presenta hablando, haciendo gestos, actuando, y articulado a cada registro desde su atrapamiento en un nudo que está fallando como sostén.

Defino lo tratable y sus condiciones de posibilidad para psicoanalizarlo, a partir de responderme sobre qué tiene que trabajar un analista: Sobre la precipitación de alguna/s de las formas del malestar en la Cultura, en algún punto de calce entre registros y en determinada circunstancia (modo y tiempo) de la lógica por la que transcurren el o los, atrapados en dicho aflojamiento del anudamiento. Dicha precipitación se distingue por repetir displacenteramente: tipo, forma de discurso, y posicionamiento.

Precipitada esa pregunta, nos conducirá. No hay que proponer automáticamente a la gente entrar en un análisis personal, tampoco automáticamente proponerle un grupo, familia o pareja. Incluso en medio de un análisis puede ocurrir que uno decida hacer ingresar al consultorio a otra persona o personas, por alguna razón en particular. Como precipita el malestar en la cultura, en qué y cómo es aguja y cuadrante de nuestra brújula. Situarnos ante qué precipitación de dicho malestar estamos, y entonces, cómo trabajamos con eso. Si pensamos así, el objeto no se define por su envoltura personal, sino por cómo y a través de quién o quienes se presenta la precipitación traumática del malestar. Traumática porque el objeto en falta, empuja a buscar análisis desde su cara real.

Mi hipótesis[3] es qué: lo radical del "a" y de su pérdida, -tanto como posición propia como la del o lo otro-, es: poder. Significante sin sentido, sólo precipitación esencial de lo que podría ser verbo, adverbio, sustantivo o adjetivo. Poder a secas, sin sujeto, sin predicado. Abierto a toda su plurisemia que dependerá de su combinación con otros significantes. De su carácter de acción, deviene lo no especularizable del objeto "a"[4]. Dice Lacan: "Mi S1 sólo tiene el sentido de puntuar ese cualquier cosa, ese significante -letra que yo escribo S1, significante que sólo se escribe, si se lo hace sin ningún efecto de sentido. Resumiendo, es lo homólogo de lo que acabo de decirles del objeto "a". Finalmente, cuando pienso que me he divertido un rato haciendo un juego entre este S1 que yo había llevado hasta la dignidad del significante 1, que he jugado con este Uno y con el "a" anudándolos por medio del número de oro, ¡esto vale mil![5]". Luego lo imaginario, lo irá encarnando en vestiduras de la propia persona, de los otros, en la cúpula del aparato del estado, de las fuerzas armadas, de las corporaciones o de cualquier organización artificial de masas (incluidas las psicoanalíticas), en algún Dios, en los fenómenos naturales, etc. Y siempre se presentará perdido o cuando menos insuficiente por efecto de la castración fundamental, la del lenguaje. El deseo, causado por el objeto poder perdido y nunca tenido, se sostiene en el fantasma, que de alguna manera promete recuperarlo. El deseo, siempre es de: poder.



[1] www.televerdades.com del 25 de setiembre del 2005 (Viva: 18 de septiembre 2005)
[2] Diario El Día de la ciudad de La Plata
[3] Ver: www.psyche-navegante.com 69
[4] Cito porque estimo relacionable este planteo con el siguiente enunciado de Lacan: “... sucede que el objeto a puede trocar su lugar con el significante amo, puede sustituirlo en el lugar seudo rector, y desde allí funcionar como debe funcionar el analista. El analista funciona en el análisis como representante del objeto a; a fin de cuentas no es seguro que yo mismo capte incluso todo el sentido de esta fórmula, pero estoy convencido de que tal es, efectivamente la manera que eso tiene de escribirse, y esto es lo que expresan exactamente los cuatrípodos que designan el discurso del amo y el discurso analítico.” En: Sobre la experiencia del pase –3 de noviembre de 1973- Publicado en Ornicar? El saber del psicoanálisis (en castellano)
[5] Lacan: La Tercera de Roma